En el marco del Día de la Cultura Afro, en Paraná se recordó a María Remedios del Valle, una capitana nombrada por Manuel Belgrano.

“¿Cómo logramos desprendernos de los esquemas racistas, coloniales y patriarcales construidos desde el relato de la modernidad? ¿Qué componentes culturales seleccionamos o invisibilizamos para hablar de nuestra historia, de nuestra tierra, de nuestra identidad?”, se pregunta la profesora de historia santafesina Guadalupe Román.

En ese marco, señala que debemos “contribuir desde nuestro paisaje cultural a pensar sociedades más igualitarias, justas para todos y todas”. Y nombra a Rodolfo Kush (antropólogo y filósofo argentino), cuando interrogaba: «¿Qué tenemos que hacer para asumir toda nuestra dimensión humana en Sudamérica?». Y afirmaba: «El afán de manejar y adquirir todo el conocimiento a través del enciclopedismo nos ha hecho olvidar de quiénes somos realmente. He aquí el problema de mirarnos para ver lo que somos”.

En las Jornada Abiertas en homenaje a María Remedios del Valle, en el Museo de Ciencias Naturales y Antropológicas Antonio Serrano, de Paraná, Guadalupe disertó sobre la temática “Afroargentinas. Mujeres que hacen historia”.

“Mujer y negra”

Guadalupe recuerda que la efeméride “tiene apenas unos años. En 2013, el Senado determinó el 8 de noviembre como fecha para reivindicar la presencia de los africanos y africanas en las luchas por la independencia y en la identidad nacional”.

“En el primer artículo de dicha ley, así lo menciona: «Instituyese el día 8 de noviembre como Día Nacional de afroargentinas, afroargentinos y de la cultura afro» en conmemoración de María Remedios del Valle, a quien el general Manuel Belgrano le confirió el grado de Capitana por su arrojo y valor en el campo de batalla”, resalta la profe graduada en el Instituto N°8 Almirante Brown, de la capital santafesina.

“Por primera vez, una mujer, negra y argentina era reconocida por su valentía y honor en los espacios blancos de poder. ¿Quién podría imaginar que nuestro país iba a tener como Madre de la Patria a una mujer afroargentina, como parte de su memoria y de su legado identitario?”, resalta Guadalupe, quien también realiza capacitaciones a través de la Federación de Sindicatos de Trabajadores Municipales de la Provincia de Santa Fe (Festram).

“Por ello –agrega–, Remedios es sinónimo de que las luchas de género, de clase, de etnia, sólo pueden establecerse en el campo popular de manera colectiva, trabajando en conjunto con quienes entienden que «desde abajo»  es donde se construyen las memorias, los relatos, las identidades de «los otros» diferentes. Y a partir de allí es que podemos pensar un nosotros que abarque a todos y todas, a partir de la multiplicidad de relatos, subjetividades, lenguajes que se hacen presentes en nuestro territorio”.

Remarca que “debemos lograr a partir de las experiencias y prácticas que se hallan localizadas en nuestra espacialidad geográfica, la apertura del pensamiento descolonial, aquel que desde la territorialidad busca superar los relatos eurocéntricos, basados en la mirada del hombre blanco, moderno, occidental, clasista; para deconstruir de una vez por todas este esquema racista y patriarcal que acentúa las desigualdades y solo busca favorecer a unos pocos”. Y afirma: “María Remedios del Valle nos invita a reflexionar y hacernos algunos interrogantes: ¿Cómo construimos un nuevo legado histórico e identitario en nuestro territorio latinoamericano? ¿Podemos contribuir desde otros espacios no hegemónicos a desarrollar un pensamiento decolonial y desoccidentalizado?”.

Herida, apresada y azotada

Afroargentina del tronco colonial, Remedios nació en Buenos Aires en 1766. Fue parte del Ejército Auxiliar que marchó al norte en julio de 1810. Su esposo y sus dos hijos también integraron esas tropas, en la división del comandante Bernardo de Anzoátegui. Participó en el llamado desastre del Desaguadero, el 20 de junio de 1811, y en las batallas de Tucumán, Salta, Vilcapugio y Ayohuma, donde fue herida, detenida y azotada.

Manuel Belgrano nombró capitana a Remedios “por su participación en las campañas militares al Alto Perú, entre 1810 y 1814”. Pero pasaron 200 años para que el Estado argentino reconociera la historia de los afrodescendientes que lucharon por la liberación y por sus derechos.

Con unos 60 años y con las batallas silenciadas, Remedios volvió a Buenos Aires y debió mendigar,  en 1826, una compensación por sus años en el ejército, pero su aspecto de mujer negra y anciana pobre le valió no ser reconocida. Luego tomó el apellido Rosas, porque fue el restaurador Juan Manuel quien fijó una pensión y la reconoció como sargento mayor y como Madre de la Patria.

Madre patria

Bajo los conceptos coloniales, España se empezó a consignar como la “Madre patria”. En ese intento por negar nuestra identidad, no hace mucho tiempo, el actual presidente de la Nación rindió pleitesía a los representantes de la corona. Pero, desde hace milenios, los pueblos originarios reconocen a la Pachamama como la Madre Tierra.  En ese marco, la tierra donde nacimos debería ser nuestra “Matria”. Mientras el término de la “Patria” es otra palabra que nos metieron desde el patriarcalismo tan socio del capitalismo para colonizarnos.

Pero tener un Padre de origen guaraní y libertador, y una Madre negra y guerrera era ya mucho para los vencedores que justificaron matanzas y saqueos para rearmar nuestra historia. Ya había sido problemático para el cristianismo argumentar que Jesucristo había sido procreado por alguien que no procreaba, porque era virgen.

Guadalupe sostiene que “es preciso volver a repensarnos como latinoamericanos que somos. Debemos volver a conocer(nos) dentro de una comunidad que nos ha negado la posibilidad de ser de otro modo por la colonización, por los avances científicos y tecnológicos, por la influencia de la iglesia católica, la razón, el orden y el progreso”, y cita a Rigoberta Menchú: “No hay paz sin justicia, no hay justicia sin equidad, no hay equidad sin desarrollo, no hay desarrollo sin democracia, no hay democracia sin respeto a la identidad y dignidad de las culturas y los pueblos”.        

De niñas y princesitas

Cuando la historia oficial se acuerda de las mujeres, se menciona a la elegante Mariquita Sánchez de Thompson y sus tertulias en torno al Himno. A otras señoras se las recuerda por coser banderas y uniformes. En la derrota de Ayohúma, 14 de noviembre de 1813, sufrida por el Ejército del Norte de Miguel Belgrano (hermano de Manuel), se relata la actuación de las llamadas “Niñas de Ayohúma”. Entre esas “niñas” estaba Mercedes del Valle, quien en realidad ya tenía 54 años. Además de destacar la atención sanitaria a los heridos, ese valeroso grupo de mujeres recorrió el campo de batalla empuñando armas contra el enemigo. Claro que, en la versión oficial y políticamente correcta, no convenía mostrarlas como mujeres guerreras.

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