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Tras el escándalo que debió enfrentar Facebook por robar datos a 87 millones de usuarios mediante encuestas truchas para luego vendérselos a políticos de derecha, la empresa anunció que evaluará las noticias publicadas por medios de comunicación y suprimirá las que no considere creíbles.

La red social Facebook implementó un sistema que mide la credibilidad de los medios de comunicación y promueve o suprime determinados contenidos posteados basándose en esa medición, con la intención de eliminar las noticias falsas.

El fundador y CEO de la red social, Mark Zuckerberg, anunció esta medida en el marco de una reunión con editores de diferentes medios de comunicación de EEUU, entre los que se encontraban The New York Times, CNN, The Wall Street Journal, BuzzFeed News y The Atlantic, entre otros.

Zuckerberg señaló que la compañía recolecta información en cuanto a “cómo los consumidores perciben nuevas marcas pidiéndoles que identifiquen si han visto varias publicaciones suyas y si confiaban en ellas”.

El anuncio del magnate generó duras críticas entre los editores, que denunciaron el riesgo de que Facebook se transforme además en el gran manipulador de la credibilidad de los medios según sus criterios.

“Ingresamos estos datos en el sistema para que funcionen como un promotor o inhibidor de las publicaciones. Creemos que tenemos una responsabilidad para ir más allá de la polarización para encontrar un punto intermedio”, afirmó Zuckerberg, al tiempo que precisó que la compañía invertirá miles de millones de dólares en una combinación de inteligencia artificial y decenas de miles de moderadores humanos “para mantener a raya tanto a las noticias falsas como a la propaganda deliberada, especialmente en época de elecciones”.

O sea que Facebook, el gran ladrón corporativo que incurrió en más de una oportunidad en robos de datos masivos, y salió de la situación pagando una multa, se convierte ahora en vigilante ante los ojos impotentes del Estado y de las organizaciones de la sociedad civil que defienden los derechos de la ciudadanía a la privacidad y a un acceso irrestricto a la información veraz.

A falta de leyes que protejan los derechos de la ciudadanía a ser informada, las propias corporaciones, las mismas que vigilan y roban datos a la gente para luego venderlos a quienes organizan campañas de manipulación y lavado de cerebros, se encargan ahora de controlar la calidad y veracidad de las noticias. Y podrán eliminarlas si las consideran poco confiables, de acuerdo a sus propios criterios.

El más reciente escándalo ocurrió a fines de marzo, cuando se reveló que, una vez más, la red social más famosa del mundo hizo un uso indebido de los datos de sus usuarios y violó las políticas de seguridad que se había comprometido a cumplir tras el anterior escándalo, ocurrido en 2011.

Facebook vendió datos personales de millones de estadounidenses, con fines políticos, al equipo de campaña de Donald Trump, a quienes apoyaron el Brexit en el Reino Unido, y a otros dirigentes de derecha y ultraderecha.

La filtración de los datos de los usuarios supuso una violación a la privacidad de Facebook, con graves implicancias en la política de EEUU, teniendo en cuenta que Trump había contratado los servicios de la consultora británica durante su campaña de 2016 y que Cambridge Analytica habría utilizado un software para engañar a los usuarios de la red social y luego influir en la decisión de los votantes.

Accionistas de Facebook demandaron a la empresa en San Francisco por haber hecho “afirmaciones objetivamente falsas y que llevaban a error” sobre su política de privacidad. Y el cofundador de WhatsApp, Brian Acton, se sumó públicamente a una campaña para que las personas borren sus cuentas de Facebook. WhatsApp es propiedad de Facebook desde 2014, cuando la red social invirtió 22 mil millones de dólares para comprar el servicio de mensajería.

Por eso ahora Facebook, acaso con un poco de cinismo, pretende solucionar el problema de las noticias falsas convirtiéndose en una suerte de organismo de control de la calidad periodística de lo que producen los medios.

En junio de 2016, el equipo de campaña de Trump contrató a la empresa Cambridge Analytica y pagó más de seis millones de dólares por sus servicios, que consistían en ofrecerle millones de datos personales de usuarios de la red social con fines electorales.

Entre los inversores en Cambridge Analytica están el ex estratega jefe de Trump y ex jefe de su campaña electoral en 2016, Steve Bannon, y un destacado donante republicano: Robert Mercer.

Pero Cambridge Analytica no superó el escándalo y esta semana anunció “el cese inmediato todas las operaciones” y el inicio de “un procedimiento de insolvencia”.

“A lo largo de los últimos meses, Cambridge Analytica ha sido objeto de numerosas denuncias injustificadas y, pese a los esfuerzos de la compañía para corregir esa información, ha sido vilipendiado por realizar actividades que no sólo son legales, sino también ampliamente aceptadas como un componente estándar de la publicidad online, tanto en el ámbito político como en el comercial”, afirmó la empresa en un comunicado publicado esta semana en su página web.

La consultora anunció también que en breve anunciará una bancarrota para su central en Londres y sus filiales en EEUU. En marzo pasado, Christopher Wylie, uno de los fundadores de Cambridge Analytica, denunció que esa consultora había utilizado de manera ilegal la información de 50 millones de usuarios en Facebook.

Cuando el escándalo tomó dimensión global, esa red social reconoció que la consultora británica había accedido a la información personal de al menos 87 millones de usuarios y la había utilizado para crear perfiles de votantes e influenciar directamente sobre campañas electorales.

Según informó Página|12 en su edición del 3 de mayo, en una cámara oculta, el entonces director de Cambridge Analytica, Alexander Nix, reconoció que trabajó en elecciones en países de todos los continentes, incluyendo EEUU, Reino Unido, Argentina, Nigeria, Kenia y República Checa.

El engaño consistía en una aplicación que ofrecía un servicio de predicción de la personalidad con fines académicos, que fue descargada por unos 270 mil usuarios de la red social. Estos dieron su consentimiento para que la aplicación accediera a su información personal y a la de sus contactos, algo que estaba permitido por Facebook.

De esta manera, cualquiera que completaba la encuesta abría la puerta de acceso a los datos de en promedio unos 160 usuarios más, con lo que el universo alcanzado por la aplicación se amplió a casi 87 millones de personas, entre ellos 70 millones de estadounidenses. Estos datos se usaron para desarrollar un software para predecir las decisiones de los votantes estadounidenses e influir en esas decisiones.

Una nueva herramienta para borrar el historial

Facebook anunció esta semana que permitirá a los usuarios saber qué páginas web y aplicaciones envían sus datos identificativos a la red social, eliminar esa información asociada con sus cuentas e impedir que se continúe almacenando en un historial de navegación.

La empresa informó que estas operaciones, que apuntan a resguardar la privacidad, se podrán realizar mediante la herramienta “Borrar Historial” (en inglés “Clear History”) que estará disponible “en unos meses”, según adelantó Zuckerberg, en la conferencia anual de desarrolladores  que se celebró esta semana en San José (California).

A diferencia de otros años, cuando habló de realidad aumentada, virtual, o inteligencia artificial en la apertura de la conferencia anual, Zuckerberg se centró en repasar las medidas que ha tomado la plataforma para mejorar su gestión de la privacidad.

“Será una simple herramienta de control para borrar tu historial de navegación en Facebook: en qué has hecho clic, los sitios que has visitado, y más”, describió el empresario, que señaló además que mientras testificaba ante el Congreso de EEUU por la polémica de Cambridge Analytica se dio cuenta de que no tenía “suficientes respuestas claras” a algunas preguntas sobre los datos de los usuarios, y por eso busca dejarles claro el control que pueden ejercer.

Fuente: El Eslabón.

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