Yo no sé, no. Pedro se acordaba cuando en la escuela de Acindar uno de los pibes de tercero, con sus 8 años, metió una docena de vacas lecheras –que cuidaba por la tarde– medio en broma y medio enojado, ya que un día antes lo habían retado por no bañarse.

Los pibes desde ese día, recuerda Pedro, lo cargábamos diciéndole que le íbamos a regalar para su cumple un corralito, para él, no para las vacas, cosa que duerma separado de las rumiantes, para que no se le pegue ese olor. Con el tiempo, las pibas lo hicieron acostumbrar a bañarse, por lo menos día por medio.

El pibe, Vasquito le habíamos puesto, no terminó séptimo con nosotros, para poder laburar a la mañana. Había aprendido la técnica de ordeñar y, como se levantaba muy temprano, tuvo que terminar la primaria de noche. De todas maneras, los findes se juntaba con nosotros a jugar a la pelo. Cuando la recibía dominada le gritabamos “tirate una pared Vasquito, pero de madera, para el corralito”.

El tiempo pasó, el barrio se agrandó y desplazó a las vacas, y hasta la misma fábrica Acindar, que estaba al lado de la escuela, desapareció en tiempos de Martínez de Hoz.

Un día de diciembre vemos por la tele la cara del Vasquito llorando por el asesinato de uno de sus hijos, que había sido baleado cerca de un super. Se me hizo un nudo en la garganta, me dice Pedro. El Vasquito, el del olor a vaca, el generoso a la hora del fulbito, el que soñaba con que sus hijos fueran a estudiar a una técnica para poder trabajar en una fábrica como Acindar; está derrotado. Los mismos que apoyaron la dictadura desaparecedora de  personas y de fábricas, en ese momento de 2001, le habían arrebatado un pibe. Y todo por un corralito de mierda, se quejaba. Cruzo los dedos, me dice Pedro, como para que este finde no se lleve la vida de ningún pibe por pedir morfi, o laburo, o educación, o salud, o un techo, porque estos cosos que están en el gobierno nos dejan sin lo más elemental. Ayer fueron los poderosos con olor a vaca, que se llevaron puesta la industria. Hoy, los que manejan los meganegocios con olor a bolsones de sojafinanzas, nos hacen pequeños (a veces no tan pequeños) corralitos que nos complican el presente y nos hacen muy fulero el futuro.

Esto me lo dice tratando de encontrar con la mirada del tiempo ese patio de la escuela, ese olor a vacas que tenía el Vasquito y ese corralito que sólo estaba en nuestra imaginación.

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