“¿Por qué no investigás sobre el Sinter?” La pregunta-sugerencia le llegó a Guillermo Ríos en el momento justo, cuando buscaba qué investigar para su tesis de maestría. El tema era novedoso para él y también para el campo de la investigación educativa. Nada menos que meterse de lleno en la conformación del Sindicato de Trabajadores de la Educación de Rosario (Sinter) a inicios de los años 70. Y algo más: se lo ofrecía Elsa Salvoni, una docente que había protagonizado esa historia. El trabajo de tesis arrancó en 1998, más tarde se amplió y ahora se transformó en un libro: “Hora de abrir los ojos. El proceso de sindicalización docente en la provincia de Santa Fe 1969-9176” (Homo Sapiens Ediciones). Se presenta este miércoles 12 de junio, a las 19, en la librería de Sarmiento 829.

Guillermo Ríos es licenciado en ciencias de la educación (UNR), magíster en ciencias sociales (UNL) y doctor en ciencias sociales (Uner), es miembro del Centro Latinoamericano de Investigación en historia oral de la Argentina, autor de otros libros y publicaciones, y actualmente Secretario de Cultura y Educación de la Municipalidad de Rosario.

Su nueva obra en ese proceso de sindicalización del magisterio en un período tan corto como marcado por fuertes luchas sociales y políticas, en particular sobre la formación del Sinter y el Sintes (Sindicato de Trabajadores de la Educación de Santa Fe) que más tarde se sumarían a la Confederación de Trabajadores de la Educación de la República Argentina, más conocida por su sigla Ctera, fundada en septiembre de 1973.

Hora de abrir los ojos se apoya principalmente en la historia oral que aportan las entrevistadas y los entrevistados, una riqueza de voces que vuelven la lectura del libro en una conversación con esos actores. También en los documentos que lograron resguardarse de la dictadura, en los archivos de los diarios de la época. “Es interesante cómo las protestas en la época pasaron desde los policiales a alguna otra sección interna y luego a la tapa, sobre todo con las huelgas más potentes como la de 1971 que fue muy seguida por todo los medios, porque se inscribía en los procesos de finalización de la dictadura de Onganía”, comenta Ríos a Redacción Rosario de lo que los medios gráficos le devolvían como mirada.

El educador dice que uno de los desafíos de este trabajo es hacer visibles a las y los protagonistas de este proceso que quedaron silenciados, para “que no sea una cuestión de figuras” porque como le señalara una de sus entrevistadas “algunos trabajaban en la superestructura y otros en las bases, pero todos eran necesarios”.

Aspira a que su libro no se limite a la lectura por parte del magisterio o quienes tengan interés en la vida sindical. “Es un libro -define- que hace historia, que hace memoria, que puede contribuir a pensar un período de la historia argentina que fue protagonizado en parte por estas voces que hoy recogemos. Me gustaría que sea leído en esa clave y que no esté anclado solamente en lectores que ejercen la docencia sino también en aquellos que hacen historia oral, que les interesan los procesos que irrumpen desde las bases, que quieren salirse de las lecturas tradicionales donde el sujeto político es múltiple. Mi deseo es que con el tiempo se transforme en un libro de referencia para aquellos que quieran estudiar este período y estos procesos”.

—En el libro decís que “las historias estaban ahí solo había que ir a buscarlas” ¿Qué hay en esa cocina de tu trabajo?

—Eso que digo respecto de que “las historias estaban ahí para ser contadas”, también es una interpelación a qué se entiende por investigación educativa, porque seguimos arrastrando toda una historia donde estas investigaciones están muy centradas en temas curriculares, en didácticas o las socioeducativas en la educación popular. Pero no se han tomado a los procesos sindicales y a los protagonistas de esos procesos como un tema para ser trabajado. Esa vacancia es significativa, el volumen de investigación es muy desigual. También es una decisión hacerlo, porque toda decisión de investigación es una decisión ideológica y política. A mí el tema me llegó a partir de una de sus protagonistas: Elsa Salvoni. Había trabajado con ella como ayudante de Problemática Histórica mientras era alumno de la carrera de Ciencias de la Educación, y cultivamos una amistad más allá de eso. Le conté que estaba terminando mi maestría, que no me gustaba ningún tema y que no sabía qué investigar. Entonces me dice: “¿Por qué no investigás sobre el Sinter?” Y ahí se desató no solo la curiosidad, sino un proceso de trabajo.

—No es menor que quien te acercó al tema fue justamente una docente y sindicalizada.

