Escuchas de la Policía Federal alertaron sobre un presunto plan pergeñado por dos presos para matar a Luis Paz, procesado por narcotráfico y enfrentado a Los Monos. El gobierno provincial lo descartó por descabellado. Las miradas apuntan a Guille Cantero, el reo supuestamente desesperado.

Diez días antes de que un juez federal firme el procesamiento del empresario y manager pugilístico Luis Alberto Paz por presunto comercio de estupefacientes y lavado de activos proveniente de ese ilícito, dos reos intercambiaban llamadas telefónicas a 600 kilómetros de distancia con el presunto fin de mandarlo al otro barrio mediante el expeditivo método de depositarle una granada en la celda donde estaba alojado, cuya dificultad física habilitó a uno de los dos a explorar la idea de aderezar con cianuro los alimentos destinados al compañero de unidad penal. Ninguno de esos disparates ocurrieron pero las conversaciones de los presos fueron grabadas por la Policía Federal y su contenido notificado a una fiscal federal, quien a la vez envió un oficio a la cárcel desde la que, un día después, al ser trasladado al penal de Marcos Paz, el empresario recuperó la tranquilidad. Como en los últimos acontecimientos criminales que sacudieron a la opinión pública de Rosario, la sombra de Los Monos también se proyecta en esta presunta tentativa de homicidio por encargo, demostrativa tanto de la desesperación de uno de sus líderes como del poder que aún conserva intramuros, según quién lo mire.

Voces por celular

La historia, propia de un guión no necesariamente ingenioso, es bastante conocida porque su publicación esta semana en el diario La Capital y en medios televisivos provocó una pequeña tormenta de verano.

Un informe de inteligencia de la Policía Federal Argentina (PFA), basado en escuchas telefónicas a dos presos –uno alojado en un penal de Resistencia, Chaco, y otro en el de la santafesina Coronda– da cuenta de comunicaciones entre quienes aparentemente intercambiaban ideas acerca de cómo liquidar a Paz, el empresario caído en desgracia el 10 de diciembre pasado, cuando el fiscal federal Walter Rodríguez pidió su detención por narcotráfico y lavado de dinero.

Paz estuvo detenido en la cárcel de Coronda entre el 12 y el 20 de diciembre, cuando fue trasladado a la unidad penal de Marcos Paz, porque es mejor tenerlo lejos que cerca. Pese a que existía un argumento irrevocable para hacerlo: un preso por causa federal debe estar alojado en una cárcel ídem.

De acuerdo a lo publicado por el periodista Hernán Lascano en La Capital, el 13 de diciembre un reo llamado Jonatan –encarcelado en Resistencia– se comunica con uno en Coronda, y le pide que le pase con un tal Chino, también detenido en la prisión santafesina.

Allí comienzan a pergeñar un plan que, para las autoridades penitenciarias de la provincia resulta descabellado. Las brujas no existen, pero…

El plan consistía, de acuerdo a las escuchas telefónicas, en que alguien le hiciera llegar una granada al detenido de apodo oriental para que éste la colocara en la celda de aislamiento de Paz, recluido por entonces en un pabellón destinado a “presos de alto perfil”. Que, se supone, cuenta con medidas de seguridad más exigentes que en un pabellón común donde conviven internos de a decenas y condenados o procesados por delitos menores.

“Ahí en el lateral donde lo tenían a los otros lo tienen al viejo Paz. Hay un millón y un poquito más”, dice Jonatan sobre el sitio donde se encuentra el objetivo y la recompensa prometida.

“Sí, se puede hacer algo”, le responde Chino, a lo que su interlocutor le dice que “de última que el otro (un presunto cómplice) agarre el millón y yo te hago dar una casa donde vos quieras”, como en aquel viejo programa dominical de Julián Weich, pero con un perfil menos familiar.

Para asegurarse que Chino comprende la finalidad última de la changa encomendada, Jonatan se lo explica con una metáfora neumonológica: “Tiene que toser”.

Durante la conversación, el residente en Resistencia brinda detalles del plan: “Nosotros le hacemos llegar una granada. Es para que le tiren una granada, ¿me entendés lo que te digo?”, le pregunta, como si fuera de difícil comprensión.

Chino se entusiasma, sin ofrecer demasiadas precisiones acerca del cómo, pero probablemente envalentonado por la suma prometida y el sueño del techo propio: “Hacemela llegar boludo, se la tiro yo nomás de alguna forma”, dice.

Después parece caer en la dificultad física para llegar hasta donde está ubicado Paz y las condiciones de seguridad que posee, y le retruca a su interlocutor que en todo caso podría ponerle cianuro a la comida, porque conoce a alguien en la cocina.

De acuerdo al informe de la PFA, el que encarga el trabajo sería un tal “Anteojito”. Ese dato, que coincide con que uno de los jefes de Los Monos, Máximo Ariel Guille Cantero, usa lentes y además estuvo detenido en la cárcel de Resistencia, volcó a los investigadores federales a señalar al condenado de barrio Las Flores como presunto instigador. Señalamiento de difícil probanza en un juicio, valga aclarar.

