Donald Trump dispuso que las niñas y los niños de los inmigrantes indocumentados sean separados de sus progenitores y encarcelados entre rejas, en barracones de Texas. Ante el repudio que despertó la medida, tuvo que dar marcha atrás, pero reafirmó su política de fronteras cerradas.

Niñas y niños padeciendo dentro de jaulas instaladas en grandes barracones. Se escuchan llantos. Sobre el piso hay ropas desordenadas, envases de comida, y papel metalizado que hace las veces de mantas. Es similar a los lugares donde mantienen detenidos a los acusados de terrorismo en Guantánamo. Es como un campo de concentración.

Una niña intenta consolar a otra, algo más pequeña, que llora pidiendo por su madre. Antes de eso, la misma pequeña le enseñó a otra a cambiarle los pañales a un bebé. Escenas como estas ocurrieron en Texas, EEUU, con total impunidad.

En apenas seis semanas, entre abril y fines de mayo, más de 2.300 niñas y niños, menores de edad, y hasta bebés en pañales, fueron separados de sus familias al intentar ingresar clandestinamente al país, en una medida que desató una ola de indignación generalizada dentro y fuera de EEUU.

El presidente yanqui, Donald Trump, que primero justificó y argumentó la decisión con su habitual soberbia, luego debió dar marcha atrás ante la presión internacional, aunque sin dejar de reafirmar su política de fronteras cerradas.

Es decir: ahora EEUU dejará de separar las familias, pero seguirá con una política migratoria cada vez más restrictiva. De todos modos, de acuerdo al pronunciamiento de los organismos internacionales y de derechos humanos, y de los propios legisladores estadounidenses, el daño ya está hecho, y constituyó un hecho “bárbaro”, “inhumano” y una “tortura” para miles de personas.

“Si uno mira lo que ocurre en Europa, lo que ocurre en otros lugares, no podemos permitir que eso ocurra en EEUU. No bajo mi mando”, dijo Trump al momento de firmar el decreto que disponía separar a las familias de los inmigrantes ilegales.

Quitarles los hijos a los hombres y mujeres que intentan entrar sin papeles a EEUU es una medida de coerción, una verdadera tortura, para disuadirlos para que no crucen la frontera. Esa es la lógica brutal de la política migratoria de Trump.

En una serie de mensajes en Twitter, Trump se refirió al “gran error” del Viejo Continente de permitir la entrada a su territorio de “millones de personas que han cambiado su cultura de forma tan fuerte y violenta”.

A la hora de justificar la barbarie, la secretaria de Seguridad Interna, Kirstjen Nielsen, dijo que EEUU “no pedirá disculpas o ceder por estar haciendo el trabajo que los estadounidenses esperan que hagamos”.

“No se confundan: nuestra frontera sur está en crisis. Está siendo explotada por criminales, contrabandistas y miles de personas que no tienen respeto por nuestras leyes”, afirmó Nielsen, quien argumentó que el gobierno de su país no tiene opción sino separar a los niños de las familias inmigrantes.

“No podemos detener niños con sus padres. Debemos liberar a padres y niños o debemos separarlos para poder procesar a los adultos”, explicó.

Por su parte, el Secretario de Justicia y Fiscal General, Jeff Sessions, también aseguró que el gobierno no desea continuar con la odiosa política de separar niños de sus familiares, pero también coincidió en la falta de opción. “Esta es una de las razones por la que los estadounidenses eligieron presidente a Trump. Para poner fin a la ilegalidad en la frontera sur”, agregó Sessions.

Además, fiel a su estilo provocador, Trump le echó la culpa a la oposición, apuntando a los legisladores del Partido Demócrata, quienes se niegan a negociar una ley migratoria. “Si los demócratas deciden sentarse a negociar en vez de obstaculizar, podríamos hacer algo muy rápidamente, algo bueno para los niños, para el país, y para el mundo. Eso podría ocurrir rápidamente”, dijo el mandatario.

“EEUU no será un campo de inmigrantes, y no será un complejo para mantener refugiados. No lo será”, insistió Trump, que volvió a caracterizar a los inmigrantes en forma despectiva.

“Entre los que buscan entrar, hay personas que pueden ser asesinos y ladrones, y muchas cosas más. Queremos un país seguro, y eso empieza en la frontera. Y así será”, aseguró el presidente.

“Tenemos que mantener la firmeza o nuestro país se verá desbordado por el crimen”,  insistió el mandatario.

La medida despertó la repulsa de legisladores demócratas y republicanos. En una nota, la líder del bloque de legisladores demócratas en la Cámara Representantes, Nancy Pelosi, calificó como “bárbara” la normativa adoptada por el gobierno republicano. “Esta política bárbara viola nuestras leyes de asilo y los derechos constitucionales de los padres”, aseguró.

