Yo no sé, no. Pedro se acuerda de las horas previas a las primeras salidas fuera del barrio, a un lugar cerca de Unión y Progreso, por la calle San Juan, los viernes. Pero antes se iba a la playita de Central, hoy Caribe Canaya, y se mandaba una larga caminata desde Avellaneda y Génova hasta el mercado de San Nicolás y 27 de febrero para tomar el 52, que ahora es el 128. En ese recorrido sentía el olorcito del faldaje de algunas parrillas que anunciaban el comienzo del finde de lo albañiles, ese humito era la previa de un buen descanso. También por ese entonces, aparecía la posibilidad de llevarse un par de materias previas, ya que Pedro no arrancó bien la secundaria.

Una vez, me dice, antes de un partido en el barrio con los de Carlos Casado, nos mandamos una previa con un asadito, como para tantear los ánimos junto a los pibes del barrio de las diagonales que comandaba el Bocón Jorge. Y desde entonces, fue todo un clásico la previa cada vez que nos enfrentamos. Unas horas previas medio con un cuiqui fueron aquellas que padeció Pedro en el primer encuentro con una piba de Acindar, en un asalto organizado en el Barrio Plata. El bombeo de cuore era tremendo, tan lejos y tan cerca de ella, se repetía Pedro.

Luego aparecieron horas previas en la historia de todos, cuando volvían los sueños colectivos a fines de los 60, las horas previas al golpe que instaló la dictadura cívico militar, y hasta no hace mucho, uno se ilusionaba en la previa de una ley que pintaba como inclusiva.

Hoy Pedro extraña aquellas horas previas (salvo las de la dictadura ) y no sólo porque uno era tan joven (y sí, también por eso) sino por esa adrenalina que a uno le recorría por todo el cuerpo. La previa a la primera cita, la del primer laburo, la del primer clásico en el barrio.

Pero sabés qué, me dice, por momentos siento que va a pasar algo importante, que estamos en la previa que nos puede empezar a cambiar la vida, a salir de este infierno económico social que es fogoneado por los que nos gobiernan y los de FMI. Esto me lo dice buscando ese aroma a faldaje y por momentos mirando para el lado de Barrio Plata, donde se sonrió tan lejos y tan cerca de ella.

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