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Los hinchas de Central se enorgullecen de haber entonado (y hecho realidad), en la década del 70, aquel cantito que rezaba: “Lo dijo el tío (por Cámpora), lo dijo Perón: hacete canalla que sale campeón”. También de la carta de puño y letra del ex presidente dirigida a la institución de Arroyito que se trajo el Tula cuando viajó a España a regalarle su bombo al General durante su exilio madrileño. De la barra cantando la marchita a grito pelado en plena dictadura y de las banderas, hasta el día de hoy presentes, con el escudo justicialista sobre fondos auriazules o –directamente– con la leyenda “Central y Perón, un sólo corazón”. Los fanas de Newell’s, por su parte, sacan a relucir la fotografía en la que se ve a un engominado y sonriente Perón en la platea de la visera, hoy bautizada “Tata Martino” en honor al exquisito volante que llegó a ser técnico del Barcelona de España y de la Selección Argentina, y que en sus últimas épocas de jugador se recostaba justamente por ese sector de la cancha para quedar “a la sombra”. El General asistió al estadio del Parque en 1944, ocasión en la que arribó a Rosario para inaugurar el Hospital Ferroviario. El reportero gráfico que capturó aquel momento histórico fue Joaquín Chiavazza y según su nieto Rubén, que habló en el homenaje que el club rojinegro le realizó a su abuelo hace algunos años, Perón dijo aquella tarde del 44, señalando el escudo leproso: “¡Mirá qué lindos colores!”. También los estadios de Racing y Sarmiento dan cuenta de la atracción entre estas dos pasiones populares: el de Avellaneda se llama “Juan Perón”, y el de Junín “Eva Perón”. Pero la que sin lugar a dudas se lleva la medalla de la Lealtad Peronista es la hinchada de Nueva Chicago: El sábado 24 de octubre de 1981, bajo la presidencia de facto de Viola, casi 50 simpatizantes fueron llevados presos por el delito de cantar la marchita que inmortalizó Hugo del Carril en la tribuna de la cancha de Mataderos, y durante un encuentro en el que el Torito le ganó 3 a 0 a Defensores de Belgrano. Como no alcanzaban los patrulleros, la mayoría tuvo que ir trotando con las manos pegadas a la nuca hasta la comisaría 42. Al partido siguiente, los hinchas verdinegros hicieron sonar sus bombos y amagaron entonar las célebres estrofas, pero terminaron cantando el Arroz con leche. Y repitieron el chiste un rato más tarde, pero en la puerta de la dependencia policial en la que seguían detenidos sus compañeros de tribuna. Viva el fútbol, viva Perón.

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