Un análisis del Observatorio de la Energía, Tecnología e Infraestructura para el Desarrollo (Oetec) demuestra que los subsidios a la energía en 2015 eran del 3 por ciento del PBI, y que los subsidios al FMI en 2019 llegan al 3,6.

Bajo el sugerente título “La ruta del dinero Lagarde”, el centro de estudios expresó el sentido del informe: “Cinco imágenes y algo de texto para ilustrar la enfermiza preocupación que para los representantes del neoliberalismo y el FMI tienen los subsidios económicos y, en ellos, los energéticos”.

Un párrafo más adelante, se explica: “Aceptando la crítica –falsa y sesgada– de que en tiempos de kirchnerismo los subsidios energéticos iban a parar a los más ricos, nos preguntamos ¿qué queda por decir ahora para el 3,6 por ciento del PBI en subsidios destinados al FMI? ¿Ningún medio se puso a pensar si son «ricos» y qué tan ricos son los receptores de ese dinero? ¿Ningún periodista notó la diferencia entre «subsidios que ingresan» a los bolsillos de la ciudadanía, las PyMEs, los jubilados y las jubiladas, las universidades públicas, etc. y los «subsidios que egresan» de esos mismos bolsillos por casi igual monto del PBI (no tenemos en cuenta los subsidios ciudadanos pagados a la oligarquía energética vía tarifazo)? ¿Qué fue lo que sucedido en el medio?”.

Fuente: Diario BAE Negocios, 23 de abril de 2018.
Fuente: Diario BAE Negocios, 14 de enero de 2019.

Oetec remarca que “en 2015 se destinó un 3 por ciento del PBI a subsidios energéticos que iban dirigidos a la población en su conjunto. En 2019, se destinará poco más del mismo porcentaje –3,6 por ciento– del producto a saldar los intereses de la deuda”.

El observatorio añade que “en este sentido, debe recordarse, en primer lugar, que en 2015 este gasto representaba el 1,3 por ciento del PBI –incremento del 177 por ciento– y, en segundo lugar, que la deuda pública bruta alcanzó un 95,4 por ciento del producto (308.000 millones de dólares)”.

En uno de los tramos más didácticos del análisis, se puede entender que “cuando el FMI clama por la reducción de subsidios con los tradicionales argumentos críticos (ver imagen), por cierto, exactamente los mismos esgrimidos por el oficialismo, se entiende que lo que está haciendo es simplemente defender sus propios intereses y los de sus socios”:

Fuente: Extraído del documento oficial del FMI con las recomendaciones para la reforma de los subsidios a la energía (ver bibliografía). (1)

Oetec también subraya que “debajo, extraído del documento citado en el epígrafe de la imagen precedente, la explicación de la internacionalizan los precios de los combustibles, a pesar de utilizar en más de un 96 por ciento crudo refinable argentino y de ser autosuficientes en más de un 85 por ciento del combustible demandado localmente”:

Fuente: Extraído del documento oficial del FMI.

También se ilustra “la mercantilización de la energía, haciéndole creer al ciudadano que es un producto más como cualquier otro, o que consumir mucha energía daña el medioambiente”:

Fuente: Extraído del documento oficial del FMI.

El centro de estudios puntualiza: “Como ya señalamos en informe del 19 de julio del año pasado, «Con la reforma energética macrista, diseñada y gestionada por el FMI, los subsidios no desaparecen, sino que se transforman ».

Finalmente, el análisis concluye: “… los miles de millones de dólares que antes invertía el Estado en un sistema energético barato, accesible, asequible, en calidad de derecho humano y herramienta de desarrollo, esos miles de millones de dólares los recibe todos juntitos el ministro Dujovne -vía ahorro a través del tarifazo- para hacer frente a una deuda odiosa, ilegal e insostenible de proporciones históricas”.

(1) Para alivianar la pesada carga que supone la quita de subsidios, el FMI propone políticas focalizadas para los sectores más empobrecidos en lugar de la universalización del servicio. Por ejemplo, afirma el Fondo en el informe citado: «se puede expandir el sistema de autobuses de transporte público, como en Ghana; lanzar programas de distribución de alimentos para los más vulnerables, como en Namibia; o crear programas de empleo del joven y la mujer, como en Nigeria. Otra alternativa consiste en mantener subsidios para los artículos que los pobres usan mucho, como el queroseno, o para el consumo de electricidad por debajo de cierto nivel». En pocas palabras: «africanización» para el mundo entero. Para los más vulnerables micros y no autos; bolsas de comida y no salario decente; programas de empleo diferenciales y no trabajo digno; queroseno y no gas natural ni electricidad. Un discurso similar, por lo conservador y repulsivo, al del ex Ministro Buryaile que nos invitaba a no comer carne, o al del ex CEO-Ministro Aranguren que nos dijo que si la nafta está cara no carguemos el tanque, o al del Presidente Macri que nos pidió apagar estufas en invierno a la noche o usar el buzo del «ex» o el tejidito de la abuela dentro de casa para cuidar juntos el gas.

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