El Reemplazante, por Netflix, trasluce el modelo basado en el mercado que inspira a los gobiernos neoliberales. Consultado por el eslabón, el educador chileno Mario Aguilar valora la producción por revelar cómo este sistema profundiza las desigualdades sociales.

Una serie chilena revela cómo funciona el modelo de educación basado en el mercado, ese que inspira a los gobiernos neoliberales de la región y al que Cambiemos proyecta para la Argentina. Se llama El Reemplazante y se puede ver a través de Netflix. El pedagogo y dirigente sindical del país trasandino, Mario Aguilar, recomienda verla por la realidad con la que muestra cómo “la educación es convertida en un negocio, en un producto de mercado al que se accede de acuerdo al poder adquisitivo que tenga cada familia”.

La historia arranca cuando un ex ejecutivo financiero toma un reemplazo para enseñar matemática en un colegio de las periferias de la ciudad, al que asisten adolescentes en riesgo social. Es la salida laboral que consigue tras estar tres meses en la cárcel por haber mandado a la quiebra a una empresa. El profesor es Carlos Valdivia (interpretado por Iván Alvarez de Araya), quien por esa transformación amorosa y mutua que genera el acto educativo en las personas, comenzará pronto a ser simplemente “el profe Charly” para sus estudiantes.

Son dos temporadas de doce capítulos cada una. Cada episodio expone una problemática educativa y social, donde las similitudes con nuestras escuelas son conmovedoras. Son nuestras pibas y nuestros pibes, son sus rostros, sus vidas, sus dolores y sus sueños reflejados en el “Príncipe Carlos”, como se llama este colegio que vive detrás de la Cordillera.

Cualquier comparación con la catalana Merlí puede resultar odiosa. El Reemplazante fue realizada por la Televisión Nacional de Chile y se proyectó en pantalla entre 2012 y 2013. Mantiene una vigencia impactante, en especial para los países gobernados por las políticas neoliberales, como es el caso argentino.

Muestra distintas preocupaciones que atraviesan a las escuelas de la región, desde cómo el narcotráfico intenta todo el tiempo arrebatar futuros o bien ocupa el lugar del Estado ausente; los embarazos adolescentes, los abusos, la discriminación y hasta la violencia policial o los “ratis”. Y desde ya la marginación y desigualdad que producen la pobreza y la falta de “pega”, como le llaman al trabajo.

También las resistencias al sistema de algunos docentes para intentar ganarles a las profecías autocumplidas y mostrarles a sus “chiquillos” o a esos “huevones” que pueden imaginar otros horizontes. Y el protagonismo juvenil para rebelarse ante las políticas educativas que todo el tiempo los expulsa. Y donde además deben remarla muchas veces en soledad.

Lo expresa muy bien el tema principal de la serie, Mi verdad, que interpreta la rapera y compositora chilena Anita Tijoux: “Por mi piel morena borraron mi identidad/ me sentí pisoteado por toda la sociedad / me tuve que hacer fuerte por necesidad/ fui el hombre de la casa a muy temprana edad”.

En El Reemplazante hay personajes increíbles, en especial el de Maicol (Sebastián Ayala), un cabro, chiquillo o niño (como llaman en Chile a los pibes adolescentes) melancólico, que busca siempre el lado justo de la vida, aunque muchas veces no elija el mejor camino para hacerlo. La relación de cuidado con la Toya, su hermana pequeña, es enternecedora.

La búsqueda por ganarse la confianza y mostrarle a cada una y cada uno su mejor costado es la preocupación común, constante del profesor Charly. Un desafío al que no se resigna abandonar aunque todo el tiempo los empresarios del colegio les recuerden que lo que importa ahí es la “excelencia” y la “educación de calidad”. Un ideal de mercado en el que difícilmente entren todas sus alumnas y alumnos. Igual siempre hay una voz de un viejo director, de una profesora de arte o de una orientadora que invitan a no olvidarse que la mejor manera de enseñar es con el corazón.

