El libro Vereda de Patricio Carroggio, publicado por la Editorial Municipal de Rosario (EMR), refleja el lenguaje corporal del comportamiento cotidiano.

Una breve fracción de tiempo, un arrebato a las acciones, reacciones, emociones, excentricidades y momentos comunes de personas que transitan el paisaje de la zona céntrica rosarina, es la matriz que muestran las casi cincuenta fotografías que conforman el libro Vereda de Patricio Carroggio.  

Publicado por la Editorial Municipal de Rosario (EMR) a partir de la convocatoria para libros de fotografías 2018, la obra fue seleccionada (junto a 2018 de María Crosetti)  sobre un total de 171 trabajos presentados por un jurado integrado por las fotógrafas Florencia Blanco, Paulina Scheitilin y la editora y curadora Analía Solomnoff.

Caminar, buscar y finalmente sacar fotos callejeras implica la obligación a una ponderación cuidadosa del significado del instante y lograr la captura de esos extraños momentos de surrealismo visual que se generan en el transcurso de un día. En ese aspecto las imágenes que consigue Carroggio se emparentan con lo que alguna vez afirmó el famoso fotógrafo francés Henri Cartier-Bresson: “La fotografía es el impulso espontáneo de una atención visual perpetua, que atrapa el instante y su eternidad”.

Con ojos extranjeros

Patricio Carroggio nació en Barcelona en el año 1979, es licenciado en Cine, TV y Espectáculos. Mira al mundo a través de unos anteojos gruesos, habla pausado y tiene la risa fácil. Llegó a Rosario en 2008 y realizó varias muestras y publicaciones fotográficas; además, dirigió sus propios documentales y de ficción entre los que figuran Sábado hawaiano (2010), El perro de Ituzaingó (2016) y Siempre es tarde (2018).

“Este libro es el fruto de un trabajo que me llevó tres años aproximadamente”, cuenta el autor de Vereda y añade. “Siempre fui muy aficionado a la fotografía pero a partir de 2016 me propuse hacerlo un poco más en serio. Sin embargo, no tenía ningún objetivo concreto sino que simplemente lo hacía por el gusto de hacerlo, y cuando estuvo la posibilidad del concurso presenté mi trabajo”.

Carroggio colgaba sus fotos en la red social Facebook sin ningún tipo de comentario. Esas imágenes resultaban atractivas pero a la vez tenían como un cierto aire de extrañeza mezclada con melancolía. “Siempre saqué fotos porque me gusta hacerlo, pero lo que pasa es que antes no había internet y uno se las guardaba. Con la explosión de internet me gustó la idea de compartirlas y de esa manera conocer gente con los mismos gustos y que también es aficionada”, señala Patricio Carroggio.

Detenerse y observar esa plástica de los cuerpos que van y vienen por el centro rosarino en horario comercial, es un ejercicio no muy común en un mundo donde lo velocidad y las urgencias están a la orden del día. Sólo por eso ya vale la pena demorarse en cada fotografía del libro y realizar la gimnasia casi etnográfica de contemplarnos como sociedad.

La crisis al revés

“A partir de la cantidad de años que estoy acá y la distancia de mi Barcelona natal, me di cuenta un poco que también soy un hijo del 2001. Porque ocurre que cuando se produjo el éxodo argentino a Barcelona, comencé a entablar relación con mucha gente de Rosario con la que trabajábamos allá y me enganché enseguida con la forma de ser de la gente de aquí”, rememora Carroggio, y agrega: “Por las circunstancias de la vida, y como tenía unos ahorros, en 2008 decidí venir acá y tuve la suerte de ser muy bien recibido. Además, Barcelona se había transformado en una ciudad muy excluyente y muy agresiva. Se había convertido en un lugar donde todo el mundo quería vivir y eso hace que sea una cosa bastante desagradable para poder estar tranquilo”. Con respecto a sus años en Argentina sostiene que “vivimos en la periferia del mundo y estar lejos tiene sus complicaciones, pero también ese motivo da la potencialidad de hacer lo que quieras”.

Las imágenes que componen el libro Vereda conforman un vasto tejido de transparencia, misterio y el halo de fragilidad que tiene la mera existencia. A medida que se van pasando las hojas, las fotos producen un goteo de gravidez al primer golpe de vista. “Se da la casualidad, ahora que ya está editado el libro, que me di cuenta que empecé a hacer las fotos en 2016, y es posible que de aquí a varios años se puedan llegar a ver reflejadas ahí las caras del macrismo. Las fotos no están con esa intención, pero la fotografía tiene eso, que captura cosas que uno no ve hasta muchos años después; inclusive hacés una foto y no la ves. Después, cuando la ves en tu casa ves otra cosa. Y si pasan diez años, la seguís redescubriendo, y tal vez con el paso del tiempo eso puede llegar a pasar con este libro”, concluye Patricio Carroggio.

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