En Cambiemos hay tres grupos. Los que están demoliendo ese espacio, los que sueñan que un cambio de marca ofrece chances de ganar en octubre, y los conectados a la realidad virtual. Los dos primeros ya descartaron al Presidente como candidato, y dudan que culmine su mandato.

El calendario electoral inmediato casi seguro que le deparará malas pasadas al gobierno nacional. Las voces más respetadas entre los consultores porteños preanuncian una docena de reveses electorales en los próximos meses, y recién en junio alguna buena noticia para el macrismo.

Este domingo 31 de marzo se llevarán adelante las Paso en San Juan, donde Cambiemos mira desde la popular alta, muy lejos.

El próximo 7 de abril irán a las urnas los electores de dos provincias patagónicas: Chubut y Río Negro. En la primera, el favorito es el peronista Mariano Arcioni, actual gobernador tras el fallecimiento de Mario Das Neves, pero para mala sangre de Macri, el candidato de Cambiemos, el radical Gustavo Menna, advirtió: “Yo no soy representante del gobierno nacional”.

En Río Negro, donde se truncó la re reelección de Alberto Weretilneck, resurgieron las chances del postulante kirchnerista del FpV, Martín Soria. Por Cambiemos participa Lorena Matzen, quien recibió tibios apoyos y visitas de funcionarios nacionales, entre ellos la devaluada ministra de Seguridad Patricia Bullrich. El macrismo no apuesta a descorchar algo ese domingo.

El 14 de abril serán las Paso en Entre Ríos, donde se espera que el peronismo coseche la mayor parte de los votos. Si algo faltaba para darle algo de color a esas Paso, Atilio Benedetti –precandidato a gobernador de Cambiemos– el miércoles pasado logró en Buenos Aires una discutible bendición: “Benedetti va a ser el próximo gobernador de los entrerrianos”, vaticinó Elisa Carrió.

El 21 de abril se desarrollarán las Paso en San Luis, donde Macri sólo puede esperar dolores de cabeza, y el 28 será el turno de Santa Fe, donde todo indica que Cambiemos, con José Corral como candidato a gobernador, a esta altura del año garantiza un tercer puesto cómodo.

El 12 de mayo se elegirá gobernador en Córdoba, distrito en el que Cambiemos protagonizó su primera ruptura como alianza. Es probable que ese fin de semana el Presidente decida tomar una de sus habituales vacaciones, pero esta vez en la luna Europa, que orbita en torno del planeta Júpiter.

Una semana más tarde habrá otras generales a gobernador, en La Pampa, donde también Cambiemos experimentó una primera vez: el candidato del PRO, Carlos Mac Allister perdió por paliza frente al postulante radical Daniel Kroneberger. En esa provincia se espera que gane el peronismo, pero aún si prevaleciera el candidato radical, Macri no podrá cantar victoria.

El 2 de junio, se realizarán los comicios a gobernador en San Juan y Misiones, y recién el 9 de ese mes Macri podrá sentir que respira: el mismo día en que se juegan las adversas generales en Tucumán, Entre Ríos y Chubut, llegará el turno de Mendoza y Jujuy, donde la UCR puede tributar dos victorias a Cambiemos. Poco para el oxígeno que necesita el Gobierno nacional camino a octubre.

La anécdota del crematorio

Hace unos días, se viralizó un relato que pertenece al ex zaguero central de la selección nacional de fútbol Oscar Ruggeri. El Cabezón, como se lo apoda desde siempre, contó que fue a un crematorio y que pidió pasar para observar cómo se incineraban los cadáveres. Lo hizo al aire, en un programa en el que es panelista junto a otros ex jugadores y es conducido por un señor al que le dicen Pollo, quien de entrada sobreactuó su rechazo a tocar el tema en público, simulando retirarse, haciendo gestos ampulosos que indicaban lo inapropiado de la narración de Ruggeri, quien –es bueno reconocerlo– tiene naturales atributos histriónicos.

El resto de los panelistas se dividieron, básicamente, entre quien pedía al conductor que retirara al Cabezón del estudio, alguien que decía que en lugar del crematorio él prefería ir al Planetario y los que –literalmente– lloraban de risa.

