Estudiantes del último año de la carrera de Locución del ISET XVII, viajaron al tradicional pueblito uruguayo “detrás de las esquirlas del pasado” y de “un espacio donde circulen otras otras visiones y otras miradas”.

Una gran lápida se exhibe frente a la puerta de La Fortaleza construida por los portugueses a mediados del siglo XVIII. Allí se puede leer que el lugar “conserva un trazado urbano único y testimonios arquitectónicos valiosos de los distintos períodos de este rico pasado con un sencillo perfil popular”. Hace referencia a Colonia del Sacramento, la ciudad más antigua del territorio que hoy se conoce como Uruguay, fundada en 1680 por el Imperio Portugués.

Desde finales del siglo XVII, toda la región  fue una zona en disputa entre portugueses y españoles por ocupar el lugar. Entendía que era un punto estratégico clave, militar y comercial (contrabando). Se fueron sucediendo en su dominio ambos imperios, hasta que se hicieron acuerdos de límites para intentar terminar con el problema.

Los parámetros utilizados por los organismos oficiales para definir como significativo a un período histórico acarrean convenciones erigidas sobre las indignidades de las poblaciones subyugadas. La Historia la impuso Europa, primero a fuerza de pólvora y luego con la pluma.

En 1995 fue declarada Patrimonio Cultural y Natural de la Humanidad por la Unesco (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura). Según el criterio N° 4 de su protocolo, la ciudad es merecedora del reconocimiento por “ser un ejemplo eminentemente representativo de un tipo de construcción o de conjunto arquitectónico o tecnológico, o de paisaje que ilustre uno o varios períodos significativos de la historia humana”.

Conocer bien para informar bien

El relato funciona. Turistas de todo el mundo se acercan hasta esta ciudad a visitar La Fortaleza y el Barrio Histórico de Colonia con sus valores arquitectónicos. Pero para quienes son futuros y futuras comunicadores, el trabajo de observación tiene que ser –o debería ser– mucho más profundo. Con este fin, estudiantes del último año de la carrera de Locución del ISET XVIII de Rosario, viajaron hasta allá a realizar el trabajo final de la materia Taller de Investigación Periodística III. Fue así que recorrieron la geografía coloniense registrando material audiovisual con testimonios locales en los que buscaron identificar esquirlas del pasado para luego elaborar la producción definitiva.

Uno de los ejes del viaje consistía en “andar y desandar un territorio impregnado de huellas coloniales” y generar, a partir de la reflexión crítica, un espacio donde “circulen otros relatos, otras visiones, otras miradas”.

En Portón de Campo, Sebastián Rivero, un historiador, recibió al grupo para acompañarlo en el trayecto por las calles del barrio. Apenas empezado el recorrido, un grupo de candombe uruguayo atravesó la entrada. Este ritmo con raíces afros fue en la época colonial el principal medio de comunicación de los africanos esclavizados que desembarcaron en el puerto de Montevideo. El sonido de los tambores de distintos tamaños marcó la presencia de una cultura, ausente en el relato romántico, y sin conflictos. Pero no quedan vestigios de esa identidad, porque el patrimonio arquitectónico de Colonia no las visibiliza. Para los colonizadores, cualquiera que sea, el africano era sólo una herramienta, un bien de cambio, desechable y reemplazable por otro igual. Las enormes piedras que levantan la muralla de la fortaleza (recordemos, Patrimonio Cultural y Natural Mundial) fueron colocadas por aquellas personas, arrancadas de su continente, puestas en un barco que cruzó todo el océano, obligadas a trabajar a fuerza de látigo.

No está de más recordar uno de los tantos testimonios que recupera Eduardo Galeano en su libro Las venas abiertas de América latina, para poner en consideración aquel genocidio original ejercido por las grandes potencias europeas: “Muchos de los esclavos provenían de la selva y no habían visto nunca el mar; confundían los rugidos del océano con los de alguna bestia sumergida que los esperaba para devorarlos o, según el testimonio de un traficante de la época, creían, y en cierto modo no se equivocaban, que ‘iban a ser llevados como carneros al matadero’, siendo su carne muy apreciada por los europeos”.

La Radio del pasado, mensaje para el presente

El 25 de agosto de 1933 debutó en el aire lo que hoy es Radio Colonia. En sus inicios comunicó utilizando el nombre “Radio Popular”, hasta que en 1940 cambió a su denominación actual. La emisora transmite por AM 550 todos los programas que realiza desde la calle Rivadavia 383. Allí también funciona por estos días FM Mágica 93.5, cuyos trabajadores están en constante colaboración con los empleados de la AM.

La emisora, también visitada por el grupo del Iset 18, fue célebre porque en tiempos de la dictadura cívico militar difundía informaciones que estaban prohibidas en Argentina. La radio lograba sortear el cerco informativo impuesto por el terrorismo de Estado. Buscaban cumplir el compromiso que indicaba Rodolfo Walsh: “Dar testimonio en momentos difíciles”.

Claro que no era una tarea sencilla: las intervenciones de las autoridades sobre la radio eran tan frecuentes como también era difundido el accionar represivo: los crímenes que los comunicadores denunciaban. Martín Cabrera, conductor del panorama informativo que sale al aire de 9 a 12, explica que muchas veces los periodistas tenían que salir comunicándose por teléfono o ir rotando de ubicación para que no les secuestraran la palabra.

