Nada detiene al establishment ni a los poderes permanentes, que por definición están más allá de la democracia, cuando defienden sus intereses económicos. Finalmente se dieron el gusto y excluyeron como candidato para las próximas elecciones del 7 de octubre al ex presidente Luiz Inácio Lula Da Silva, que se encuentra detenido desde abril de este año por un caso de presunta corrupción en el que no se han presentado pruebas. Apenas la “convicción” del juez Sérgio Moro.

Excluyeron al preferido de las mayorías. Dejaron fuera a quien tiene una intención de voto de hasta el 41 por ciento. Es decir, se sacaron de encima al candidato que asegura poner término al plan de ajuste neoliberal del gobierno ilegítimo de Michel Temer, que está arrasando con la sociedad brasileña, produciendo un aumento exponencial del hambre y la desocupación.

Ante el cierre de listas, y bajo la presión del Tribunal Superior Electoral (TSE), que le dio el ultimátum al Partido de los Trabajadores (PT), esta agrupación debió sacar a Lula de la lista y colocar a Fernando Haddad como candidato a presidente. Por su parte la joven dirigente del Partido Comunista de Brasil, Manuela D’Ávila, es la candidata a la vicepresidencia.

Haddad, abogado de 55 años y ex alcalde de San Pablo, asumió este martes la candidatura del PT tras el veto impuesto a Lula, después de una deliberación de la cúpula de esa fuerza política, que aprobó por unanimidad la postulación, que también fue respaldada por Lula mediante una carta.

“Vamos a la calle para que el 28 de octubre podamos celebrar la democracia, Lula libre, viva el pueblo brasileño”, propuso Haddad al hablar ante los militantes que le respondieron coreando “Lula Libre” y “Brasil, urgente Haddad presidente” tras la lectura pública de la carta del Lula. El 28 de octubre se celebrará la segunda ronda de las elecciones presidenciales. Y todo está por verse.

​_El lunes 10, como último recurso antes del cierre de las listas, la defensa del ex mandatario y favorito en las encuestas, acudió a la Corte Suprema con la segunda carta del Comité de Derechos Humanos de ONU en el que exhorta al Estado a garantizar los derechos políticos de Lula. Pero nada fue suficiente para modificar la decisión del TSE. El argumento en contra del Comité es que para los jueces del TSE las resoluciones de la ONU no son de carácter vinculante.

El gran desafío del PT es trasladar la intención de voto de Lula a Haddad. Será una tarea ardua. El joven candidato arrancó con un piso bajo, de un 9 por ciento. Pero una vez designado por Lula, tiene posibilidades del crecer.

El reto del candidato del PT será acercarse al ultraderechista Jair Bolsonaro en la primera vuelta de 7 de octubre para pelear la presidencia en el balotaje del 28 de ese mes.

Para eso tendrá que persuadir al gigantesco electorado de 147 millones de votantes diseminados en un país de 8,5 millones de kilómetros cuadrados de que es el heredero de Lula. Varios sondeos ya indican que un porcentaje considerable de electores está dispuesto a votar a quien tenga la bendición del líder preso. Haddad tiene grandes posibilidades de crecer.

La gran pregunta es qué porcentaje de votos a Lula se trasladará a Haddad. Según las cifras de la encuestadora Datafolha, resultado de mediciones anteriores a la oficialización de la candidatura de Haddad, el voto progresista o de izquierda concentrado en Lula se podría repartir entre varios candidatos. Ciro Gomes, del Partido Democrático Laborista (PDT), registra una intención de votos del 13 por ciento y podría recoger parte de los sufragios de Lula. También podría ser el caso de la ex ministra de Medio Ambiente de Lula, la candidata del partido Rede, Marina Silva, que registra una intención de voto del 11 por ciento, aunque su propuesta difícilmente pueda identificarse como de izquierda.

La campaña del PT hace especial hincapié en que Haddad es Lula. Y en el hecho en que, más allá de la figura del líder, esa agrupación tiene un proyecto para frenar el ajuste neoliberal de Temer que está hambreando a millones de brasileñas y brasileños.

Por su parte, los poderes fácticos intentan despegar a Haddad de Lula y, sobre todo, desprestigiarlo. La campaña comenzó incluso antes de que reemplazara al líder en la fórmula presidencial. La estratagema es bien conocida. Un empresario de la construcción arrepentido que un día, en el momento más oportuno, tiene un ataque de memoria y de honestidad.

El martes 4 de septiembre se presentó en Fiscalía una denuncia contra Haddad, que se basa en una confesión realizada por el empresario Ricardo Pessoa, ex presidente de la constructora UTC Ingeniería.

