La falta de trabajo, los despidos, las condiciones de precariedad laboral y la angustia por no poder hacer frente a las necesidades básicas no pasan sin consecuencia para las infancias. El sufrimiento psíquico se traduce en dificultades en los aprendizajes y también en las conductas. La doctora en psicología Gabriela Dueñas analiza los efectos de las políticas neoliberales en niñas, niños y adolescentes y propone trabajar para recuperar y fortalecer los lazos sociales porque, recuerda, “nadie se salva solo”.

Gabriela Dueñas es también licenciada en educación y psicopedagogía, docente de varias universidades nacionales, entre ellas en las Facultades de Psicología y Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Rosario y autora de numerosos libros y publicaciones. Pero sobre todo –así quiere que la presenten– es “una militante por la plena implementación de la ley nacional de salud mental (26.657) en su articulación con las leyes nacionales de protección integral de derechos de la niñez (26.061) y de educación nacional (26.206)”.

En charla con este medio, advierte cómo el mercado saca provecho de las manifestaciones de sufrimientos de los escolares, que se traducen sobre todo “en dificultades para prestar atención en clases, para quedarse quietos, para responder y obedecer las consignas de los docentes, para leer y escribir”. El mercado –señala Dueñas– convierte ese malestar en enfermedades, síndromes o trastornos, que terminan con chicas y chicos medicados o siendo objeto de tratamientos de “adiestramiento conductuales”. Un fenómeno que se conoce como “patologización” o “medicalización” de las infancias”.

Gabriela Dueñas.

—¿Cómo impactan las políticas económicas actuales en la salud mental de las infancias?
—Estas políticas que se están implementando, desde estas lógicas neoliberales, neocoloniales y salvajes, impactan en primera instancia y de lleno sobre el trabajo. El trabajo es uno de los fundamentales organizadores de la vida social y psíquica. Esto se traduce en estados de mucha angustia, inestabilidad emocional de los adultos que no saben cómo van a cubrir sus necesidades básicas, si se quedan sin trabajo o si deben trabajar en condiciones de gran precariedad. Y son las madres, los padres, las maestras, quienes están a cargo de los chicos, de su cuidado y de su contención los que están siendo afectados por las políticas económicas. Para que los chicos estén bien cuidados tenemos que cuidar a quienes los cuidan: a las familias, a quienes cumplen las funciones maternas, paternas y, fundamentalmente, a nuestras maestras y maestros, porque son quienes están buena parte del día con ellos. De lo contrario todo eso termina impactando en las niñas, los niños y jóvenes. Es algo así como la “Teoría del derrame” pero donde lo que se derrama no es bienestar sino malestar, angustia, incertidumbre. Los más chicos absorben esa angustia y las expresan como pueden: en dificultades de conductas, en sus aprendizajes. Esto ya lo vimos en otros momentos como en la crisis de 2001, donde veíamos cómo en las escuelas los niños, a modo de síntomas de carácter social, expresaban este malestar con sus dificultades de conducta y de aprendizaje. La salud es un interesante analizador de lo que está pasando cuando avanza el neoliberalismo con sus lógicas, para las cuales los números tienen que cerrar y si para esto la gente tiene que quedar afuera, quedan afuera, incluidos los niños. Hay que recordar que niñas, niños y los jóvenes encarnan nuestro futuro. Una sociedad que no se encarga de cuidarlos es una sociedad que está hipotecando su futuro.

