En un tremendo partidazo, canayas y millonarios no se guardaron nada y regalaron un atractivo 1 a 1, en el duelo pendiente de la fecha 15 de la Superliga. Juan Fernando Quintero aventajó al visitante, y Agustín Allione lo igualó.

Central y River no se parecen en nada, sus técnicos  pregonan estilos totalmente diferentes. Pero ambos cerraron el Día de San Valentín, enamorando a propios y extraños, con un partido que no dio respiro, sobre todo en el segundo tiempo.

En los primeros minutos, el dueño de casa aportó las mejores situaciones –desaprovechadas por Fernando Zampedri y Washington Camacho– y los de Núñez pusieron el gol. Otra vez, Juanfer Quintero hizo de las suyas (como el tiro libre que clavó el partido anterior ante Racing) a los 16’ sorprendiendo a un Jeremías Ledesma, que esperaba centro y la tuvo que ir a buscar al fondo de la red.

El conjunto de Marcelo Gallardo se agrandó a partir de la ventaja, y empezó a manejar mejor la pelota, a imponer su juego. Rafael Borré tuvo en sus pies para ampliar el marcador y falló, lo mismo que Lucas Pratto al estrellar un disparo en el travesaño. El enganche colombiano volvió a asustar, ahora con un tiro libre en el que Ledesma se lució.

En el complemento, la acción se duplicó. Porque de entrada nomás, Allione –que venía teniendo un flojísimo partido– se animó desde afuera del área con un remate que no tenía tanta violencia, pero así y todo se le escurrió a Franco Armani e igualó el marcador al minuto de juego.

Quintero seguía siendo lo más peligroso del rival, el que más claridad aportaba en los últimos metros, el que paralizaba los corazones de los hinchas, el que los ponía nerviosos. A los volantes se le volvió a escapar, y con un buen pase dejó mano a mano al recién ingresado Matías Suárez, pero Ledesma le ganó el duelo con una rápida salida.

Edgardo Bauza mandó a la cancha a Claudio Riaño, que en la primera que tocó lo tuvo de cabeza. Pero como toda la noche, estuvo errado. Es que después malogró una clarísima con los pies, a pocos metros de Armani.

El único respiro que dio el encuentro fue cuando una chica ingresó, pintada con los colores de Central y Newell’s, eludiendo el control policial. El árbitro Andrés Merlos detuvo el reloj, mientras la joven dejaba en ridículo a una policía que intentaba atraparla para que el show continúe.

La chica se corrió toda la cancha dejando un mensaje contra la violencia en el fútbol, pintada de auriazul y rojinegra.

Lejos de sacarle ritmo, los muchachos que estaban dentro del verde césped no aflojaron en su búsqueda del arco de enfrente. Camacho remató al palo, Suárez volvió a perder ante Ledesma (una atajó el arquero y la otra fue despacita hasta el palo, tras un malentendido defensivo), y cada avance –independientemente del color de camiseta– parecía transformarse en una jugada de gol. 

El duelo culminó 1 a 1 nomás, y los dos lo pudieron ganar. A Central no le sirve para cortar la racha adversa ante River, ni para ganar por primera vez desde que se reanudó la Superliga, pero sí para levantar el nivel y mostrar que puede dar la talla cuando tiene enfrente a un gran rival, el más complicado de todos los que juegan en el fútbol argentino.

Pinola, considerado persona no grata

La vuelta del defensor Javier Pinola al Gigante de Arroyito provocó –cada vez que la pelota pasaba por sus pies, incluso un rato antes de tocarla– una silbatina que bajaba de los cuatro costados.

También fueron reprobados los ex Newell’s Ignacio Scocco (en el banco), y poco menos Milton Casco y Leonardo Ponzio. Pero el zaguero, sin lugar a dudas, se llevó los insultos más grande.

En la previa al partido, varios hinchas que dialogaron con este medio avisaban sobre la indiferencia que tendrían con el ex Racing. Pero cuando la voz del estadio lo nombró por primera vez, el repudio fue unánime.

El Patón tiene la palabra

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