Yo no sé, no. Pedro se acordaba cuando de chico veía a la abuela escuchar la radio con mucha atención, pasando el mediodía entre el pronóstico del tiempo, los números de la quiniela de la nocturna del día anterior, la formación de los equipos rosarinos y la cotización del ganado en pie de Liniers. Terminado el noticiero, uno podía saber qué noticia había cotizado más para la abuela: si comentaba “capaz que vaya a llover”, era el tiempo lo que le interesaba; si decía salió el 11 con una sonrisa, era porque lo había prendido; si decía que no iba a jugar el Bocha Bielli, se preguntaba “quién va a patear los penales”. Al Bocha le tenía simpatía desde que le había hecho un gol en un amistoso al Real Madrid, y siempre decía “¡cuánto vale el pelado!”. Le decía pelado por lo de Bocha, pensaba que no tenía pelo, nunca lo había visto. Y si la última noticia, la de Liniers, la llevaba a fijarse en el monedero y te mandaba a la carnicería, era para asegurarse el puchero antes que aumente.

Por aquellos tiempos, ya en el sur de la ciudad, los terrenos se loteaban cada vez más rápido y su cotización estaba al alcance de casi todos los bolsillos. Lo que tenía valor, y hoy para mí sigue cotizando mucho, eran esos postes de una canchita cerca de la Vía Honda, comenta Pedro. En un partido contra los de Acindar (que tenían un equipazo como el Real), le tocó patear un penal y pensó en cómo lo patearía el Bocha. La cosa es que pegó en un palo y entró, y enseguida buscó entre las pibas la cara de una que le gustaba, que era de Acindar y le sonreía. El valor de aquel poste sería enorme, porque sigue convencido que ayudó a que la redonda entrara.

Cuando los rajaron de ahí, una familia que los necesitaba para el techo, le quiso comprar los postes de los arcos. Pedro les dijo que tenían un valor muy grande, una cotización tan alta, que no se podían vender. Se los damos si es para el techo, no queremos dinero, les dijo. Es como que se los damos a préstamo.

Cuando en los primeros años de los 70 los sueños colectivos renacían, muchos nos enganchamos comprendiendo el valor histórico de las lucha anteriores. La verdad, me dice Pedro, no sé cuando se nos incorporó eso de la cotización de las cosas. Ahora los pibes y no tan pibes dicen “eso garpa”. Hoy, la palabra cotización a muchos los lleva a pensar rápidamente en el dólar, pero para mí (y no le resto importancia al billete verde) si le damos más valor a los sueños colectivos y peleamos para que se hagan realidad, estoy seguro que lo que tengamos en el bolsillo puede empezar a cotizar bien como para no preocuparnos tanto por lo que pasa en las pizarras de Liniers o de “la City”. Esto me lo dice sacando del bolsillo una figu muy borrosa, que le mostré a la abuela allá por el 74, antes de que partiera para siempre mi Haití (como la llamábamos), y le dije: “Aquí lo tiene al Bocha. Vio que no era pelado. ¿Y sabe cuánto cotiza? un fangote de figus”, y la abuela me regaló una sonrisa como la de aquella piba de Acindar.

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