La Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) le tiró flores a Macri por su “aporte” a la libertad de expresión. Sus “contribuciones” a una “mejor” comunicación contrastan con el vaciamiento de medios públicos, cierres, despidos y precarización laboral, con las pautas para medios y periodistas oficialistas y la represión y discriminación contra los críticos.

La Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), trinchera del pensamiento neoliberal, realizó un informe donde felicitó al gobierno de Cambiemos por su “aporte” a la libertad de expresión y por no “agredir” el trabajo periodístico, loas que también fueron un cuestionamiento por elevación al gobierno de Cristina Kirchner. Haciendo alarde de los elogios recibidos de la SIP, asociación continental que representa a propietarios, editores y directores de grandes medios, el presidente Mauricio Macri escribió un tuit donde aseguró que la libertad de prensa en la Argentina es “absoluta”, a lo que se sumaron otros planteos del mandatario destinados a confrontar y polarizar con CFK, siguiendo su estrategia electoral. Sin embargo, desde la llegada de Cambiemos a la Casa Rosada, según recordaron gremios de prensa, se contabilizan en el sector unos “3.500 puestos de trabajo perdidos, cierre de empresas periodísticas, aumento de la precarización laboral y un ataque a los medios públicos que atenta contra la pluralidad de voces”.

“Le recordamos a @mauriciomacri que nunca antes en la historia democrática el periodismo y los medios tuvieron tantas dificultades. Las afirmaciones del presidente llegan al término de una semana en la que se conoció que, de cara al año electoral, los conductores de los noticieros de la TV Pública serán reemplazados por animadores contratados de manera directa, una decisión que acota la pluralidad de voces de la que se jacta la alianza gobernante y que llama la atención en el marco de las `políticas de austeridad´ que proclaman las autoridades del Sistema Federal de Medios y Contenidos Públicos”, respondieron desde la Asamblea de trabajadores y trabajadoras de prensa de la TV Pública, nucleados en el Sindicato de Prensa de Buenos Aires (Sipreba).

Quizá el caso más resonante de ataque a los medios públicos que propició Cambiemos, de la mano de Hernán Lombardi, a cargo del Sistema Federal de Medios Públicos, fue el despido de casi la mitad de la planta de trabajadores y trabajadoras de Télam, la principal agencia de noticias del país. La estigmatización ideológica estuvo entre las principales “causas” de despido. El desarme de Télam se dio en un contexto de recortes y achiques en medios públicos para, según el gobierno, “cuidar el gasto”. Los canales Encuentro, Paka Paka y DeporTV sufrieron el hachazo macrista, reduciendo plantillas laborales y sus producciones. Todo esto mientras se dio una seguidilla de cierres y despidos en medios privados, algunos históricos, y un abrupto corte en el financiamiento para medios comunitarios y cooperativos.

Una de las primeras medidas de Cambiemos, vale recordar, fue el desmantelamiento de la ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, favoreciendo otra vez la concentración del mapa mediático. Así, se marcó el camino de las políticas (en este caso comunicacionales) que se proponía el nuevo gobierno, dominadas por el lucro incesante. La exclusión de Telesur de la grilla de canales, el fin de Fútbol para Todos, el llamado decreto “telcos” con el “cuádruple play”, la fusión entre Cablevisión (Clarín) y Telecom, el decomiso de radios, el cambio de dependencia y vaciamiento de señales educativas y culturales (como Encuentro y Paka Paka), fueron algunos de los pisotones que dio el macrismo en el campo de la comunicación.

En Argentina, diarios, radios y canales de televisión importantes en audiencias, ultracríticos del gobierno anterior, evitan hoy ser hostiles con Cambiemos en cuestiones de fondo, y en muchos casos periodistas de esos medios se muestran sin tapujos como militantes del oficialismo, defendiendo a capa y espada las políticas de entrega y degradación del bienestar general de la población. Es más, algunos de ellos fueron expuestos judicialmente por ser presuntos partícipes de un plan de extorsión y maniobras de inteligencia ilegal, en el marco del caso D’Alessio.

