El año nuevo trae malos augurios en términos económicos. En un contexto recesivo, 2018 fue el peor año para el gobierno de Cambiemos, y lo que viene aleja cualquier expectativa de recuperación. La gestión Macri busca imponer otra vez negociaciones paritarias a la baja. El empleo no está entre las prioridades del modelo M y la desocupación seguirá en ascenso. El recorte en los ingresos frente al alza inflacionaria continuará con impacto negativo en el consumo. Esto conlleva a un retroceso cada vez más marcado del mercado interno, con una industria en estado crítico. Las dudas sobre la marcha de la economía y su solvencia se ven reflejadas en la suba del riesgo país. La actividad económica termina el año en franca contracción, y el ajuste votado en el Presupuesto para 2019 profundizará el derrumbe.

“Al finalizar 2019, el desempleo podría llegar al 14 por ciento, la pobreza se elevaría al 37 por ciento y la devaluación llegaría al 43 por ciento, con lo que el dólar quebraría el límite de los 50 pesos”, según una proyección elaborada por economistas ligados a Unidad Ciudadana, a los que después de tres años de gobierno macrista no se los puede seguir acusando, como hace el oficialismo desde las elecciones de 2015, de querer montar una campaña del miedo. Por cierto, lo que sucedió desde ese año en adelante superó cualquier vaticinio negro.

“El año económico entrante estará signado por políticas de ajuste, tanto en el plano fiscal como en el monetario”, se advirtió en el informe del equipo económico que lidera la diputada kirchnerista Fernanda Vallejos. “Tras el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, el gobierno se autoimpuso un ajuste fiscal muy exigente que llevará a una fuerte reducción del gasto público, incluso mayor a la de 2018”, según el estudio basado en proyecciones monetarias, fiscales y económicas de cara a 2019. De acuerdo al informe opositor, el dólar continuará en alza como consecuencia del desregulamiento del mercado cambiario, que posibilitó una fuga de divisas de 32.200 millones de dólares entre enero y octubre, y del fuerte endeudamiento externo.

“A medida que se acerquen los comicios electorales, es posible que crezca la volatilidad en el tipo de cambio que, sin margen para la intervención, prevemos una devaluación durante 2019 del orden del 43 por ciento, pisando la banda superior de la actual regla cambiaria del Banco Central”, se señaló en el reporte económico, y se agregó: “En un contexto de ajuste, el Poder Ejecutivo deberá recortar gastos en la obra pública, mientras que la participación público-privada ha mostrado un desempeño de malo a prácticamente nulo”.

Miles de pibes y pibas buscan empleo sin tener suerte. | Foto: Andrés Macera

Los economistas consideraron que este escenario “profundizará la caída en la construcción, actividad traccionadora de diversos sectores de la economía, que se agrega a la difícil situación a la que se encuentra sometida la producción nacional debido a la importante depresión del consumo y la apertura importadora”.

Tras una caída promedio del 20 por ciento en la capacidad de compra de los salarios de los trabajadores durante 2018, el peor índice desde 2002, se proyecta una nueva caída de alrededor de 5 puntos en términos reales para el año entrante, lo que redundará en nueva caída del consumo popular. El gobierno quiere fijar un techo paritario del 23 por ciento cuando las expectativas inflacionarias más optimistas son del 28 por ciento. La CGT pidió con urgencia que el gobierno convoque al Consejo del Salario y reclamó un ingreso base de 25.000 pesos para todos los trabajadores.

“Los salarios del sector público seguirán perdiendo poder adquisitivo, mientras que se espera un escenario paritario que se acerque más a la inflación en el sector privado”, se estimó. El estudio de los economistas de Unidad Ciudadana razonó: “Con este panorama y una economía brasileña deprimida (fundamental para nuestras exportaciones industriales) proyectamos para 2019 una recesión de 2 por ciento”.

Para el presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA), Miguel Acevedo, 2018 “fue el año más difícil para la industria desde 2002”, y sostuvo que para 2019 “no se ve un horizonte claro”. En un reportaje con un matutino porteño, Acevedo sostuvo: “El gobierno dice que en marzo vamos a tener noticias positivas, ojalá que sea así, pero nosotros lo vemos con cierto grado de escepticismo. Lo que más nos preocupa es cuándo se va a reactivar el mercado interno”. El titular de la UIA ya había admitido masivas pérdidas de puestos laborales en el sector.