En una columna publicada en el periódico The Washington Post, Laura Bush, esposa del ex presidente George W. Bush, también sumó su voz y calificó la política de “cruel” e “inmoral”. “Nuestro gobierno no debería estar en el negocio de depositar niños en almacenes reconvertidos o hacer planes para colocarlos en tiendas de campaña provisionales en el desierto a las afueras de El Paso”, escribió.

“Estas imágenes son una evocación siniestra de los campamentos de internamiento estadounidenses para japoneses en la Segunda Guerra Mundial, que actualmente están considerados uno de los episodios más vergonzosos de la historia de EEUU”, señaló la esposa del ex mandatario.

La medida provocó airadas reacciones en el ámbito de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). El secretario general de la ONU, Antonio Guterres, señaló que los niños “no deben ser separados de sus familiares”.

“Como regla general, el secretario general cree que refugiados y emigrantes deben ser tratados con respeto y dignidad”, afirmó el vocero de Guterres, Stephane Dujarric. “Los niños no deben ser traumatizados siendo separados de sus padres. Debe preservarse la unidad familiar”, añadió.

En tanto, el Alto Comisionado de la ONU para Derechos Humanos, Zeiz Raad Al Hussein, apuntó que la medida es “inadmisible” y “cruel”.

En la apertura de una sesión regular del Consejo de los Derechos Humanos en Ginebra, Al Hussein urgió a las autoridades estadounidenses a poner fin a la tolerancia cero que hizo que miles de niños fueran separados de sus familias en las últimas seis semanas. “La idea de que cualquier Estado trate de disuadir a los padres al infligir tal abuso a los niños es inconcebible, dijo Hussein.

Amnistía Internacional afirmó que las imágenes que se vieron durante el fin de semana “dejarán una mancha indeleble en la reputación de EEUU”. Esta es una política espectacularmente cruel, en la que niños asustados son arrancados de los brazos de sus padres y llevados a centros de detención desbordados, que son en realidad jaulas.

“Esto es tortura”, dijo Erika Guevara-Rosas, directora de Amnistía Internacional para las Américas. “El severo sufrimiento mental que se ha infligido intencionalmente a estas familias con fines coercitivos significa que estas acciones cumplen con la definición de tortura tanto para la ley estadounidense como la internacional”.

“La dignidad de una persona no depende de que sea un ciudadano, un migrante o un refugiado. Salvar la vida de alguien que huye de la guerra y la pobreza es un acto de humanidad”, señaló el papa Francisco en la red social Twitter.

También se pronunció el ex presidente Barack Obama. “Ver a esas familias rotas en tiempo real nos pone ante una cuestión muy simple: ¿Somos una nación que acepta la crueldad de arrebatar a niños de los brazos de sus padres o somos una nación que valora a las familias y trabaja para mantenerlas unidas?”, escribió en un mensaje publicado en su página de Facebook.

El primer ministro canadiense, Justin Trudeau, también sumó su voz de condena. “Lo que está ocurriendo en EEUU está mal”, dijo, escueto.

Marcha atrás, pero no tanto

La intensa presión hizo retroceder a Trump. Las familias ya no serán separadas, pero la política de fronteras cerradas seguirá firme. “Mantenemos a las familias juntas, pero a la vez mantenemos la frontera fuerte”, proclamó Trump al rubricar la orden ejecutiva en el Despacho Oval, acompañado por el vicepresidente, Mike Pence, y la secretaria de Seguridad Nacional, Kirtsjen Nielsen. “No nos gusta ver a familias separadas pero a la vez no nos gusta ver entrar ilegalmente a gente”, dijo.

El nuevo decreto permite que los niños permanezcan con los padres detenidos, quedando todos bajo custodia del Departamento de Seguridad Nacional. O sea que los niños y las niñas permanecerán encerrados con sus padres.

A partir de ahora, las niñas y los niños sólo serán separados de sus padres cuando el Departamento de Seguridad Nacional considere que estar con ellos puede suponer un riesgo para el bienestar de los menores.

Según la cadena CNN, la primera dama estadounidense, Melania Trump, ejerció influencia sobre su marido para poner fin a esta política. “Creo que cualquiera con un corazón podría actuar de la misma manera”, aseguró Trump durante la firma del decreto que revió la medida, y confirmó los dichos de la CNN al señalar que su hija Ivanka y su esposa Melania tenían sentimientos muy fuertes sobre el tema.

Una encuesta mostró un 67 por ciento de rechazo entre los estadounidenses, mientras que un 28 por ciento mostró su apoyo. Entre los votantes republicanos, la aceptación llega al 58 por ciento, con el 34 de rechazo, y sólo un grupo de apoyo a Trump que acompaña en bloque la iniciativa derogada: los cristianos evangélicos.

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