Un equipo íntegramente conformado por mujeres acaba de culminar la filmación de Quién pudiera, una obra atravesada por las luchas recientes del feminismo.

La semana pasada se terminó de filmar en nuestra ciudad Quién pudiera, una serie web pensada, guionada, dirigida y filmada íntegramente por mujeres. Josefina Baridón, la directora, habló con el eslabón acerca de este proyecto, la ayuda del Instituto Nacional del Cine Argentino, la relación del equipo durante el mes y medio de rodaje y las expectativas ante este nuevo formato que irrumpe desde hace un tiempo y según la propia realizadora, viene para quedarse.

—¿Cómo nació y de qué se trata este proyecto?

—Estudié en la escuela provincial de cine, dirigí cuando estudiaba y mi tesis fue lo primero que hice con presupuesto, que es un cortometraje Cama cucheta, que estrenó ahora.

Mi experiencia estaba limitada a jornadas de una semana de trabajo, esto llevó seis semanas y media.

El proyecto hacía tiempo que lo venía trabajando. Como bisexual y militante por los derechos LGTBI, militancia que se abocó sobre todo desde el año pasado al colectivo de mujeres cineastas, trato de aportar desde ahí, desde el cine. Ante todo soy feminista.

La serie nace porque hace tiempo que tenía ganas de escribir sobre lesbianas y bisexualidad. Y sentarme a escribir es un hábito que voy adquiriendo de a poco. Justo me encontré con Morena, que aparte de amiga y militante lesbiana, una gran escritora, le comenté mi idea y enseguida congeniamos.

“Quién pudiera nace de mi propia militancia bisexual, nace como un deseo de mostrar una historia que escape a los estereotipos fijados en la industria actual”. Así describe Baridón el comienzo de esta serie, que cuenta la historia de tres amigas, Memé (29), Mariana (26) y Sofia (23), que deben lidiar con sus sexualidaddes. “En tono de comedia narramos las peripecias de las mujeres por llegar a cumplir sus metas, personales, laborales, de pareja en el contexto social actual, en la ciudad de Rosario”, explica.

Atravesadas por todas las luchas que el feminismo dió en el último tiempo, Baridón junto a Morena Pardo (co-guionista), debieron modificar varias veces el guión para dar cuenta de los procesos sociales y políticos, cómo la votación del Senado nacional por el aborto legal que se llevó a cabo en agosto. “No sabíamos si salía o no la ley, y en la serie hay un aborto por ejemplo, entonces tuvimos que cambiar algunas cosas sobre la marcha para poder darle un marco real y contemporáneo”, refiere la directora.

La serie comienza con un conflicto: el cierre de Mystica, el único boliche gay de la ciudad, y cómo estas amigas se quedan sin un espacio donde salir a divertirse y sentirse contenidas. “Tiene que ver con cómo vivimos nosotras nuestra realidad, en ese sentido contamos cómo hay que arreglárselas en el micro ambiente lésbico, feminista y abortero, para tener una vida social”, señala Baridón. Y añade: “A la vez, está completamente atravesada por el feminismo y cómo nos llega a nosotras las mujeres. Teníamos muchas ganas de armar esto, veníamos escribiendo tranquilas hasta que surgió el concurso del INCAA y ahí nos apuramos para poder concursar, y ganamos”.

Quién pudiera ganó el concurso de series feb federales organizado por el INCAA y de la categoría serie web de la edición 2018 de Espacio Santafesino.

En ese sentido Baridón hace hincapié en la segunda parte del proyecto: “Logramos lo que muchos nos dijeron que era imposible, conformar un equipo íntegramente de mujeres e identidades disidentes, jóvenes con menos de 10 años de experiencia. La idea era que fuera también un espacio de formación, de aprendizaje, y así lo fue durante las casi 40 jornadas de más de diez horas (hasta 16 en algunos casos) que duró el rodaje.

—¿Se puede decir que fue todo un éxito?

—Sí, totalmente. Yo tampoco tengo tanta experiencia. Me parece que ya desde la escuela no nos dejan acaparar ciertos espacios. Esta bueno que esto que pasó sea un semillero de chicas. Armamos un equipo de 26 años promedio, algunas más grandes y otra muy jóvenes. La convivencia diaria salió muy bien. De hecho hasta compañeros varones se sumaron en algunas jornadas porque necesitamos mucha más gente de la que habíamos previsto.

