Dueño de una leyenda plagada de hazañas dentro del verde césped y de un anecdotario interminable, la historia de Tomás Felipe Carlovich está contada en las páginas de Trinche, el flamante libro de Alejandro Caravario, quien afirma que el deporte de la redonda “está muy presente en la vida” del ídolo Charrúa.

Carlovich nació en barrio Belgrano, en el oeste rosarino, donde exhibió por primera vez sus cualidades cuando la pelota caía en sus pies. Luego, llevó toda su calidad a la zona sur de la ciudad, al populoso Tablada, donde hoy es ídolo máximo de Central Córdoba. Su mito creció a tal punto que recibió elogios de personajes de talla mundial, como Diego Armando Maradona, César Luis Menotti y José Néstor Pekerman, entre otros. Esas historias, y muchas más, se pueden encontrar en Trinche. Un viaje por la leyenda del genio secreto del fútbol, de la mano de Tomás Carlovich. Su autor, Alejandro Caravario, definió al ex futbolista que bailó a la Selección Argentina del 74 como un “jugador itinerante, trashumante”.

Alejandro Caravario, por su parte, nació el 13 de agosto de 1963 y se desempeña desde hace décadas en el periodismo gráfico. Trabajó en los diarios Clarín, Olé y Crítica, y en las revistas El Gráfico, Perfil, Siete Días y Mística, de la cual fue director. “La idea del libro fue de la Editorial Planeta”, admite de entrada este hincha de Atlanta, que llegó a jugar en la reserva del Bohemio, y agrega: “Yo conocía la historia del Trinche desde hace muchos años, gracias a rosarinos perdidos por ahí que son parte de la logia y que evangelizan con la figura del Trinche. Y la historia me encantó, me sedujo la idea de meterme con la vida de él, de un ídolo marginal, de un offsider”.

¿Fantasía o realidad?

Tomás Felipe Carlovich es el último de los siete hijos que tuvo Mario, un yugoslavo que se rompió el lomo instalando caños y tuberías para poder sostener a su familia. El Trinche se crió y tiró sus primeras gambetas en el populoso barrio Belgrano. Hizo inferiores en Rosario Central y debutó con la auriazul en 1969, en un amistoso frente a Peñarol, en Montevideo, pero sólo llegó a disputar un partido oficial, frente a Los Andes, ya que el técnico de aquel entonces, Miguel Ignomiriello, no lo tenía en cuenta. De allí pasó a Flandria, donde estaría apenas cuatro meses, y en 1970 se sumó a las filas de Central Córdoba donde su nombre se transformaría en leyenda.

Ilustración: Facundo Vitiello

Caravario aclara que “el libro recrea su biografía deportiva, pero sobre todo indaga acerca de esa construcción colectiva que es Carlovich”. “Es casi una leyenda y siempre lo fue. Independientemente de su biografía concreta, hay un relato colectivo, transgeneracional muy importante con el que vale meterse, tanto más que con las proezas deportivas del Trinche”. Es que muchos de los que aseguran que Tomás Felipe fue uno de los más grandes jugadores, nunca lo vieron jugar. Y tampoco hay registro audiovisual de sus famosos caños dobles ni mucho menos de los firuletes que desparramó en el mítico partido entre la Selección Argentina y aquel combinado rosarino que integraban jugadores de Central y Newell’s, con excepción de un melenudo que militaba en Central Córdoba.

“Estuve con él en su casa, es una persona muy amable, muy cálida, sencilla, dispuesta a charlar”, señala el autor que se dio el gusto de asistir al Gabino Sosa con el héroe vivo del Matador de Tablada. “Charlamos bastante, hemos visto fútbol juntos, y luego empecé a tejer una red en torno a quienes fueron sus compañeros en la cancha. Sobre todo ex jugadores de Central Córdoba, pero también gente de Mendoza (disputó la Liga Provincial con la camiseta de Independiente Rivadavia), de Colón. Además entrevisté a ex compañeros o entrenadores y periodistas que lo vieron en su paso por el fútbol chacarero, porque estuvo en Bigand, en Monte Maíz y en Cañada de Gómez”.

Fascinado por el mito que superó al propio futbolista, Alejandro confiesa: “Para mí, muchas historias con las que me fui encontrando eran nuevas, y tantas otras eran conocidas, porque hay todo un anecdotario sagrado acerca del Trinche. Lo que me sorprendió realmente es que entre la gente que ha estado con él, que ha jugado con él o que lo ha enfrentado o dirigió, es unánime esto de que era un jugador superdotado. Hay muchas historias que siempre están al borde de la exageración, más atentas a la leyenda que al hecho documentado, pero en eso hubo un veredicto unánime. Gente que me dice que compartió cancha con jugadores de primer nivel y nunca vio uno como el Trinche, eso me asombró”.

