Cintas y luces de colores, muchas voces, un abrazo y un mate (o trago, según la hora). La entrada a La Casa de las Locas no podía ser de otra manera. Se trata de un espacio político, social y cultural que nació en octubre pasado e invita a pensar la construcción de políticas públicas para Rosario, desde la diversidad. Y también reúne a todas las locas que están dando vueltas por ahí y quieren pensar otra militancia y otros mundos: las maricas de antes y los putos de ahora, travas, tortas, trans, madres y abuelas de las plazas, las CFK, las Evitas, las Lohanas Berkins y Diana Sacayan, las mil y una que pueden ser La Paquito y cada disidencia e identidad que rompa con los parámetros establecidos. En diálogo con El Eslabón, miembros del equipo que se puso La Casa al hombro contaron las razones y motivaciones de levantar e impulsar un espacio de estas características, en medio de la crisis económica y del retroceso de derechos.

“Queremos que sea un espacio político, social y cultural de referencia”, explicó Alejandra, sentada en el patio de la casa. La descripción es similar a la de múltiples lugares que ya existen, existieron y existirán. La diferencia está entre quienes lo componen y proponen. La Casa de las Locas está conformada por un grupo de amigos y amigas, compañeros y compañeras, que hace años se vienen encontrando en las marchas. Y en ese andar siempre estaban en la misma vereda. Ahora, apuestan a un lugar de reunión para no ser células desperdigadas por la ciudad. “Algunes participan de otros espacios políticos, otros no, pero lo cierto es que en esos encuentros veníamos concluyendo en que necesitábamos un espacio físico que piense a diversidad de manera transversal y de cara a la ciudad”, sintetizó Alejandra.

En ese sentido transversal, Martín, otro miembro del espacio, aclaró que las reivindicaciones que se levantan desde La Casa de las Locas no son sólo de género, sino también de clase y de raza. “Este lugar termina siendo una intersección que permite que nos encontremos todas esas locas que estamos dando vueltas por ahí y que queremos pensar en una militancia más conectada con reivindicaciones que son netamente políticas y que tienen que ver con pensar nuestros cuerpos, hasta el acceso al trabajo, a la educación, a la salud. No queremos una militancia desprendida de todo eso”, explicó.

Proyectar y resistir

La dirección de La Casa todavía circula por privado. Al lugar se llega preguntando por redes sociales. Después, se sube una escalera bastante alta, muchas veces colmada de bicicletas. Valga la redundancia: te reciben entre papelitos y luces de colores, abundan las voces, el abrazo, el mate amigo. Es un espacio con grandes habitaciones, todas aún vacías, ventilación cruzada, heladera llena, expectativas a flor de piel.
Las 15 personas que la activan diariamente se hicieron cargo del lugar en octubre pasado. La posibilidad de alquilarla surgió de una semana a la otra y frente a eso, ganó la moción de “tirarse a la pileta”. Los primeros dos meses pasaron gracias a fiestas y la ayuda de legisladores y legisladoras que apostaron al proyecto. “Ahora, recién ahora, empezamos a proyectar y abrir para que sea el espacio núcleo de producción de políticas públicas, que permita activar territorialmente, que sea de contención, y ayude a potenciar aspectos vinculados a la cultura”, resaltó Martín. Cabe señalar: si funciona La Casa de las Locas es porque son muchos y muchas más. Sus miembros lo remarcan: la solidaridad y la participación hace que se mantenga de pie y que sus puertas sigan abiertas a esas propuestas y espacios que buscan confluir en pilares más sólidos aún.

Son cuatro las personas que dialogaron con este semanario: Alejandra, Martín, Laly y Franco. De fondo, un compañero que había pasado a saludar tomó la posta del laburo que estaban haciendo y se puso a pintar paredes. Con el paso de la tarde, y ya con el grabador apagado, más miembros de La Casa comenzarían a llegar. El calor, el mate, cómo estuvo la entrevista, qué hicieron en estos días, cómo viene todo para la actividad del sábado, son los temas copan la charla. Según explican, ganó la lógica de construcción comunitaria en la casa y muchas reuniones tienen ese objetivo: fortalecer lazos, buscar formas de pagar la luz y el alquiler, seguir dándole forma a las propuestas para este año.

