La comediante presenta su primer unipersonal en Rosario “Genia Capa Bueno Chau”, y reflexiona sobre un género que “sin máscaras ni disfraces y en primera persona”, a veces encuentra “de forma misteriosa” el contacto con el público y así despierta de golpe la risa. El fenómeno en las redes sociales.

Como parte de una nueva generación que se expresa mediante el stand up, Laila Roth también lo hace desde la experiencia íntima. Nació en la localidad santafesina de Ceres, vivió en Rosario, y hoy está radicada en Buenos Aires. Antes, hizo teatro y clown, pero la flexibilidad de un género “sin máscaras ni disfraces”, la apasionó. Cuenta que el stand up no es meramente una descripción de sucesos cotidianos que se reflejan en “tal cual, a mí me pasó”, como satirizó Diego Capusotto en la tevé, sino más bien se relaciona con las identificaciones humanas.

Luego de compartir proyectos con otros comediantes y de presentarse en variados escenarios, como su intervención en el festival porteño Ciudad Emergente y en Tecnópolis, Laila Roth lanza en Rosario su primer unipersonal “Genia Capa Bueno Chau”, este sábado 26 de mayo, en el Centro Cultural La Nave, San Lorenzo 1383.

—¿Hace cuánto que subís a los escenarios para contar historias y hacer reír?
—Empecé en 2010. Yo vivía en Rosario y me fui a Buenos Aires porque conseguí laburo en una oficina, y allá empecé a hacer stand up. Los primeros tres años los hice como un hobby, en contra horario, y como nadie de clase media se murió de hambre por seguir sus sueños, yo pude seguir los míos. Así que dejé el trabajo en la oficina y comencé a dedicarme solamente al stand up.

—¿Qué encontraste en este formato?
Yo siempre hice teatro y clown. El stand up es muy económico de producir. Es una persona, un micrófono, una luz y la audiencia. Por otro lado, se maneja por bloques, entonces yo puedo dar un show de una hora o de quince minutos, lo que me permite juntarme con otros comediantes y hacer tipo varieté. Es muy flexible el stand up. Lo otro interesante es la posibilidad de hablar en primera persona: la cosmovisión propia del mundo. En el stand up no hay arte escénica, hay comunicación. Hay una persona hablándole a un público, me parece interesante que no haya máscaras ni disfraces.

—¿Hay un stand up argentino?
No sé, creo que cada comediante tiene su estilo. Lo que pasó en Argentina es que antes había monólogos. Podríamos decir que stand up es como una resignificación. El público, de todas formas, no diferencia muchas veces uno de otro porque te dice que (Juan) Verdaguer también contaba chistes. Y está todo bien, yo no soy una purista, este género tiene una etiqueta y bueno, la tiene. Hay comediantes que están hace diez o quince años y se empiezan a ver varios estilos, y no sé si corresponde a stand up criollo, sino que tiene que ver con los universos de cada persona, por cómo están atravesados y porque también los marca el hecho de vivir acá y ser argentinos. Tampoco hay un solo ser argentino, tenemos cosas diferentes. El stand up en Argentina es un género que tiene 20 o 25 años, y en Estados Unidos tiene unos 70 años.

—Hace un tiempo contabas que te abriste una cuenta en Instagram y que te costaba hacer una intervención en un un minuto. ¿Te sigue pasando? ¿Tu fuerte es lo presencial?
—Yo soy re choricera para hablar. Lo qué puedo decir en un minuto, también lo podría decir en cinco minutos con más detalles, y tal vez podría hacer una película de una hora con eso. Yo igual necesito tiempo pero hay que adaptarse a otros formatos. Muchos usamos Instagram como plataforma de contenidos pero no deja de ser una red social, hay mucha interacción inmediata, algo que no sucede tanto en Youtube, por ejemplo, donde se comenta menos. En Instagram se da esto de: lo veo, me río, o no me río, y lo descarto. Está esa interacción. Claro que actuar en vivo es otra cosa, verle los ojos al público es diferente a que te pongan “jaja” en un comentario. Creo, igual, que me adapté bastante a Instagram, sólo que a veces me aburro.

—Hablando de las redes, afirmaste hace un tiempo en Facebook que tu mamá es muy graciosa cuando no intenta serlo, y cuando se lo propone es muy malvada ¿Que tiene que ver ella y tu familia con este camino que encaraste?
—En particular yo hago un humor super auto referencial. Para mí el stand up tiene que ver mucho con el psicoanálisis, así que claramente hablo un montón de mis padres. Creo que soy gracias y por culpa de ellos. De todo hablo, pobre madre.

—Sos oriunda de Ceres, al norte de Santa Fe. ¿Pintás tu aldea en los espectáculos?
—Cuando empecé a hacer stand up hablaba un poco más de Ceres porque hacía menos tiempo que me había ido. Pero aún hoy me pasa en Buenos Aires que la gente me dice: “Vos no sos de acá, sos del interior”. Hay algo que yo no me doy cuenta pero tengo un tempo diferente, no es muy consciente, tal vez sea que no digo ninguna «s». Antes sentía más el contraste. Igualmente, hace ocho años años que estoy en Buenos Aires y no soy porteña, pero me empecé a sentir menos ceresina si se quiere, re feo lo que estoy diciendo (se ríe). Pero me resulta muy difícil hablar de lo que pasa en un pueblo cuando no vivo allá hace 15 años. Pero sí era divertido lo que le pasaba a un porteño cuando sabía que no eras de la ciudad.

—En tus espectáculos hablas de vos, de tu cuerpo, y de tu descendencia judía, entre otras experiencias íntimas. ¿Se contrapone esto a esa tendencia del género a la identificación de lo cotidiano?
—Pienso que hay una mentira entre comillas, para mí la identificación a veces trabaja de manera misteriosa en el sentido que no necesariamente tiene que aparecer el “tal cual, a mí me pasó”, pero sí puedo reconocer ese sentimiento humano. Por ejemplo, en este unipersonal estoy contando algunas mentiras que dije en mi vida, y probablemente vos no hayas dicho esas mentiras que dije, son mentiras mías, pero podés reconocer la vergüenza de decir una mentira, o reconocer lo que sentirias vos como ser humano viviendo una situación así.
No solamente hablar de uno implica estar hablando de todos, digo, no dejo de ser una persona que naturalmente vive en un mundo muy parecido al resto.

Reírse de uno mismo

Laila Roth estudió clown en Rosario y Buenos Aires. Cuando empecé hacer stand up era todo muy mental, como que lo separaba del clown. Hasta que me dí cuenta que yo era la payasa y comencé a mezclar. Entendí que eran facetas mías y que había que juntarlas. Hay algo que está bueno del stand up. Si uno habilita reírse de sí mismo, lo puede hacer con montones de cosas. Y uno al principio dice “tengo que ser inteligente, audaz, tengo que ser Les Luthier”, y la verdad que ellos también son payasos, entonces como que no existe el humor inteligente: yo digo, hacé toda la pavada que puedas, ridiculizate, vulnerabilizate, que eso es mucho más interesante”.

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