Se estrena en Rosario la película de Oscar Frenkel “El Origen de la Tristeza”, basada en la novela de Pablo Ramos, quien da detalles a El Eslabón sobre la historia de aventura y fatalidad de un pibe del sur del Gran Buenos, en los umbrales de su adolescencia.

El Origen de la Tristeza junto a La ley de la ferocidad y En cinco minutos levántate María componen una trilogía de novelas del escritor Pablo Ramos. El Origen de la Tristeza, obra inicial de la tríada, lanzada en 2004 tiene su adaptación al cinematográfica, a cargo del director, Oscar Frenkel y llega a Rosario.

La historia, que cuenta una etapa de la vida de Gavilán, un pibe, hijo de laburantes de un barrio de Sarandí, en el sur de la provincia de Buenos Aires, se podrá ver el viernes 9 de noviembre a las 20.30, en cine El Cairo, Santa Fe 1120 y el sábado 10, a las 20, en El Diablito, Maipú 622, ambas funciones contarán con entrada libre y gratuita.

En diálogo con El Eslabón, Pablo Ramos, también músico y creador de los relatos Cuando lo peor haya pasado y El camino de la luna, remarcó que El Origen de la Tristeza es la historia de un preadolescente, “una novela con mucha fantasía. Por ejemplo, la amiga es una amiga, la cuestión sexual todavía no divide las aguas, no carga las miradas de segundas intenciones, es un poco el fin de la infancia”.

Gabriel, Gavilán, o el hijo del Negro, como se lo conoce en el relato, es un chico que va la escuela primaria en el Gran Buenos Aires; su papá, su hermano Alejandro y su tío Coco trabajan a pulmón en el taller mecánico de la familia; su mamá lleva adelante su casa y cuida a su pequeña hermana.

Casi toda la historia transcurre en el barrio El Viaducto, donde Gavilán vive aventuras con Rolando, el cuidador del cementerio y se retrata su intimidad en el taller, investigando las posturas y los gestos de las chicas de los posters; las andanzas con sus amigos, las consecuencias sociales del incendio del río Sarandí, a causas de los desechos de la curtiembre, sus primeras palpitaciones con su amiga Marisa, la muerte y la fatalidad. El relato podría situarse entre las décadas del 70 y 80 del siglo pasado.

En referencia al proyecto audiovisual, Ramos expresa que con el realizador Oscar Frenkel, “hacíamos videoclips para Pity Álvarez, como Señor kiosquero, Pila Pila, esas cosas locas. Yo estaba escribiendo esta novela antes del 2005, y se la mostré a Oscar, le dije que era así y asá; y me dijo: «Si vos la escribís, yo hago la película». Antes de publicarla quedamos en vernos, le di una fotocopia de lo que había hecho en la máquina de escribir y le prometí que si la novela llegaba a algo, yo los derechos no se los iba a cobrar”, recuerda.

“La película salió bien -agrega-. Yo revisé el guión. Él (por Frenkel) quiso que ponga la voz en off. Si no es un amigo que me pague un montón de guita, pero si es un amigo… Es como en Analfabeto (su banda musical) no sé si habrá mejores bajistas o bateristas pero yo sólo hago cosas con amigos”, asegura.

El autor nacido en Avellaneda en 1966 cuenta además que fue plomo de Sumo y que en las primeras horas de los sábados tiene un programa en FM La Patriada en el que, a la distancia, intercambia relatos y música con el músico Andrés Calamaro.

A la vez, Ramos intenta deconstruir la idea de que El Origen de la Tristeza es una novela autobiográfica. “Qué se yo. Yo te respondo con una pregunta: ¿Qué es la biografía de alguien, y qué es la realidad? No existe”. Y sigue: “Desde que la escribo es el relato de mi pasado, solamente porque lo escribí, no porque mi pasado haya sido exactamente así, o creo que es exactamente así porque yo lo escribí. En definitiva, si existe el lenguaje, es lo único que existe”, sentencia.

Héroe de la clase trabajadora

Días antes del estreno de la película en Rosario, Ramos considera que su obra literaria y sus incursiones en otros soportes más que pintar su aldea pinta su clase social. “Todo lo que yo pasé o lo que pasó El Tumbeta (otro de los personajes de su novela), o la muerte, lo que yo traté de construir es un personaje de literatura de la clase trabajadora, por eso las metáforas son como herramientas”.

“Uno construye una vida como construye una pared, ladrillo a ladrillo, yo no sabía usar un torno revólver, tampoco puedo hacer nada para volver atrás”, dice el escritor sobre la maquinaria que aparece en el taller de la familia de Gavilán, donde abundan el aroma a estaño y los peces de colores.

Y hablando de la clase trabajadora del Gran Buenos Aires y del barrio, de su novela que ahora es película, se subleva en algunos tramos. Habla del peronismo y su obra en los diálogos que Gabriel mantenía con el Percha, quién tal vez por su familia tiene bien presente los logros de la gestión del general y hasta es acusado de exagerar. Hay una frase en el libro: “Para Percha, en Sarandí, todo lo que era de cemento, o medía más de un metro, o pesaba un poco más de un kilo, lo había hecho Perón”.

Y acota Ramos: “Hoy por hoy, la ficción pura me parece aburridísima, me parece detestable, ¿a quién mierda le importa una historia de detectives cuando hay medidas económicas que te confiscan el futuro?”. Luego, refuerza: “En tiempos de la Colonia, el trabajo del escritor es la militancia política”.

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