Clubes, bares, casas particulares y la calle misma fueron los escenarios donde este grupo de más de 30 mujeres llevaron a cabo Quién pudiera. “La verdad que el recibimiento siempre fue bárbaro, en algunos lugares estuvimos hasta tres días filmando y el trato con las locaciones fue genial”, cuenta la directora. “Cada vez que caiamos y la gente flasheaba con la cantidad de mujeres trabajando juntas. No tuvimos ningún tipo de problema en ningun lugar. Salió todo redondo”, dice Josefina acerca de la relación que mantuvieron en cada uno de los espacios donde se desarrolló el rodaje.

Una vez finalizada la filmación se viene la parte más difícil según su directora, y para eso necesitan que se conozca el laburo y que surjan apoyos que permitan un pronto estreno y faciliten la llegada a las casas de lo que parece será un éxito web. “Ahora viene la segunda parte que es la postproducción, la edición y para eso necesitamos fondos que vamos a ir buscando durante el verano para poder estrenar en marzo, tenemos pensadas fiestas, reuniones y seguramente un gran estreno en algun lugar donde puedan ir quienes quieran”, remarca Baridón.

Dos que son una masa

Dentro del equipo feminista, se encontraban dos compañeras de la Cooperativa La Masa que produce este semanario. Ellas contaron un poco acerca de esta experiencia y cómo la vivieron en cada caso. Paula Peña y Carla Scolari participaron activamente del rodaje. Desde sus diferentes roles aportaron a este pretencioso proyecto que busca sumergirnos a través de la comedia, en el mundo de la bisexulaidad y las disidencias.

Paula trabajó como microfonista durante las cinco semanas y habló acerca de la apuesta y el aprendizaje que le dejó: “Para mi la apuesta más importante es el hecho de cómo se conformó el equipo. Que seamos todas mujeres jóvenes para mi fue lo más hermoso. Sobre todo porque lo veo como la concreción de una idea que veníamos militando con varias chicas desde  la creación del colectivo de mujeres audiovisuales en 2017”, reconoció Paula. “A las mujeres jóvenes –continuó Paula– se nos hace muy difícil acceder al ámbito laboral audiovisual. Las pocas mujeres que hay quizás no son las que más cuestionan las conductas machistas de los varones que trabajan en el cine rosarino hace años. Las chicas terminaron inventando un espacio para poder generarse su propia fuente de trabajo para ellas y todas las otras, y eso me parece doblemente valioso”.

“El hecho de haber tenido alguien a cargo y poder transmitir el conocimiento, las ganas y la voluntad de seguir apostando en ese camino, fue muy lindo”, destacó Paula. Y agregó: “Sin idealizar ni romantizar y teniendo en cuenta que el hecho mismo que la estructura vertical y jerárquica que para mi obedece a la cultura patriarcal, del trabajo de filmación, a pesar de eso creamos vínculos entre nosotras de cuidado, empatía, diversión y afecto que me parecen revolucionario”.

Por su parte Carla, quien tuvo la tarea de ser la asistente de dirección, habló también de afectos, vínculos, relaciones que se construyeron en un experiencia única, que según ella la va a acompañar por mucho tiempo. “Fue una suerte que las problemáticas de este sector tan invisibilizado sea tratado en tono de comedia, una experiencia hermosa, sobre todo porque para la mayoría era la primera vez que participamos de un rodaje tan largo con esa estructura”, subrayó. “Fue impactante, todavía hoy estoy procesando lo que fue. Los modos, las formas de tratarnos, de mirarnos, de tratar de tirar todas para un mismo lado. Hay que empezar a deconstruir o construir nuevos modos como este, en que les demostramos a todos que siendo pibas somos capaz de realizar un producto de calidad, sostener en el tiempo relaciones laborales, de confianza, amor y artísticas que nadie confía en que se puedan sostener”, apuntó.

“Yo sin mi equipo de dirección no hubiese podido funcionar como lo hice y creo que eso se sintió en todas las otras áreas”, admitió Carla, para luego ampliar: “La verdad que estoy sorprendida y conmovida de la capacidad que tenemos las mujeres, incluso sin poder laburar en muchos otros espacios, incluso teniendo que pasarla mal para aprender ciertas cosas, el nivel de compromiso de entrega que hubo fue alucinante. Conocí y me hice amigas hermosas, incorporar gente que nunca hubieran podido tener acceso a un proyecto tan grande”.

“Terminamos el rodaje con un poder de empoderamiento increíble, fue muy grande, todos los días descubro algo nuevo y me dan ganas de volver a experimentarlo”, contó Carla. “Estamos construyendo una nueva forma de hacer cine a pesar de   no poder escapar de algunas cosas como la verticalidad. Hicimos historia en Rosario y vamos a seguir apostando a construir historia, realidades delante y detrás de la cámara. Nuestro laburo es un rol político y así lo tenemos que entender para transformar esta realidad opresora y maltratadora”, concluyó.

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