Con los masivos medios de comunicación de su lado, que tejen una inmensa red de propaganda amarilla por ideología y, sobre todo, por negocios, el gobierno y los funcionarios macristas encuentran protección. El rol de los grandes medios en este último tiempo parece estar centrado en la denominada “guerra psicológica”, que ayudó a instalar la regresiva ola neoliberal que arrasa en toda la región. Es una maquinaria capaz de formatear y confundir a la opinión pública, suavizando medidas de gobierno que llevan a una profunda recesión económica, a la desindustrialización y al desastre sociolaboral (ver recuadro).

La actividad periodística no escapa de la crítica realidad que vive la Argentina y está inmersa en el plan de ajuste y precarización que ejecuta Cambiemos bajo tutela del Fondo Monetario Internacional. Con Macri en el poder, hubo detenciones y represión policial contra periodistas y fotógrafos que cumplían tareas en protestas contra el gobierno nacional. Los despidos y los ataques a la libertad de expresión derivaron en grandes actos y multitudinarias marchas organizadas por gremios de prensa, con miles de trabajadores en las calles. En el gobierno anterior, la expresión de protesta más recordada protagonizada por plumas distinguidas y periodistas de renombre fue en un estudio de televisión opositor, en un programa opositor, bajo el eslogan “queremos preguntar”.

“Nunca antes se gastó menos plata en pauta publicitaria que en este gobierno. Dicho de manera directa, esto significa que no se usa la publicidad oficial como un mecanismo para domesticar medios o someter periodistas como sí se hacía antes”, tuiteó Macri en sintonía fina con la SIP y polarizando con CFK.

En efecto, la gestión Macri redujo el año pasado el gasto en publicidad oficial, en un contexto de ajuste generalizado. De 2.439 millones de pesos en 2016 pasó a 2.250 millones en 2018. De todos modos, el Grupo Clarín, el principal multimedios de la Argentina, siguió siendo el principal beneficiario de la pauta que reparte Cambiemos, quedándose con el 20 por ciento del total de la torta nacional. El segundo fue el Grupo UNO (América), bajo control de Daniel Vila, con un 7,2 por ciento; y Telefé (Viacom), con 7 por ciento.

En la Argentina de la libertad de prensa, con la que la SIP le da bombo al macrismo, el reparto de la pauta oficial beneficia a medios y periodistas amigos del gobierno. El vaciamiento de medios públicos, los cierres de empresas periodísticas, los despidos, la precarización y la represión contra trabajadores de prensa no son ejemplos ni garantías de que en el país haya pleno derecho a la comunicación.

Tanta mentira organizada

Las noticias falsas, conocidas como fake news (en inglés), una vieja práctica que en este contexto de revolución digital adquiere otra dimensión, sirven hoy a los experimentos neoliberales para manipular información y machacar con eso de la grieta. La “mentira organizada” penetra en audiencias permeables para mal informar y engañar.

La SIP, en su informe, se refirió a las fake news: “Distintas democracias alrededor del mundo han experimentado fenómenos novedosos, como campañas masivas de intervención y desinformación en períodos electorales, facilitadas por el anonimato, la viralización y el manejo de datos personales propios del modelo de negocios de plataformas digitales y redes sociales”.

Algo que el macrismo conoce y utiliza a su favor en redes sociales y en el discurso oficial, falseando datos, aportando más confusión, influyendo en decisiones personales, logrando captar el voto del propio castigado por sus políticas, diciendo lo contrario a lo que hace, presentado medidas económicas de ajuste como buenas noticias para la población, generando una atmósfera mental de quebranto y resignación. Todo esto con complicidad de los medios masivos de comunicación y como parte del marketing de campaña que vuelve a instalarse con fuerza en un año electoral.

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