En el seno del mejor equipo de los últimos 50 milenios debe estar pasando algo parecido. Un personaje respetado por el resto cuenta una fábula en torno de los pormenores que les esperan a las almas que están por partir físicamente del planeta político, los que se horrorizan en forma sobreactuada ante el natural desenlace, los que dejan sentado en acta que sólo acompañarán al cortejo hasta la puerta del cementerio, y quienes, sin duda los más sinceros, se dejan llevar por las carcajadas al ver los rostros atónitos de quienes deberán poner –literalmente– sus pellejos en esa experiencia flamígera final.

Sin la gracia de Ruggeri, y sin mencionar crematorio alguno, el vicepresidente segundo del radicalismo, Federico Storani, eligió una frase cuasi profética para ilustrar el momento que vive la alianza electoral oficialista: “No puedo asegurar que Cambiemos llegue a fin de año”.

Storani, tal como publicó Redacción Rosario el pasado jueves, consideró que el presidente Mauricio Macri no es el “mejor candidato para Cambiemos” de cara a las próximas elecciones y no descartó que haya una ruptura en el oficialismo.

Que Cambiemos sea sólo una coalición exclusivamente destinada a participar en comicios y no en el Gobierno pudo ser muy bueno para el macrismo y aceptable para la Unión Cívica Radical (UCR) mientras duró la alta imagen positiva de Mauricio Macri, no en medio de la caída en picada que se observa desde hace meses.

La mezquindad que impera en el riñón del macrismo es propia del ADN empresario de sus componentes de paladar negro.

En el artículo mencionado, que lleva el sugerente título “La UCR comienza a despegarse de Macri”, el ex integrante de la Junta Coordinadora Nacional del radicalismo sonó entre lapidario e ingenuo cuando sostuvo: “No puedo asegurar que Cambiemos llegue a fin de año. Hoy es sólo una alianza electoral”. Siendo él mismo un hombre con experiencia legislativa y ejecutiva, y actuar en esta coyuntura como actor visible del guión escrito en las penumbras de la política por Enrique Coti Nosiglia, sabe a la perfección que Cambiemos jamás dejó de ser una alianza electoral.

Fuentes muy encumbradas de la UCR de la provincia de Buenos Aires reconocieron a este semanario que el plan urdido por Nosiglia “está haciendo agua por culpa de la acelerada descomposición del entorno más cercano al jefe de Estado”.

Esos voceros tampoco mencionaron el vocablo cementerio, pero aclararon que el Coti ahora ya no presiona para que haya tan sólo un cambio de candidato –la idea era conformar una fórmula con María Eugenia Vidal acompañada por un radical–, sino que impulsa, junto a referentes de otros sectores, “una jugada más amplia, que le dé al espacio oficialista chances ciertas de poder ganar en octubre”

Incluso uno de los confidentes consultados por el eslabón agregó, sin que le tiemble la voz del otro lado del celular: “Eso en caso de que lleguemos a octubre, está claro”.

Lo cierto es que Storani, sin necesidad de hablar desde las sombras, al ser consultado sobre la situación política en la coalición que componen el PRO, la UCR y la Coalición Cívica-ARI, aseguró que “no sería una locura que el radicalismo rompa Cambiemos para apoyar” al ex ministro de Economía, Roberto Lavagna.

El dirigente boina blanca recordó y amplió: “Ha sido candidato nuestro, algunas declaraciones suyas nos resultaron muy atractivas”. La referencia remite a la postulación presidencial en 2007 por la Concertación para Una Nación Avanzada, que integró la UCR, que cosechó un magro 16,91 por ciento frente al 45 de Cristina Fernández de Kirchner.

Los problemas de Macri no se terminan dentro de las fronteras de Cambiemos, ni están sujetos a los intentos del desmoronamiento de esos límites. Según el consultor Ricardo Rouvier, “va creciendo en la clase dirigencial (empresarios, políticos, empresas periodísticas, periodistas, etc) la idea de que el oficialismo pierde las próximas elecciones (en la ciudadanía de a pie esta idea ya estaba). Todavía no hay ninguna proyección electoral que pueda confirmar esto; pero sí aumenta la sensación de que el gobierno sufriría un revés en las próximas elecciones. Hay algunas señales que confluyen hacia esa idea; el agravamiento de la situación socioeconómica, la pérdida de autoridad de un ejecutivo que no logra controlar el mercado de cambios y otras. Desde la incidencia de la comunicación se observa que pierde peso la palabra presidencial en la dirigencia”.