Un antecedente de mayo 2013 contenido en escuchas telefónicas a los cabecillas de Los Monos, tres días después del asesinato de Claudio Pájaro Cantero, que revela que Guille viajó hasta Santa Fe con la supuesta idea de matar a Luis Paz para vengar el crimen de su hermano, le otorga mayor verosimilitud a este nuevo plan.

El encono entre las familias Paz y Cantero –que se acusan mutuamente de crímenes hasta ahora perfectos, pues no han sido elucidados- contribuye en el mismo sentido.

Ni granadina

El responsable de Asuntos Penitenciarios del gobierno santafesino, Juan Manuel Martínez Saliba, se vio obligado a brindar una respuesta al alboroto que armó la publicación del supuesto plan homicida. Explicó que si bien el 19 de diciembre su área recibió el oficio judicial alertando sobre un posible intento de atentado contra la vida de Paz, las condiciones de seguridad del alojamiento del empresario hubieran hecho de imposible ejecución el disparatado plan.

También dijo que Paz fue trasladado un día después, el 20 de diciembre, no por esa razón sino porque cuando un preso federal ingresa a Coronda automática y rutinariamente se inicia el trámite para que sea destinado a un penal nacional.

Puede ser cierto o no. Lo que no se comprende es por qué Paz sólo duró ocho días en Coronda mientras otros presos federales gozan de estadías más extensas en la prisión santafesina. De hecho, en la misma conferencia de prensa, Martínez Saliba dijo que provincia y Nación tienen un convenio para que Santa Fe aloje a un cupo de 50 detenidos federales, pero actualmente hay 650 presos con este tipo de causas.

Un periodista le repreguntó por qué le tocó a Paz y no a alguno de los otros 600 que exceden largamente el cupo, y no dio precisiones.

“En relación a este presunto plan para matar a Paz nosotros entendemos que las medidas se adoptaron oportunamente y los niveles de seguridad eran los adecuados para un interno como el señor Paz”, sostuvo el funcionario en rueda de prensa.

“Más allá del plan que supuestamente existía –enfatizó–, si fuera tan sencillo llevar a cabo un plan de estos, tendríamos un nivel de incidencia muy alto en la provincia de Santa Fe”. Es decir que a la cárcel no entra ni granadina.

Graficó sus dichos, Martínez Saliba, con los siempre preciados números: dijo que hay 6 mil internos en prisiones provinciales y el año pasado solo hubo dos homicidios intramuros.

Aclaró, por si hacía falta, que no se detectó ninguna granada en Coronda y que Asuntos Penitenciarios no fue notificado del contenido de las escuchas a los internos sino del riesgo que corría la vida de Paz.

“Presuntamente (pretendían) el ingreso de una granada, no tuvimos ninguna novedad al respecto, no detectamos ningún explosivo.

También se dijo que lo querían envenenar. “En las cocinas penales tenemos personal que está custodiando a quienes están cocinando para que esto no suceda. Ese era el plan, pero el lugar de alojamiento era el adecuado al igual que las medidas de seguridad”, insistió Martínez Saliba, quitándole crédito al hallazgo de la Policía Federal sobre los lenguaraces.

“En la celda donde estaba alojado Paz es un pabellón de alto perfil. Ese espacio no puede ingresar ningún elemento desde el exterior, no solo por resguardo del interno, sino para que no pueda operar hacia el exterior”, volvió a aclarar.

Larga penumbra

Como fuera, el hecho puso de relieve la –conocida– facilidad con que los detenidos utilizan telefonía móvil en las unidades penales, no siempre para comunicarse con familiares o seres queridos.

Para voceros del gobierno provincial, lo sucedido también es indicativo de la desesperación que padece el presunto autor intelectual del plan, Guille Cantero, quien el año pasado acumuló altas penas en dos juicios. Que, sumado a la causa federal por secuestro extorsivo que está en trámite y a la acusación como instigador de siete balaceras a edificios judiciales y domicilios de magistrados, lo colocan frente a un horizonte penal penumbroso.

Un funcionario provincial dijo a el eslabón que la situación procesal de Cantero lo ubica en un lugar de desesperación, a diferencia de otros familiares suyo, como su padre homónimo, o miembros de la banda que recibieron condenas menores y llevan varios años detenidos, lo que les permitiría pedir la libertad transitoria o salidas asistidas en poco tiempo.

“El Viejo Cantero hasta hace poco escupía la cámara de la cárcel (de Piñero, donde cumple condena), pero ante el informe negativo del Servicio Penitenciario ahora hace buena letra, porque sabe que puede salir dentro de poco”, dijo el funcionario, y añadió que en una situación similar está Mariano Salomón, el Gordo, también integrante de Los Monos.

En cambio, con una sentencia a 22 años confirmada en segunda instancia en la Justicia ordinaria y otra a 15 en la federal –que aún no fueron unificadas en una sola condena porque la última no se encuentra firme– el panorama luce menos alentador para Guille en cuanto a las chances de recuperar la libertad por medios legales.

“Actúa como un descerebrado”, interpretó la fuente antes mencionada, quien dijo que detectaron que habría dado órdenes desde el teléfono destinado a los internos en el penal de Ezeiza, acción demostrativa de una supuesta desesperación.

También queda en evidencia, si el plan fue pergeñado por “Anteojito”, que su poder de daño y recursos económicos para producirlo se mantienen, aún en prisión.

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