En 35 de los 36 meses que lleva el ciclo de Cambiemos hubo caída en la ocupación, sobre todo en la industria, donde se destruyó casi el 10 por ciento de los puestos que había hasta diciembre de 2015. La Secretaría de Trabajo de la Nación informó que 2018 cierra con 120.000 empleos registrados menos con respecto a 2017. La cifra es mucho mayor cuando se abarca al sector informal. El gobierno naturaliza los cierres de empresas y los despidos, como si fuese una política de Estado para disciplinar trabajadores y bajar “costos” salariales a pedir de grandes corporaciones.

Desde que gobierna Mauricio Macri, la Argentina es un país más desigual. La brecha que separa ricos y pobres se incrementó en un 20 por ciento entre 2015 y 2018. La política de Cambiemos de distribuir recursos económicos de modo regresivo trajo como consecuencia una mayor distancia entre los sectores más acomodados y los estratos más postergados de la sociedad. Así se indicó en un informe de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, que reprodujo el diario cooperativo Tiempo Argentino.

Entre fiesta y fiesta, el riesgo país ascendió a 833 puntos en el primer día hábil posterior al nuevo desembolso del FMI, arrastrado por la menor confianza de los inversores, con una caída de un punto porcentual en la cotización de bonos de mediano y largo plazo. De no ser por el salvataje económico del FMI, la Argentina ya habría entrado nuevamente en default, en cesación de pago de la deuda externa, que durante el macrismo volvió a convertirse en una pelota bien grande difícil de atajar.

“Modelo agotado”

“La economía argentina entra al año electoral con el modelo M agotado. La fantasía inicial de una abundancia de dólares basada en el endeudamiento externo y la atracción de capitales especulativos encontró sus propios límites. La saturación de los mercados con papeles argentinos derivó en el cierre del mercado voluntario de crédito en el verano pasado, generando una reversión del flujo de capitales. La corrida cambiaria iniciada en abril impulsó una brusca suba del dólar con pérdidas de reservas, seguida de un programa de ajuste pactado con el FMI a cambio de unos 53.000 millones de dólares que permitirían evitar la cesación de pagos de la deuda hasta octubre de 2019. La inviabilidad fáctica del esquema de vencimientos de deuda pos 2019, hacen prever una obligatoria restructuración, hecho que explica el alza del riesgo país para los bonos que vencen más allá de octubre”, se señaló en el último informe de coyuntura que publicó el Centro de Estudios Económicos y Sociales Scalabrini Ortiz (Ceso).

Los súper cada vez más vacíos. | Imagen: Juane Basso

“La aceleración de la inflación por el traslado a precios de la devaluación deterioró el poder de consumo de la población. Los salarios perdieron cerca del 12 por ciento frente a los precios mientras que las jubilaciones y asignaciones cerca de un 20 por ciento en lo que va del año. La consecuencia fue una importante caída del consumo que se expresa en la merma de las ventas de los locales comerciales”, se indicó en el reporte del Ceso, que para 2018 midió una inflación del 48 por ciento interanual, “que difícilmente permita una recuperación del consumo, aún frente a los bonos salariales y para beneficiarios de la asignación universal por hijo negociados en las últimas semanas”.

“La elevada incertidumbre cambiaria reinante indujo al gobierno nacional a pagar muy elevadas tasas de interés para intentar contener la dolarización. La medida terminó de derrumbar el crédito a la actividad privada, dando la estocada final al consumo y la inversión productiva”, se analizó en el documento.

En el informe del Ceso, que dirige el economista Andrés Asiaín, también se refirió: “Frente al deterioro del consumo y la inversión privada, el programa de ajuste acordado con el FMI y plasmado en el presupuesto, proyecta una reducción adicional del gasto y la inversión pública. Semejante panorama pone en duda la continuidad del ciclo corto político de los últimos años, marcado por recesiones en años pares (no electorales) acompañadas de breves repuntes en los años impares (electorales). La respuesta al interrogante 2019, ¿año par o impar? dependerá de qué acuerde el gobierno con el FMI en marzo del año que viene, especialmente en lo que hace a la política cambiaria”.

Los conflictos laborales fueron in crescendo en el cuarto trimestre del año, el mal humor social también. Las últimas protestas fueron protagonizadas por docentes y organizaciones de la economía popular. El gobierno sorteó un diciembre difícil, sin que reviente, sin cacerolazos de clase media. Con todos los indicadores económicos en rojo, Macri se fue de vacaciones a la hermosísima Villa La Angostura. En 2019 pondrá a prueba de voto su modelo de ajuste.

Fuente: El Eslabón

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