Aunque contundente, el análisis de Rouvier debería ser complementado con las conclusiones que saca el periodista Carlos Pagni en La Nación: “Un prestigioso economista argentino explicó días atrás, ante colegas extranjeros, que «Mauricio Macri está pesificado». Se refería al fenómeno que rige la dinámica política desde que, en abril pasado, comenzó la incertidumbre cambiaria”.

Pagni, es bueno recordar, cuando oficia de operador, plantea lo siguiente: “El Presidente restauró su relación con Horacio Rodríguez Larreta y María Eugenia Vidal, dañada desde septiembre”. Al leer esa frase se escucha la voz de Marcos Peña en el celular del calvo columnista del diario mitrista.

Pero como suele estar bien informado, Pagni también apunta otras cosas: “El círculo social de Macri está formado por señores de su casa, con poca resistencia al estrés de la lucha por el poder. Dos de esos amigos le sugirieron, en los últimos días, que abandone la carrera y postule un heredero. «Por primera vez no los mandó al diablo», informa un miembro de esa logia. Uno de los líderes de Pro que mejor lo conocen se apresura a aclarar esa reacción: «Que no haya repudiado la sugerencia no quiere decir que admita o piense en un plan B. Él va a pelear y hace bien en hacerlo. Aunque hayamos pasado del ‘vamos a ganar’ al ‘podemos ganar’. Además, el día que Macri no pueda competir, toda la primera línea de Cambiemos estará inhabilitada».

Pero párrafos más arriba, Pagni –a quien se menciona tanto por compartir fuentes que dialogaron con este medio–, pretende interpretar el estado de ánimo de Macri y sus díscolos socios radicales: “El impacto del tipo de cambio sobre la candidatura de Macri es el síntoma de un problema más complejo. La demanda de dólares se explica por la perplejidad electoral. En especial por la evidencia de que Cristina Kirchner sigue siendo la candidata más competitiva del PJ. Los radicales conocen ese calvario. La aprensión que en el ocaso del gobierno de Raúl Alfonsín provocaba el avance de Carlos Menem, con su bandera del salariazo, desmoronaba el Plan Primavera. El 6 de abril de 1989 Clarín titulaba «El dólar cerró a 48 australes y las tasas están muy altas». Estaban en 31 por ciento, en el peor de los casos”.

El periodista de La Nación sostiene: “Sería un disparate equiparar la situación actual con aquel infierno”. Cuando El Eslabón le planteó ese punto de vista a una de sus fuentes, en este caso del radicalismo porteño, la respuesta podría ser un buen disparador para el ensayo de un politólogo: “Ellos (por Macri y sus más estrechos colaboradores) tienen memoria empresarial. De cada megacrisis –las de 1981, 1989 y 2001– salieron indemnes, y hasta fortalecidos. Nosotros tenemos memoria política, y de las dos últimas salimos en ambulancia directo a terapia intensiva”.

Gremios y movimientos sociales también acechan a Macri

Foto: Manuel Costa

Los problemas del oficialismo se extienden como una gigantesca telaraña al universo de los trabajadores y a los sectores sociales más vulnerables. El jueves se conocieron las cifras de pobreza e indigencia.

El 32 por ciento de argentinas y argentinos vive en la pobreza, según datos oficiales. En el conurbano, ese guarismo crece hasta un ignominioso 35,9 por ciento, al punto que en todo el país, el 8,5 por ciento vive en la indigencia.

La situación es tan grave y el conflicto social se desmadra de tal forma que la ministra de Desarrollo Social de la Nación, Carolina Stanley, debió suspender una reunión que tenía prevista con los movimientos sociales, y éstos llevaron sus reclamos al Obelisco, en una masiva concentración encabezada por Barrios de Pie, la Ctep, el Frente de Organizaciones en Lucha y otras organizaciones.

El Gobierno, además, deberá afrontar la movilización nacional del 4 de abril, encabezada por la CGT, las CTA, el Frente Sindical que aglutina al moyanismo, y pequeños empresarios industriales.

Por cuerda paralela, el dólar desbocado y una inflación que galopa a su compás, con tasas de desempleo y caída del poder de compra de los salarios (ver nota “Corrida por el salario” en esta misma edición), la estrategia gremial no se va a circunscribir a las marchas y a la calle, y es más que claro que las paritarias serán otro frente de batalla para el cual el Gobierno carece del poder de fuego de antaño, y seguramente los gremios forzarán que las actualizaciones salariales se acerquen al nivel de los precios de la economía, y con reaseguros.

Octubre es una costa que a la escorada nave macrista le está quedando demasiado lejos.

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