Recuerdos que mienten un poco

La memoria de Carlovich es tan escurridiza como él ante sus rivales, en épocas en las que aún lucía con los cortos y la 5 del Charrúa. Y así lo padeció –como en su momento lo sufrieron sus marcadores– el cronista de la revista Un Caño a la hora de necesitar datos precisos para la biografía. “Con él podés revisar algunas cosas, conductas. Pero el tema de las campañas, sus goles, no recuerda mucho o no se quiere meter con el pasado. Acusa una memoria muy frágil, de la mayoría de las cosas no se acuerda, o se las acuerda de una manera difusa y siempre te remite a otra fuente, te pide que le preguntes a algún compañero”.

Con respecto a ese pasado, el biógrafo asegura que el protagonista “tiene un recuerdo muy selectivo, se acuerda mucho de sus lesiones con claridad, la jugada en la que se lesionó, algunas peleas y cosas que tienen que ver con el perfil de coraje que quiere presentar. Se acuerda de cosas puntuales, y no todas muy gratas”. Y lamenta que “del famoso partido del 74 contra la Selección Argentina no recuerda nada”, ni siquiera cuando debió ser sustituído en el entretiempo, supuestamente a pedido de los dirigentes de la AFA, para no dejar más en ridículo a ese combinado nacional que se preparaba para jugar el Mundial. “Lo único que menciona es la sensación de la multitud, que fue lo que lo motivó, lo agrandó, lo hizo jugar tan bien, pero después no recuerda una sola jugada”, revela.

Desde que el escritor comenzó a volcar la vida y obra de Tomás Felipe Carlovich en su nuevo libro, se dio el lujo de tirar paredes con el propio protagonista. “Estuve con él en su casa, es una persona muy amable, muy cálida, sencilla, dispuesta a charlar a pesar de sus problemas de memoria. Mira fútbol, estuve con él en la cancha de Central Córdoba adonde suele ir. Tiene una idea formada acerca del equipo, de los jugadores, pero tampoco es que va en calidad de observador autorizado. Se sienta y observa el partido como pasatiempo. Y también compartimos actividades con futbolistas veteranos en algún campeonato amateur, a las que lo invitaron amigos que jugaron con él, que lo conocen. Siempre el fútbol está muy presente en su vida”, lo describe fuera del campo de juego. En tanto, que en el verde césped, Caravario señala que “fue un jugador trashumante, que ha estado en lugares algunos más visibles y otros menos, siempre dentro de la trastienda del fútbol que se ve desde Buenos Aires. Esa parte de su vida es muy interesante, la idea del jugador itinerante, que va por un contrato, juega aquí, allá, por contratos breves. Todo ese mundo está reconstruido por gente que jugó con él”.

Alejandro asegura no haber sentido presiones a la hora de escribir sobre una leyenda viviente. “No pensé mucho en eso, porque conociendo las características del Trinche, que es muy prescindente, no le gusta hablar demasiado de sí mismo, así que te pasa la pelota”. Y agrega: “Lo escribí pensando en los lectores, y no tanto en si le iba a gustar a él. Ni siquiera sé si lo va a leer (risas). No fue un obstáculo sino todo lo contrario, porque había cosas que podía chequear con él, o revisarlas”.

Si bien el libro ya juega en las librerías locales, la presentación oficial será en abril, aún sin fecha precisa, como el natalicio del propio personaje (ver recuadro). El lugar sí está confirmado: la sede de Central Córdoba, ubicada en San Martín 3250.

Era en abril

Hay muchas dudas en cuanto a la fecha de nacimiento de Tomás Felipe Carlovich. Al inicio del libro, Caravario da cuenta de un festejo que le organizaron el 19 de abril. El autor, que tenía entendido que había llegado a este mundo el día 20 del cuarto mes del año, le consulta al agasajado y éste –entre risas– le responde: “No sé cuál es la fecha cierta. En esa época los pibes se anotaban solos”. “¿Y si tenés que hacer un trámite, qué fecha ponés?”, repregunta el periodista. “Depende de cuál documento lleve encima ese día”. Tampoco está tan claro el año. Muchos aseveran que fue en 1946 y muchos otros que ocurrió tres años más tarde. Julio Rodríguez, uno de los máximos historiadores de Central Córdoba y ex integrante de este semanario, aseguró: “La fecha correcta es el 19 de abril de 1946”. Lo cierto que el mito, la leyenda, en definitiva, suman un misterio más en torno a la gigantesca figura del Trinche.

Cambiemos Secretaría por Agencia

Alejandro Caravario no dio muchas vueltas a la hora de opinar sobre el decreto presidencial que semanas atrás echó por tierra la Secretaría de Energía de la Nación, para bajarle el rango a Agencia. “Es un tema que está en el marco de la acción del gobierno nacional, es parte del plan de ajuste”, define, tajante. Y sigue: “Es menos recursos, menos proyectos, menos de todo. Es tan sencillo como eso. Así como otros ministerios se han degradado como parte del plan de ajuste para que salgan más baratos, con el deporte pasó lo mismo”. El periodista y escritor lamenta que “con ajuste, con un retiro del Estado, vamos a tener menos de todo: menos salud, menos educación, y por supuesto, también menos deportes”.

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