El abogado y doctor en Ciencias de la Información, Damián Loreti, es una voz calificada para analizar la situación de los medios de comunicación del país. Fue director de la Carrera de Ciencias de la Comunicación (2002-2006), vicedecano (2006-2010) de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires (UBA), e impulsor de los 21 puntos por una radiodifusión democrática que formaron la base para la elaboración de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, de la cual fue uno de sus redactores. El pasado viernes 7 de junio, estuvo en la ciudad para participar de la actividad por el Día del Periodista, organizada por el Sindicato de Prensa Rosario (SPR), y tras cerrar el panel que compartió junto a la subdirectora de la Defensoría del Público María Capurro Robles y el vicepresidente del Foro Argentino de Radios Comunitarias (Farco), Daniel Fossaroli, dialogó con el eslabón sobre el impacto de las políticas impulsadas por Mauricio Macri para el sector. “Hay una tensión mundial entre la liberalización de los servicios culturales o las regulaciones de protección”, explicó a la hora de inscribir en qué paradigma se inserta el actual gobierno nacional.

¿Se puede decir que la Ley de Medios fue completamente desarticualda?

—Hay mucho que está en funciones, que se sigue haciendo, que no se ha perdido y sigue siendo una base. Claro que no puede pensarse esto aislado de otras cuestiones, como el endeudamiento, las retenciones, la reforma previsional y otro montón de cosas. Pero en ese contexto, no todo está borrado. Los que están desarticulados son algunos artículos de la ley. Habría que ver qué pasa cuando se vaya este gobierno y venga otro, de otro signo. Cómo se restituyen espacios, sobre todo de control de concentración, tanto en materia de licencias como en monopolización de contenidos. Hay cosas que será muy difícil replantearse, pero nada es literalmente imposible.

¿Cómo es que algo que costó tanto lograr se pueda destruir tan rápido?

—Hay que tener en cuenta cuestiones como las que suele decir Maradona, que el de enfrente también juega, y que no todos los goles que nos hacen son culpa nuestra. De esto hay un poco y un poco. Porque es cierto que hay cuestiones que se debieron haber hecho y no se hicieron, como los concursos con mucha mayor anticipación, por mencionar un ejemplo. Pero no se debe dejar de entender que hubo una lucha de poder.

Vos planteás que hay cuestiones que siguen siendo una base, que están y no se han perdido, ¿cuáles son?

—¿Qué digo que está consolidado?, a diferencia de lo que pasó en el menemismo, que las leyes se usaron para concentrar todavía más y no había nada enfrente, acá ahora hay un movimiento de radios comunitarias consolidado. Con muchísimas dificultades, que lo quieren estrangular, es cierto, pero existe. Las emisoras cooperativas que antes no existían en los ‘90 y que ahora existen. Las emisoras universitarias que hoy existen. Por eso, parte de la apuesta es consolidar, aún en este marco, estos espacios y los medios públicos de comunicación. No pasamos por alto lo que pasa en Radio Nacional, por ejemplo, pero hay que revalorizar y defender esos espacios.

¿Cómo describís el modelo de comunicación del gobierno?

—Como lo definió el ministro de Comunicación al poquito tiempo de asumir: «Esto se trata de un negocio». El gobierno no tiene ninguna vocación de cumplir obligaciones internacionales vinculadas al pluralismo y la diversidad. Hay que entender que hay una tensión mundial entre la liberalización de los servicios culturales o las regulaciones de protección. Es lo que los europeos están haciendo con las plataformas denominadas OTT (Over-The-Top), como Netflix, Hulu, etcétera. Están por hacer una directiva que corrija la que está vigente desde 2010, que se afinca a los mismo principios que la Ley de Medios argentina, la misma que está desarticulando el gobierno.

Pero en cambio ¿qué hizo el gobierno apenas asumió?: sacó al cable y hoy quiere sacar al satélite de las reglas de protección de servicios audiovisuales y culturales para meterlas dentro de las reglas de liberalización de la Organización Mundial del Comercio (OMC). Por eso no hay control de concentración, salvo en temas de defensa de la competencia. Por eso se perdieron hoy los espacios mínimos de cuota nacional.

Uno de los rasgos sobresalientes de esta nueva etapa que describís, es la fusión de Telecom con Cablevisión-Clarín. ¿Qué riesgos implica ese proceso de profundización de concentración?

—Yo te diría que a ese riesgo de mayor concentración con esta fusión, hay que sumar otro: si llegan a sacar esta famosa ley corta, que viene con un articulito para sacarle a Arsat la frecuencia que tiene. Esta ley corta es una especie de compensación emergente de la visita de (Mariano) Rajoy (el ex presidente de España recién destituido por corrupción), que es darle a Telefónica la posibilidad de hacer lo mismo que hacen hoy las fusionadas Telecom-Clarín, pero como no tiene el tendido de red que tiene Cablevisión, se la van a permitir reemplazar por un satélite. Y en eso también entra Claro. El tema es que le habían dado todo a un grupo económico, pero los otros saltaron, vino el lobby y ahora quieren ver cómo les hacen lugar. Por Telefónica vino el reclamo del gobierno de España. Cuando dejaron afuera a DirectTV, el que reclamó fue del presidente de EEUU y así modificaron esas reglas.

Los “escuchados” son siempre grandes corporaciones locales o internacionales, pero a los medios cooperativos no les dan ni la hora…

—Al Foro Argentino de Radios Comunitarias (Farco) para nada les dan esa entidad. Te digo más, el presidente de Canadá pidió por Milagro Sala y no fue escuchado.

Otra cuestión es la tremenda ventaja que ahora tienen esos tres actores (Clarín-Telecom, Telefónica y DirectTV) que te mencioné, frente a los cableoperadores medianos y pequeños del interior. A esto hay que sumarle el manejo del fútbol. En ese sentido se presenta un esquema de ahorcamiento como el de la década del 2000. Y mayor concentración, porque esas empresas no pueden competir.

¿Cómo impacta este proceso de concentración en los contenidos y en el trabajo periodístico?

Por un lado, se da un proceso de homogeneización de contenidos, pero hay otros actores a los que les interesa más que los contenidos, el dinero y la configuración de ser un espacio de poder fáctico.

En estos últimos casos, lo que tienen es un campo adherido de dominio, como Claro o DirectTV o Telefónica, ahí hay más una cuestión de constitución de factores de poder que de ideología.

Frente al nuevo escenario tecnológico, y en el marco de este proceso de liberalización, el problema es la concentración, no la tecnología en sí. Con relación al trabajo, todo esto fundamentalmente redunda en una cada vez mayor precarización, que a la vez termina generando proceso de autocensura y de mayor flexibilización laboral.

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