En un polémico mensaje por el Día del Periodista, el presidente Mauricio Macri habló de la existencia de “una nube tóxica de noticias falsas que buscan confundir, enojar”, que “esconde en todos los casos objetivos políticos”.

Macri publicó el mensaje en las redes sociales, pero el texto más extenso se puede leer en facebook bajo el título “Verdad”. En twitter, con el mismo titular, es más escueto: “Día del Periodista: nunca la verdad fue tan importante”.

En su cuenta de facebook, el mandatario se despachó a gusto respecto de lo que considera “una atmósfera noticiosa permanente que nos sigue donde sea que estemos”, como si fuera un ciudadano cuyos actos no tuvieran relevancia alguna.

Pero lo más discutible de sus expresiones surgen cuando señala, en referencia a la “atmósfera noticiosa”: «Este ámbito ha creado también una nube tóxica de noticias falsas que buscan confundir, enojar, angustiar y hasta conmocionar a la opinión pública. El sabotaje a la verdad esconde en todos los casos objetivos políticos. Es un mal dañino como una enfermedad infecciosa».

Con ese tramo de su mensaje, Macri parece desconocer –o simula hacerlo– que el porcentaje de medios que encubren la verdad es abrumador, y que esos medios constituyen un blindaje en derredor de su gestión que impide que la información circule con la amplitud normal, que permitiría a millones de personas conocer determinadas noticias que son escondidas por el dispositivo de medios hegemónicos.

Las «noticias falsas» a que hace alusión Macri, aunque no las precisa, seguramente tienen que ver con el descomunal descuento que el Correo –en manos de su familia– pretendía lograr en perjuicio del Estado que él mismo administra.

O acaso pretende que las pocas voces que señalan las cuentas off shore que poseen él y buena parte de los ministros de su Gabinete constituyen esa “nube tóxica de noticias falsas”.

Cuando el jefe de Estado indica que el “sabotaje a la verdad esconde en todos los casos objetivos políticos”, no miente, sólo redirecciona el sentido de esa premisa y la reconvierte hasta victimizarse, cuando en realidad lo que ocurre es lo contrario: los medios, a partir de la sociedad que se celebra día a día con su Gobierno, arman una agenda de falsedades en la que se desmoronan una noticias tras otras, según se va conociendo su carácter mentiroso y prefabricado para demonizar al adversario político.

Que precisamente el Día del Periodista, en medio de un panorama de despidos, vaciamiento de los medios públicos y cooptación de la inmensa mayoría de los privados el Presidente hable de “noticias falsas que buscan confundir, enojar, angustiar y hasta conmocionar a la opinión pública” parece más una confesión que una advertencia.

Nunca como bajo su mandato se atropelló el libre ejercicio del oficio periodístico en la despiadada forma en que lo hizo desde el primer minuto, cuando le pasó por encima con una topadora a la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual.

Nunca se vieron funcionarios como los designados por Hernán Lombardi en los medios públicos perseguir ideológicamente a periodistas, practicando el espionaje en las redes sociales para detectar las opiniones o preferencias políticas de los trabajadores de prensa, según la cuales luego eran despedidos.

El salvaje ataque a medios que no tienen una línea editorial afín a su Gobierno es un rasgo de su administración que ya no discute en serio más que algún trasnochado fanático o quienes reciben monumentales pautas para comprar sus opiniones.

Los batallones de trolls que el jefe de Gabinete conduce para que operen en las redes sociales, viralizando falsedades que en ciertas ocasiones generaron en el público reacciones desaforadas, como cuando hora a hora se mencionaban los lugares adonde se había visto con vida a Santiago Maldonado, mueven a la más legítima indignación.

Macri hace gala de un inusual cinismo en el ámbito público cuando pregona que «de la misma manera que ha sucedido en otros países, parece que una de las mejores barreras de protección que podemos utilizar contra el engaño es el periodismo profesional”. Basta ver las entrevistas que concede a tipos como Luis Majul para preguntarse si a eso denomina “periodismo profesional”.