En la serie se muestran las estrategias, hasta ilegales, que se dan los dueños de los colegios –muchas veces verdaderas corporaciones representadas por las figuras de las fundaciones– para mantener los incentivos económicos del Estado con los buenos resultados obtenidos, o bien las subvenciones por hacerse cargo de los “cabros en riesgo”. “No pierden por ningún lado… menudo negocio”, revela uno de los diálogos de la serie entre estudiantes que se organizan para una marcha por la educación gratuita.

La serie no le esquiva a reivindicar la Revolución de los Pingüinos, tal como se conocieron las masivas marchas protagonizadas por los estudiantes secundarios chilenos en 2006 en reclamo por el derecho a la educación.

Tampoco a develar el gran mercado de la educación superior, al que sólo acceden los buenos promedios y quienes tienen posibilidades de poder pagarse un estudio, aún así endeudándose de por vida. Hay una escena muy gráfica donde dos jovencitas buscan qué carrera seguir, no por lo que les gusta sino por lo que entra en las posibilidades de sus bolsillos. Y en esas charlas también se reivindica la tradición histórica de universidad pública, gratuita y universal argentina, porque –se escucha apreciar– “allá el Estado se pone con las lucas y los estudios son gratis”.

El Reemplazante fue creada por Javier Bertossi, Nimrod Amitai e Ignacio Arnold. Y los guiones estuvieron a cargo de un equipo de ocho escritores dirigido por Hernán Rodríguez Matte.

Plena vigencia

“Fue una serie que tuvo bastante impacto en Chile porque dio cuenta de una situación de la educación chilena muy verídica, muy real”, afirma el pedagogo Mario Aguilar, quien es también presidente del Colegio de Profesores de Chile (organización gremial con más de 70 mil educadores), militante de la corriente del pensamiento del Nuevo Humanismo, magíster de la Universidad de Chile y autor, entre otros libros, de Pedagogía de la intencionalidad (escrito junto a Rebeca Bize).

Aguilar describe al modelo educacional chileno como “un sistema con una lógica de mercado muy presente, muy ligado a la concepción neoliberal”, con consecuencias muy negativas. “La más brutal es la segregación que genera: en Chile la educación está muy segregada en colegios para ricos, en colegios para medios y en colegios para pobres”, dice.

El Reemplazante –continúa Aguilar– da cuenta de ese contexto en que se desarrollan muchos colegios a los que sólo asisten estudiantes vulnerables y vulnerados, que lejos de promover la movilidad social, profundizan la desigualdad de la sociedad chilena”.

Mario Aguilar habla de la identificación que sintieron muchos profesores con la serie, porque da cuenta de manera muy realista de cómo el modelo de educación chileno “más que brindarles oportunidades de desarrollo a los jóvenes de los barrios marginales”, propone sólo prepararlos como mano de obra.

En la opinión de Aguilar, la cuestión clave de la serie está en mostrar que la educación “debe ser concebida como un producto”. “Eso se aprecia cuando los dueños del colegio privilegian las utilidades y la rentabilidad económica, porque la educación en Chile es un negocio. Y eso, que sea un negocio, tiene muchas consecuencias indeseables. La educación para nosotros no es un servicio ni un producto ni un mercado”, diferencia el educador para posicionarla como derecho.

Recuerda que en los años en que se transmitió la serie, el presidente Sebastián Piñera –también ahora gobierna Chile– había declarado públicamente que “la educación tenía una doble dimensión: era un bien de consumo y era un servicio”. “Y esa definición de bien de consumo –marca Aguilar– fue muy brutal pero también bien real y sincera de lo que ellos piensan”.

“El principal nudo que muestra la serie es la educación convertida en un negocio, un producto de mercado al que se accede de acuerdo al poder adquisitivo que tenga cada familia y de acuerdo con ese poder adquisitivo es la calidad de educación que se va a tener”, alerta el educador.

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