“Es un desafío, porque la casa se gestiona a pulmón, compañerismo y ganas de seguir luchando”, consideró Laly, también parte de esas 15 personas impulsoras. Laly forma parte de Comunidad Trans Rosario desde sus inicios. Hace casi diez años, las travestis y trans de Rosario se reunían en el primer piso de La Toma para debatir las problemáticas del colectivo. Recién ahora tienen su primer espacio físico. “Cambia todo, tenemos un pilar del que agarrarnos para disparar y hacer”, dijo a El Eslabón. El lugar físico significa desde poder hacer todas las actividades que siempre quisieron hacer hasta ofrecer un espacio de contención. A diferencia del fluctuante horario de encuentro en La Toma, ahora se sabe dónde hay una trava, un compañero o compañera dispuestas a abrir las puertas.

Para Franco, potencia la comunicación entre sus miembros. “Nos veníamos encontrando marchando, literalmente. Y tener un espacio físico hace más fluída la forma de enriquecernos. Yo aprendo una banda. Si fuese solo cruzándonos esporádicamente en marchas o eventos es otro tipo de crecimiento”, sumó. Y agregó: “Mientras nos imponen el sálvese quien pueda, los putos, las travas y las tortas vamos entrelazando la lucha por nuestras necesidades. Avanzamos, nos vinculamos y hacemos fuerza para el mismo lado”.

Redoblando la apuesta

Dicen que una pregunta también suele sobrevolar las asambleas en La Casa de las Locas ¿Por qué ahora, por qué en medio de una crisis económica, por qué cuando la derecha se expande por América latina? La respuesta colectiva parece es clara: por eso mismo. “La Casa llegó en el momento ideal, tenía que ser ahora,con esta gente y estas ideas”, dijo Laly. Franco sumó: “La necesidad de que estén estos lugares estuvo siempre. Pero no es lo mismo la necesidad que la urgencia. Ahora, urge”.

Martín aseguró que hace unos años hubiera sido más fácil en términos de recursos pensar en tener una casa o espacio. “Pero no sucedió. Sucede ahora, cuando el macrismo propone ajustar, recortar y retraer. Nosotros redoblamos la apuesta y decimos bueno, frente a eso ponemos una casa y en esa casa vamos a soñar, proyectar el crecimiento de organizaciones y de espacio de diversidad”. Y Alejandra concluyó: “El neoliberalismo busca romper los lazos solidarios. Y ahí buscamos sobre todo un espacio donde encontrarnos desde el vínculo, el cariño, el acompañamiento. Un espacio que nos permita sostener la esperanza”.

Unides triunfaremos

La mayoría de las personas que se acercan y conforman La Casa de las Locas militan, militaron y/o de alguna manera pertenecen al kirchnerismo y al peronismo. Lejos de ocultarlo la casa nace con esa impronta: discutir dentro del peronismo y el kirchnerismo la producción cultural, las políticas públicas, quiénes discuten, qué referencias se construyen, quiénes militan y quiénes no pueden hacerlo.

Martín destacó que el peronismo tiene en Rosario una historia de militancia en materia de diversidad que empezó hace unos años con referentes muy claros. La organización de las trans y travestis surgió del seno del peronismo y son quienes marcaron el camino de cómo pensarse dentro del campo nacional y popular. “Eso nos diferencia de otros espacios políticos que tienen una historia más ligada al activismo, con quienes nosotros tenemos diferencias más en torno a las cuestiones de territorialidad, a cuáles son las necesidades y demandas de colectivos más vulnerables, como los colectivos de personas trans”, agregó.

“Nosotros vemos que hace unos años comenzaron a surgir en muchas organizaciones políticas espacios de diversidad, frentes de diversidad, pero que a la vez muy pocas de esas organizaciones disputaban en su agenda las cuestiones que tenían que ver con diversidad. La idea de este espacio es poder discutir y disputar la agenda política de Rosario. No queremos ser un ghetto en una organización política. Queremos discutir la ciudad desde la ciudad”, explicó por su lado Alejandra, otra de las integrantes del grupo.

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