La Fiscalía acusó Haddad de recibir de manera indirecta recursos para su campaña de reelección como alcalde de San Pablo en el 2012. Según la denuncia, la constructora UTC habría pagado una deuda de 2,6 millones de reales (cerca de 626.500 dólares) para la campaña de 2012.

Es apenas el comienzo. Es de esperar que en los próximos días se acuse a Haddad de todos los crímenes y perversiones cometidas en el planeta desde el Big Bang.

Pese a sus 55 años, Haddad tiene una larga trayectoria. Lula lo nombró en 2005 ministro de Educación. Durante su gestión logró impulsar el Programa Universidad para Todos (ProUni), que entregaba becas universitarias a estudiantes de bajos recursos, la alfabetización de adultos, la reformulación del Examen Nacional de Enseñanza Media (Enem) para acceder a las universidades, la implementación de índices para medir la calidad educativa, y el programa antidiscriminatorio Brasil Sin Homofobia. Al llegar Dilma Rousseff a la presidencia (2011-2016), Haddad se mantuvo al frente de esa cartera, que abandonó para competir por la alcaidía de San Pablo, cargo que consiguió en 2012. Su mandato finalizó en 2016 tras no lograr la reelección. Tras la detención de Lula, Haddad fue nombrado por el ex mandatario como coordinador de su programa de gobierno para las elecciones de octubre.

La carta de Lula

“Ustedes deben saber ya que los tribunales han prohibido mi candidatura a presidente de la República. En verdad, han prohibido que el pueblo brasileño vote libremente para cambiar la triste realidad del país”, señala la carta de Lula dirigida al pueblo.

“Nunca he aceptado la injusticia, ni la voy a aceptar. Desde hace más de 40 años camino junto al pueblo, defendiendo la igualdad y la transformación de Brasil en un país mejor y más justo. Y fue recorriendo nuestro país que vi de cerca el sufrimiento quemando en el alma y la esperanza brillando de nuevo en los ojos de nuestra gente. He visto la indignación ante las cosas tan equivocadas que están haciendo y las ganas de mejorar la vida otra vez”, continúa diciendo el texto del líder, que en otro de sus párrafos señala que pese a las mentiras y la persecución “el pueblo nos ha abrazado en las calles y nos ha llevado al liderazgo absoluto en todas las encuestas”.

Lula volvió de declararse inocente. Y una vez más desafió a sus acusadores a presentar pruebas en su contra. “Desde hace más de cinco meses estoy preso injustamente. No he cometido ningún crimen y he sido condenado por la prensa mucho antes de ser juzgado. Sigo desafiando a los fiscales de la Lava Jato, al juez Sérgio Moro y al TRF-4 a que presenten una única prueba contra mí, pues no se puede condenar a alguien por crímenes que no ha practicado, por dinero que no ha desviado, por actos indeterminados”.

Lula denuncia en la carta al Poder Judicial, a la Red O Globo, y “a las aberraciones cometidas por Sérgio Moro y por el Tribunal de Porto Alegre”.

“Líderes de todo el mundo han denunciado el atentado a la democracia en el que mi proceso se ha convertido. La prensa internacional mostró al mundo lo que la Globo intentó esconder”, aseguró el ex presidente de Brasil en la carta que es todo un manifiesto político.

En consonancia con los dictámenes de los juristas y de la ONU, Lula denunció que se condena es una puesta en escena. Y apuntó a una cuestión central: los poderes fácticos quieren evitar que triunfe un proyecto alternativo, por eso lo cierran el camino a Lula. “Mi condena es una farsa judicial, una venganza política, siempre usando medidas de excepción contra mí. Ellos no quieren arrestar e impedir tan solo al candidato Luiz Inácio Lula da Silva. Quieren arrestar e impedir el proyecto de Brasil que la mayoría ha aprobado en cuatro elecciones consecutivas, y que solo fue interrumpido por un golpe contra una presidenta legítimamente electa, que no cometió ningún crimen de responsabilidad, golpe que lanzó al país al caos”.

“Me censuran, como en la época de la dictadura”, señaló en la misiva.

Y ya en los últimos párrafos expresa su decisión de apoyar a Haddad: “Nuestro nombre ahora es Haddad”, escribió el líder al tiempo que repasó la trayectoria y la militancia del joven candidato.

En los dos párrafos finales se resume la lucha que las fuerzas nacionales y populares deberán dar de aquí a las elecciones: “Quiero pedirles, de corazón, a todos los que me votarían a mí, que voten al compañero Fernando Haddad para presidente de la República”.

“Nosotros ya somos millones de Lulas y, a partir de hoy, Fernando Haddad será Lula para millones de brasileños”, concluyó.

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