Apenas juramentado para su segundo período, Maduro enfrenta un «show» destituyente fogoneado por Estados Unidos y sus secuaces. Macri y Bolsonaro, los alfiles regionales de Washington.

El presidente de Venezuela Nicolás Maduro juró el jueves pasado ante el Tribunal Supremo de Justicia para iniciar su segunda gestión al frente del país, en el período constitucional 2019-2025, amenazado por Estados Unidos y sus aliados, y una oposición acérrima. “He cumplido con la Constitución. Aquí estoy pues, desde hoy asumo la presidencia de la República para el segundo período por orden del pueblo”, expresó Nicolás Maduro tras el juramento.

Con 56 años, el hombre ungido por Hugo Chávez en su lecho de muerte como su sucesor, inició así una nueva gestión plagada de trabas y con una crisis económica profunda. Además, enfrenta un nuevo y feroz embate por parte de los opositores antichavistas y los Estados Unidos a los que se han sumado más países con sesgos ideológicos pro Washington, entre ellos Brasil y Argentina, que no enviaron representantes al acto.

La Unión Europea (UE) y el grupo Lima (14 países) y la OEA también siguieron los pasos intervencionistas  norteamericanos y se negaron a darle legitimidad al gobierno de Caracas.  Así, un día después del juramento la oposición evalentonada anunció la constitución un «gobierno interino» y el opositor Juan Guaidó, quien era titular de la Asamblea Nacional, se autodeclaró «presidente».

«Allá ellos con su show, su juego y su burla, porque se burlan de su propia gente, acá nosotros con nuestro trabajo, tenemos mucho trabajo por hacer (y) yo seguiré cumpliendo mis funciones para las que ustedes me eligieron, con firmeza, con valentía», replicó Maduro.

La asunción de Maduro del jueves contó con el acompañamiento de los presidentes de Bolivia, Evo Morales, de Nicaragua, Daniel Ortega; de Cuba, Miguel Díaz-Canel, y del Salvador, Salvador Sánchez Cerén y los delegados de otros países aliados como China, Rusia y Turquía. A ellos se sumó Anatoli Bibílov, mandatario de Osetia del Sur, un país no reconocido por las Naciones Unidas. México también respaldó al gobierno de Caracas pero su flamante presidente Andrés Manuel López Obrador no asistió a la ceremonia, lo mismo por el lado uruguayo que sí validó el proceso democrático aunque no viajó su presidente Tabaré Vázquez.

Por su parte, el gobierno de Mauricio Macri desconoció la legitimidad de Maduro y redobló su apuesta al anunciar que la Unidad de Información Financiera (UIF) emitirá un alerta al sector financiero y bancario sobre los riesgos de realizar operaciones con empresas públicas venezolanas o controladas por el Estado venezolano. Pero más lejos fue Paraguay del derechista Mario Abdo Benítez que anunció directamente la ruptura de relaciones diplomáticas con Caracas.

«Nada justifica la agresión contra Venezuela. Somos víctimas de una guerra económica. El cartel de Lima (Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Guyana, Honduras, Panamá, Paraguay, Perú y Santa Lucía) sacó un comunicado ofensivo y violatorio del derecho internacional. Son grupos de gobierno de derecha que pretenden darnos órdenes de lo que debemos hacer y actúan de manera grosera contra nuestro país», expresó Maduro.

Y desafió además a los países del grupo de Lima a una cumbre de presidentes, pero aseguró: “Tienen miedo de vernos cara a cara y escuchar nuestra verdad”.

El jefe reelegido recordó la campaña mediática de manipulación que se ha tejido contra Venezuela desde hace “por lo menos veinte años”. «Nosotros en Venezuela nos defendemos de la manipulación, la mentira mediática, política, las emboscadas (…) Venezuela es un país profundamente democrático, podríamos decir que se refundó la democracia en el país hace 20 años con la Constitución y la Constituyente», resaltó, y la contrastó con otras: “No una democracia de élite ni de magnates”.

«Venezuela es una democracia no solo sólida en lo electoral, es una democracia en construcción para una visión socialista, comunal y revolucionaria (…) Tiene un pueblo que participa permanentemente en los procesos sociales, económicos y políticos de sus comunidades», agregó.

El dardo tenía indirectamente un solo destinatario, uno de sus nuevos críticos que ya se sumó al coro de defensores de la democracia que dirige Estados Unidos, y que no es otro que el nuevo presidente brasileño Jair Bolsonaro.

«Yo no soy un magnate. Nosotros no nos hemos formado en la escuela de la oligarquía y que viven de la entrega al imperialismo norteamericano», siguió.

Maduro reafirmó el llamado de la Revolución Bolivariana a los pueblos del mundo a retomar las banderas en defensa de la libertad e independencia frente a las pretensiones de los poderes hegemónicos de imponer la ideología imperialista.

«El mundo es más grande que el imperio estadounidense y sus gobiernos satélites, hay un mundo más allá, aquí estamos presentes. Ya no es el mundo hegemónico y unipolar y a ese mundo, Venezuela le abre los brazos de respeto, cooperación y hermandad», sostuvo.

También resaltó la importancia de continuar fortaleciendo los bloques de integración, como la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), la Alianza Bolivariana para los pueblos de nuestra América (ALBA) y Petrocaribe “que están seriamente amenazados porque se quiere imponer nuevamente la ideología intolerante, imperialista, intervencionista que caracterizó al siglo XX de América Latina y del Caribe».

Maduro fue electo presidente el 14 de abril de 2013 tras el fallecimiento del mandatario Hugo Chávez. El 20 de mayo del año pasado fue reelegido con el 67,7 por ciento de los votos, en elecciones adelantadas y con gran porcentaje de abstención (alrededor del 50%). La decisión de adelantar las votaciones fue rechazada por lo opositores que en 2017 habían llamado a un referendo revocatorio del mandato de Maduro sin legalidad y que fue un claro intento de derrocamiento que no prosperó.

Así, en la contienda de mayo no participó el grueso de la oposición por considerarla fraudulenta. Entre otras razones, porque adujeron que los principales líderes antichavistas que fueron acusados de golpistas fueron inhabilitados para competir.

La crisis

Venezuela soporta desde hace años el boicot económico de los Estados Unidos y una caída en los precios de su principal producción, la petrolera. Ante un complicado panorama externo e interno, con niveles de hiperinflación y caída del PBI, el país caribeño no ha podido frenar la debacle que empuja a muchos venezolanos a tener que abandonar su terruño. La ONU calcula que 2,3 millones de venezolanos salieron desde 2015, y estima que esa cifra subirá a 5,3 millones en 2019.

Ante el derrumbe de la vital producción petrolera –de 3,2 millones de barriles diarios a 1,13 millones en la última década–, Maduro invitó a sus aliados a invertir en la explotación de oro, diamante y coltán, entre otras medidas con las que intenta frenar la crisis.

En una entrevista al periodista Ignacio Ramonet, realizada horas antes del final de año, Maduro planteó que continuará impulsando nuevas estrategias para la estabilización y aumento del precio del petróleo en el mercado internacional y que avanzará en las transacciones con criptomonedas para contrarrestar las sanciones y bloqueos comerciales de Estados Unidos, la UE y sus aliados.

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