Actualmente en Uruguay, el alcance de Radio Colonia no se limita solamente a su departamento, también tiene una importante audiencia en Montevideo y alrededores. Cabrera acompañó a las alumnas y alumnos por las instalaciones: un estudio para producir radioteatro donde diversos artistas y bandas graban demos, un archivo de discos simples y long plays de vinilo.

Según la web oficial del medio, Radio Colonia lleva “81 años de historia al servicio de la verdad”. Esta verdad debe –necesariamente– nutrirse previamente de información antes de ser transmitida desde el micrófono. Cabrera contó que los portales noticiosos que suelen consultar para hacerse del contenido general sobre Argentina son las páginas de internet de Clarín, La Nación e Infobae. Pero es paradójico que esos medios fueron beneficiarios del último gobierno de facto: el 2 de noviembre de 1976, el Grupo Graiver firmó, bajó extorsión, la venta de las acciones de Papel Prensa S.A. Fue así que la principal productora de papel para diarios quedó en manos de Clarín, La Nación y La Razón. En tanto, Radio Colonia, la que con la voz de Ariel Delgado se comprometió con la defensa de la verdad y los derechos humanos, ahora es regenteado por un grupo económico, vinculado al periodista argentino Daniel Hadad.

Un llamado al pensamiento crítico

El regreso desde Colonia a Rosario, tras salir del Centro Regional de Profesores del Suroeste, donde con la típica amabilidad uruguaya, nos alojaron gratuitamente a los 60 miembros de la “Misión Colonia”, también hubo momentos para reflexionar sobre temas como la juventud, la educación pública y la decolonialización en todas sus manifestaciones.

Guadalupe Román, profesora de historia de la ciudad de Santa Fe e integrante de la Casa de la Cultura Indo-Afro-Americana “Mario Luis López”, cual profe itinerante, remarcó que “hay que agarrarse de las ciencias sociales y otra vez generar espacios de debate y reflexión, de intercambio. Es la forma de sacudir este mundo y plantear una sociedad mejor”.

“Siendo joven, una se confía, pero sí o sí tiene que mirar hacia la gente que viene haciendo un trayecto y un camino. Como nosotros somos hijos de la democracia, naturalizamos el voto, la participación política, la ocupación del espacio público. Y ese espacio hoy es cuestionado”.

“Hay que repensar la educación, nuestra forma de pensar y descolonizar el pensamiento. Sarmiento propuso darle a la población una educación básica integral que elevara su cultura. Para ello, desarrolló escuelas de artes y oficios que impartiera una educación racional y científica, pero alejada de las particularidades del gaucherío, afros y originarios que poblaban el territorio. Impulsó el borrar las costumbres, los hábitos, sus lenguas, saberes, conductas, formas de organización social y económica, en pos de que esta Argentina se convirtiera en una nación homogénea, letrada, y en lo posible, europea”, sostiene Guadalupe.

En ese sentido, Alfredo Montenegro, trabajador de prensa y docente del ISET 18, agregó: “Nosotros tenemos que pensar en la educación pública, por la que estamos acá. ¿Cómo hacemos para preservarla y afianzarla?  La práctica educativa debe experimentarse desde la convivencia con el territorio, sus pueblos, relatos y sueños colectivos. También requiere salir de las aulas para recrear vivencias en el campo, observar, escuchar y registrar el testimonio del lugar y las expresiones originarias de una comunidad. Habrá que deconstruir los relatos eurocéntricos y occidentales que prevalecen en las escuelas heredadas del siglo XIX y que los atrevimientos juveniles también sean parte y conductores del agite pedagógico”.

No olvidadizos, sino olvidadores

La educación tuvo –y tiene– un rol clave en la homogeneización de un relato histórico que diseñó a la nación con las características definidas durante el siglo XIX por el poder político. No fue casual que Domingo Faustino Sarmiento haya sido la persona elegida por el entonces presidente Julio Argentino Roca para que ocupara el Consejo Nacional de Educación en 1881. “Orden y progreso” era el lema de la élite gobernante. La masacre roquista que avanzó hacia el sur necesitaba de la pluma sarmientina para presentarse como una conquista del desierto. Las identidades de los pueblos originarios fueron así arrasadas material e inmaterialmente. Primero el orden y después el progreso. Una nación ordenada, para la generación del 80, necesitaba la anulación de todos los conflictos que pudieran erosionar el discurso oficial.

Nuevo colonialismo financiero

A las ocupaciones portuguesas, españolas y la creación de la república uruguaya, además del interés británico para que ni Brasil o Argentina se quedaran con la “puerta del Río de la Plata, siguió un nuevo y moderno colonialismo, el de los grupos inmobiliarios y turísticos para explotar la antigua ciudad histórica, con pocos vecinos y muchos negocios destinados especialmente a los turistas extranjeros.

Guadalupe remarca que esta región, multicultural como la deseaban Artigas, Bolívar, José Martí, Juana Azurduy, nos exige pensarnos desde la otredad, reconociendo la multiplicidad de subjetividades y cuerpos que habitan nuestra América. Debemos revisar y replantearnos los saberes, ritos instituidos que están aceptados y que no se cuestionan en la escuela, para incorporar otros que provengan de aquellos paisajes invisibilizados, de aquellas voces silenciadas”.

La colonización de la lengua y la identidad tiene su correlato en lo económico: la deuda externa del Uruguay es actualmente, según el Departamento de Análisis Financiero del Banco Central de ese país, de 42.159 millones de dólares. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) apuntó en 2017 que habitan Uruguay unas 3.456.000 personas. De estos datos se desprende que existe una deuda per cápita de 12.199 dólares.

*Estudiantes de periodismo, Iset 18.

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