Yo no sé, no. Pedro se acordaba cuando aquel fin de semana a fines de los 60 los pibes del barrio que vivían por Iriondo estaban peleados y se habían agarrado feo con los de la calle Crespo y los del pasaje Y, hoy Laprade. Estaban enchinchados con todos, y ese jueves llegó un desafío de un equipo cuyos principales jugadores eran de club Nueva Aurora, que la movían lindo.

Desde esa noche empezó, por parte de uno de los pibes que estaba alejado de las disputas internas, la tarea de amigarnos. “Hay que estar unidos”, nos decía, y tenía razón. Sobre todo ante ese desafío que se nos presentaba, ya que era el primer enfrentamiento con un equipo tan cerca de avenida Pellegrini, que para nosotros era donde comenzaba el centro.

Por ese entonces, un grupo de vecinos se había unido para exigir mejoras para el barrio, que los bondi entraran un par de cuadras, luz en las calle, y sobre todo, que no se corte el agua durante el verano.

Pocos años después, ya haciendo la secundaria, Pedro recuerda que en un baile por bulevar Oroño podía saltar la pica. Eran los del Superior, entre ellos mismos, los de la mañana contra los de la tarde, y los de la noche contra los dos primeros. Aunque, la bronca principal era con los de la Dante, por la cercanía supongo. En ese baile no pasó nada, porque ya por esos años había una unidad en la militancia por cosas mayores, así que las diferencia entre el Supe, la Dante y el Politécnico quedaban en un segundo o tercer orden.

Volviendo a aquel partido contra Nueva Aurora, al final nos presentamos con lo mejorcito y logramos un empate, con el compromiso de otro encuentro y de mantener la unidad para los próximos desafíos. Aparte, convencimos a los de Nueva Aurora que eran parte del sur como nosotros y que no eran del Centro, y fue entonces que formamos con ellos un equipo que dio que hablar. ¡Unidad! ¡Unidad! Qué palabra que pegaba fuerte por aquel entonces, y cuando se conseguía –a pesar de las diferencias– se lograban cosas importantes.

Si ahora logramos la unidad de los que estamos abajo, me dice Pedro, quien te dice le podemos pegar un susto a los de arriba, esos que están unidos, los que cortan el bacalao  para que cada vez la tajada sea más chica para nosotros. A lo mejor, si persuadimos a esos que están ahí casi en la frontera, los derrotamos. Esto me lo dice mirando donde estaba el arco en el que un petiso tiró un centro para que ese rubiecito de apellido Magistral se la mandara a guardar a los de Nueva Aurora, que luego se pusieron la camiseta del sur; o de los vecinos logrando mejoras para el barrio, y también en aquella de pelo largo del turno tarde, que él pensaba no le daría bola por ser del turno noche, y sin embargo en aquel baile ella le regaló una sonrisa.

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