—¿Cuáles son las principales manifestaciones que se dan en niñas y niños?
—Estamos observando un incremento notorio sobre todo en el área de la convivencia. Lo que se ve, expresan y comentan las maestras es el maltrato entre ellos, el acoso entre pares. Se insultan llamándose, por ejemplo: “Vos sos pobre” o “Tu papá se quedó sin trabajo”. Esos son modos que tienen de poder tramitar lo que vivencian de manera traumática, que los superan en términos de angustia. Reproducen a través de los juegos aquello que viven pasivamente, que ven en la televisión, escuchan en sus hogares, en la calle, incluso en las escuelas. Algo más que empezamos a leer, escuchar y he visto personalmente en escuelas secundarias estatales, son chistes y dibujos referidos al nazismo: cruces esvásticas pintadas en los bancos y en los rincones de las paredes. A través de este tipo de dibujos, los adolescentes nos están advirtiendo del impacto de estas lógicas neoliberales, que son las mismas en que se sustentaba el nazismo: profundamente excluyentes, discriminatorias, de fuerte corte xenofóbico. Da la sensación de que estamos al borde de un estado social y a nivel mundial muy semejante previo a la Segunda Guerra Mundial en términos de xenofobia y discriminación. En la Argentina se ve con los dichos acerca de los extranjeros que vienen a “robar” trabajo, a “robar” salud y a “robar” educación. Lo mismo se está haciendo con los pueblos originarios. Por otro lado, hay una gran cantidad de dificultades en los aprendizajes relacionados con las condiciones en donde se dan los procesos de enseñanza y aprendizaje, en contextos de una gran inestabilidad para los docentes, donde su autoridad está fuertemente cuestionada y desacreditada.

—¿Qué efectos tienen estas políticas en los aprendizajes y en la vida de todos los días?
—El impacto es muy fuerte y directo porque para aprender hay que estar conectados con el entorno. Y cómo hacerlo si se encuentran con un entorno sumamente incierto, angustiante y mediado por adultos que están desbordados. Cómo van a seguir adelante en estas condiciones en las que nos han puesto estas políticas que lleva adelante el actual gobierno nacional, poniendo en práctica las recetas que les manda el gobierno global, el FMI.

El mercado hace su negocio

Gabriela Dueñas describe como perverso el aprovechamiento que hace el mercado para hacer negocio con las consecuencias de la crisis social: “El mercado no toma ese sufrimiento psíquico como señales de alarma sino que las considera trastornos de carácter orgánico, biológico, de origen genético, es decir intrínsecas. De manera inmediata los chicos son sometidos a una maquinaria medicalizadora, a partir de la cual van a ser objetos de  la administración de drogas psicoactivas y de programas de adiestramiento conductuales, fogoneadas por corporaciones del campo médico, y que impulsan fundaciones como Indeco (sobre Neurociencias), conducida por el famoso neurólogo Facundo Manes, o la Fundación Favaloro. Fundaciones que además vienen firmando convenios con el Ministerio de Educación de la Nación”.

—¿Qué hacer desde las escuelas y las familias? ¿Qué idea de lazos fortalecer?
—Podemos hacer muchas cosas desde las escuelas y las familias. La idea es fortalecer los lazos sociales que están fuertemente resquebrajados por estas políticas neoliberales que tienen como lema “Sálvese quien pueda”. Estas lógicas meritocráticas del campo de la salud y de la educación, al romper la red social y hacer eje en los individuos te terminan haciendo responsable de problemáticas que son complejas. Lo que hay que hacer es resistir, reforzando las redes intersectoriales e interdisciplinarias. Hablo de retejer la red social, entre familias, escuelas, centros de salud. La resistencia que podemos dar desde las escuelas pasa por ahí. Hay que reparar el lazo social. Hay que trabajar mucho sobre este lazo social, sobre la idea de que el bien común está por encima del bien individual y que no se trata del “Sálvese quien pueda” porque nadie se salva solo.

Laboratorio en el jardín

Recientemente las Fundaciones Ineco y Favaloro firmaron un convenio con el Ministerio de Educación de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires para entrar al nivel inicial de escuelas públicas y realizar una investigación neurocognitiva. Gabriela Dueñas dice que lo preocupante es que no se conocen los objetivos de esos estudios que se llevarán adelante con niñas y niños del jardín de infantes. “Sospechamos que la investigación busca detectar de manera temprana estos trastornos mentales del tipo de la dislexia, el ADD, el TEA, para luego, desde las mismas fundaciones, ofrecer tratamientos y capacitación”, dice la especialista. “Estos estudios violan los límites de la bioética y vulneran los derechos de las niñas y los niños. Mucho nos tememos que es un anticipo de lo que se viene para todo el país”, dice Dueñas.

Fuente: El Eslabón

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