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¿Cuál es el núcleo duro del pensamiento de la alianza que gobierna la Argentina? ¿Cuál es el sentido de este gobierno? O simplemente, ¿para qué se juntaron?

Aún dejando de lado alguna justificable ingenuidad, es sabido que quien busca el poder tiene ideas que son guías. Se busca gobernar para implementarlas, para demostrar que determinadas concepciones pueden hacer mejor la vida en sociedad, que, en nuestro caso,  implica mejorar la vida de los argentinos.

¿Cuál es la guía en el gobierno de Macri? ¿Cuál es la matriz del pensamiento macrista?

¿Es Lilita Carrió quien aporta genialmente las ideas? Puede ser.

Leo los tweets y escucho las declaraciones de Carrió e interpreto la delimitación de una “republiquita” de amigos o mejor, de aduladores. La diputada va desde la amenaza al propio Macri de la mano del “elige o cae” a la pacificación de Cambiemos, sin conectores. Lo más sensato que leí de su parte es cuando nos encomienda a la virgen.

Concluyo en que no es la eterna diputada quien aporta el pensamiento duro de Cambiemos.

En todo caso si es Carrió, es por antiperonismo puro e inconducido. Puede imaginar que el propio Macri es peronista. ¿Deseará realmente que caiga?

Mientras tanto, gobiernan el país de la Ley 1420, de los derechos laborales, el país en donde los trabajadores vieron ascender socialmente a sus hijos. Muchos llevan años en la política. ¿Aún no saben para qué vinieron? No puedo creerlo. No quiero decir que vinieron para dejarnos en una Argentina pre Perón. Es muy cómoda para mí esa respuesta. En el fondo, lo creo, pero también intuyo que hay otras respuestas. Excluyo el interés económico, la idea del vaciamiento y la certeza de que lo único que crece en la Argentina es su deuda externa e interna. La sola mención, me suena tan antigua como dolorosa.

No es Carrió

El miércoles 10 de octubre se encontraron en el teatro porteño Regina. Buscaban el sentido de su gobierno. Los exploradores fueron, entre otros, Durán Barba, Avelluto y Marcos Peña. Ya tienen el hashtag #cambiocultural. No es poco. En una mano, el hashtag y en la otra, una idea aparentemente del canadiense Steven Pinker: el cambio no era uno sólo ni grande, son cambios chiquitos, pequeñitos. Son “marquitos”.

No he leído los libros del psicólogo evolutivo, solo una entrevista en El País donde advierte sobre la necesidad de “evitar el caos de los mercados desregulados”. No desmerezco sus aportes, los desconozco.

Volvamos al hashtag y los cambios pequeñitos. Aquí está el germen de la batalla cultural. Van con estas ideas en la mochila.

Del otro lado estamos, estoy, defendiendo la aplicación de la Ley Nacional del Teatro de 1997.

No quiero recortes, no más.

¿Como producir bienes culturales valiosos para un pueblo recortando recursos?

No quiero SU batalla cultural.

Reconozcamos que aún tenemos un esquema muy defensivo. Reconozco que el cambio cultural de Cambiemos es aún pobre.

Su batalla cultural está en marcha y no se trata sólo de inventar otro hashtag.

(*) Concejala de Rosario

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