Maxi Falcone, humorista gáfico de El Eslabón, presenta Ezquizomedia, un libro donde resignifica a los superhéroes, el cine, la tele y los hechos políticos que sucedieron durante su niñez y adolescencia, en la década del 80.

Maximiliano Falcone es ilustrador, historietista y humorista gráfico. Con periodicidad, deja sus huellas en publicaciones colectivas como Alegría, o el sitio web local revistarea.com. Incluso en la tira semanal que lleva adelante, junto al guionista Diego Roth, en este periódico: Alguien lo tenía que decir.

Falcone presentará el próximo jueves 21 de marzo su primera novela gráfica en Mal de Archivo (Moreno 477). El encuentro será a las 19, y se promete un diálogo que incluirá al comunicador Lucas Canalda, la firma de ejemplares y dibujos en vivo y directo.

A Maximiliano le gusta dibujar, y el humor, la ilustración y la historieta son excusas para hacerlo. Por eso, entre 2007 y 2008 se lanzó al ciberespacio creando el blog ezquizomedia.com. “Me sirvió para contar cosas que yo ni sabía que podía llegar a decir”, cuenta. “El principal disparador –continúa– fue mi cumpleaños número 40, que coincidió con el estreno de Star Wars 7. Yo me preguntaba cómo podía ser que las sagas de películas que yo había visto cuando tenía 6 años seguían permanentes, y no habían terminado todavía. Por qué a pesar de ser un adulto sigo mirando estas cosas. Al final de cuentas, no lo recuerdo a mi viejo rememorando sagas espaciales que había visto en su infancia. Y más el padre que justamente es el espejo donde uno se mira permanentemente”.

El libro de Ezquizomedia sirvió como soporte de las historias autobiográficas que Falcone revisó desde sus cuarenta pirulos como un flashback a su más tierna edad. Había algo que no había abandonado en el camino: el dibujo.

“César (Libardi), del sello local Rabdomantes, me propuso que vuelque estas viñetas en un libro. Ya desde otra perspectiva, me puse a contar cosas más complejas que el día a día”, dice Falcone. La historia empezó a mutar “con un tono más novelesco, y las cosas vuelven a un punto de partida y cierran”.

La novela gráfica de Falcone se construye a través de recuerdos y registros de época. Se repasa parte de la década del 80, con el resabio de la dictadura y los albores de la democracia: sus grandes desafíos y frustraciones como marco de los sucesos que conmovieron al joven Maximiliano. Las viñetas en blanco y negro que Falcone plasma en Ezquizomedia, retratan la moral del bien y el mal de aquellos “héroes” del pasado como Batman y Robin, y los de actualidad como el narcociéntifico de Breaking bad.

Los grises, tonalidades que tal vez comienzan a verse con el correr de los años, en la adolescencia y la adultez, de alguna manera están expuestos en los trazos de la historieta y en los diálogos y las reflexiones en torno a libros inquietantes como Crimen y Castigo, la música y la sexualidad de los 80, la política y los medios, y la ideología haciendo calle en la vida cotidiana.

“Me ha pasado que en mis historietas ponía cosas personales, y yo decía: A quién le puede interesar lo que yo puedo contar, que yo desnude ciertas cosas delante de gente que no me conoce. Y a veces una respuesta, un comentario que te dice: «A mí me pasa lo mismo». Qué bueno, no estoy solo, esto que me está pasando tiene más sentido”.

Para esto es necesario la honestidad, un concepto que desliza en el prólogo de Ezquizomedia el dibujante e historietista Diego Parés. Falcone dice al respecto: “En la vida cotidiana no tenemos muchas instancias para ser profundamente honestos, y no en el sentido de ser agresivo o brutal con tal persona, sino de contar ciertas intimidades, de contar emociones, ciertas cuestiones. Con lo que está ocurriendo con el feminismo se puede empezar a analizar esto de que a los varones nos cuesta un poco más expresarnos sobre lo que sentimos y sobre las emociones, a lo mejor esto es un recurso para poder decir ciertas cosas”.

La vida es una viñeta

En los comienzos de la web, los dibujos se realizaban desde el mouse, mientras Maximiliano trabajaba de empleado en una empresa. Ya con el proyecto del libro, el autor plasmó sus creaciones desde el papel y el lápiz Rotring: “Primero escribía los guiones, y después fundamentalmente sacaba cosas, y a partir de ahí empezaba a dibujar, me pasaba que todos los capítulos se extendían entre las 7 y 10 páginas”, describe y sintetiza: “El dibujo es mi lenguaje”.  A la vez, lo contrasta con otro oficio artístico: “También soy músico, y me califico no tanto por mi capacidad sino por la necesidad de armar bandas, componer y grabar discos, pero en el dibujo he encontrado un misterio que todavía no he develado, estoy peleando, estoy en esa búsqueda de quedar contento con un dibujo que hice”.

Alguien lo tiene que decir

Maxi Falcone también hace un laburo a dueto con el guionista Diego Roth en la contratapa de este semanario, que produce la cooperativa La Masa: “En un punto, Diego me pone al día en la coyuntura, está más empapado de lo que está pasando. Me ayuda a ver lo que ocurre y yo aporto desde otro enfoque, desde lo gráfico, cuando surge un tema que está en boga, y que se está hablando mucho. Siempre en tono de humor, con la mirada personal al respecto”.

Sobre el dibujo como expresión más acabada, le da un cierre a la nota: “Yo me acuerdo de la frase que dice que todos dibujamos y en la medida que crecemos vamos dejando de hacerlo. Se me ocurre que los que dibujamos, no hemos abandonado esto a lo mejor porque no hemos desarrollado otras formas, como la propia palabra. También creo que el dibujo y la gráfica tienen mucho poder de síntesis. Y pensar lo visual es más efectivo, y llega donde la palabra no”.

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