“Las técnicas y los protocolos que el periodismo profesional ha desarrollado por más de un siglo son ahora un mecanismo público para disponer de algún camino para llegar a la verdad. Hoy la credibilidad periodística es un valor indispensable para la opinión pública», sentenció Macri, olvidando que Clarín, La Nación, Infobae, el canal América, y muchos otros medios, practican lo que uno de los editores del primero de los mencionados –Julio Blanck– confesó que se trataba de “periodismo de guerra”, sólo que en este tramo de la historia argentina lo hacen desde la tibia trinchera del oficialismo.

Cuando la mayoría de los medios reproducen escuchas telefónicas que no tienen orden judicial para ser realizadas, material que esos medios reciben de manos de los servicios de inteligencia que comanda el titular de la AFI Gustavo Arribas, el procesado amigo del Presidente, ¿se estarán cumpliendo “las técnicas y los protocolos que el periodismo profesional ha desarrollado por más de un siglo”, y que representan “ahora un mecanismo público para disponer de algún camino para llegar a la verdad”?

Como bien recuerda el sitio de noticias El Destape Web, “una de esas falsedades fue la muerte de un policía de la Ciudad por el enfrentamiento con manifestantes que llegó a ser afirmada por la periodista ultraoficialista Silvia Mercado en Crónica TV”, algo que nunca existió.

La tremenda hipocresía exhibida por Macri en este Día del Periodista debe ser refutada con un ejercicio pleno del periodismo, con información veraz, con opinión afirmada en esa información, sin temor a ser expresadas, una y otra, desde las convicciones políticas que todos tienen pero que algunos, en nombre de una independencia inexistente, esconden y camuflan.

El periodismo, en la Argentina y en muchos lugares del mundo, por no decir en todos lados, nació militante. Y ni siquiera los más acérrimos enemigos de Mariano Moreno se animaron a denostarlo por esa condición, como las corporaciones periodísticas y los sectores políticos antinacionales lo hicieron con muchos trabajadores de prensa antes de diciembre de 2015. y aún persisten en hacerlo.

Si, como afirma Macri, “la credibilidad periodística es un valor indispensable para la opinión pública”, en esta dramática coyuntura se está viviendo lo contrario: una opinión pública privada de su libertad, encarceladas sus opciones de informarse libremente por un apabullante dispositivo de medios que han elegido desinformar, no informar y, si le resulta necesario al polo de poder hegemónico, incluso mentir desfachatadamente. Ese descaro no será eterno. Que lo sepan Macri y sus portavoces.

Texto completo del saludo presidencial por el Día del Periodista

“Día del Periodista

NUNCA LA VERDAD FUE TAN IMPORTANTE

Los cambios tecnológicos produjeron en los últimos años la más grande revolución de la historia de los medios. Es un desafío a todo lo conocido. La información ahora está disponible por innumerables fuentes y formatos, en tiempo real, distribuida por las plataformas del siglo XX (medios impresos, radio y televisión), pero mucho más por la web, las redes sociales y los mensajeros.

Nos rodea una atmósfera noticiosa permanente que nos sigue donde sea que estemos.

Este ámbito ha creado también una nube tóxica de noticias falsas que buscan confundir, enojar, angustiar y hasta conmocionar a la opinión pública. El sabotaje a la verdad esconde en todos los casos objetivos políticos. Es un mal dañino como una enfermedad infecciosa.

De la misma manera que ha sucedido en otros países, parece que una de las mejores barreras de protección que podemos utilizar contra el engaño es el periodismo profesional. Las técnicas y los protocolos que el periodismo profesional ha desarrollado por más de un siglo son ahora un mecanismo público para disponer de algún camino para llegar a la verdad. Hoy la credibilidad periodística es un valor indispensable para la opinión pública.

Por eso, en el Día del Periodismo, quiero saludar con agradecimiento a todos los profesionales argentinos comprometidos con los hechos fehacientes, la información verificada y la ecuanimidad.

Nunca la verdad fue tan importante.

¡¡¡Feliz día, periodistas!!!”.

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