—Eso fue importante para mí pero sobre todo esta propuesta. Encontré que este tema no estaba transitado ni había bibliografía. Y así empecé. Me tuve que inscribir en una perspectiva teórica y metodológica, es así que me salgo de lo específicamente educativo, empiezo a meterme en el campo de los movimientos sociales y a construir mi aparato teórico. Y cuando comienzo a buscar las herramientas metodológicas me encuentro con la historia oral.

—Que tiene un papel determinante en el libro.

—La historia oral te da ese sostén para estas investigaciones. Una entrevista me fue llevando a otra. También hay que ir ganando confianza con la gente. No había mucha documentación escrita, me refiero a actas, panfletos, documentos. Muchos de esos documentos se quemaron, y algunos habían conservado cosas, eso fue interesante porque a medida que nos fuimos conociendo me brindaron sus pequeños archivos que habían conservado: Elsa (Salvoni), Enzo Traverso, Alicia Cerliani, entre ellos. Me metí en la Casa del Maestro de Santa Fe que tiene una buena biblioteca y encontré mucha documentación. Me ayudó mucho mi hermano Fernando, que es militante de Amsafé, está en la CTA. Me brindó contactos Sonia (Alesso) y Gustavo Teres. Y después fui conociendo a más gente, a Olga Baroni, a Nora Lijtmaer. En Santa Fe a Mabel Busaniche, todas muy generosas que me fueron contactando con otras personas.

—¿Cómo fue el contexto que rodeó a esas entrevistas? El lugar, los detalles…

—Primero hay todo un momento de cuando se acuerda la entrevista. No todos quisieron hablar, algunos desconfiaban, a otros personajes los tuve que perseguir mucho. Y hubo casos, como el de Rosa Fischer de Goldin, que me fui hasta Buenos Aires a entrevistarla. Me recibió en su casa, muy cariñosa y muy predispuesta, me regaló sus libros. Carlos de la Torre me recibió en la sede de la Asamblea Permanente de los Derechos Humanos (Apdh), a Luciano Alonso (padre) lo entrevisté en Santo Tomé; muy pocas entrevistas fueron en bares. A (Haydeé) “Pochi” Varela la entrevisté dos veces: al inicio de las investigaciones en 1998, que me citó en la sede de Amsafé provincial en Santa Fe, y luego muchos años después en otro contexto. Fue la única entrevista grupal que hice con (Pochi), Mabel Busaniche y Silvia Dávila, en la casa de Silvia, donde se abrieron más. Pochi que antes no había contado nada de su vida personal, en esa entrevista lo hizo. Se generó esa cadena en la que una entrevista te lleva a otra, se abrieron agendas. Por ejemplo, pude encontrar así a Susana Do, que estaba como borrada del mapa, la rastreé, la localicé en su casa de la zona sur de Rosario.

—En el libro compartís detalles de qué pasó con estas educadoras, al momento de la entrevista y en la actualidad…

—Eso detalles no los puse en la tesis doctoral pero sí en el libro. Necesitaba que se supiera. Los y las integrantes del Sinter y Sintes, y toda la red sindical que se armó en Santa Fe y en el país, militaban en distintos lugares. Algunos llegaron por primera vez a la militancia, como Liliana Sanjurjo quien hizo su experiencia iniciática allí y como ella un montón de maestras y maestros. Otros ya venían con otra militancia, venían de la nueva izquierda, ya tenían su formación, algunos eran cuadros, otros no, otros militaban en distintos lugares. Hubo desaparecidos, muertos, exiliados. Y muchos de quienes retornaron después del Golpe se quedaron más en una cuestión de su profesión. Volver a las escuelas no fue fácil. Lo cuenta mucho César Oxley sobre lo que pasa cuando se empieza armar Amsafé. También fue una lucha, porque ellos eran, como dice Pochi (Varela), “los subversivos que volvían a las escuelas”. Nosotros nos olvidamos de ese estigma con el que tenían que cargar. Entonces no es menor que me recibieran en sus casas, abrieran la puerta a un desconocido.

—¿Por qué elegiste esa frase de María Teresa Nidelcoff “Horas de abrir los ojos” como título de tu libro?

—Cuando preguntaba sobre qué leían, cuál era la formación que tenían, cuáles eran sus autores de referencia, siempre, y sobre todo en Rosario, aparecía el nombre de María Teresa Nidelcoff y de las publicaciones de La Vigil. La Editorial Vigil producía muchos materiales para el campo docente y que por lo general eran sistematizaciones en torno a experiencias pedagógicas muy concretas. Eran tiradas que se distribuían en toda Latinoamérica, hoy impensables, de hasta 5 mil ejemplares. Y los dos libros de María Teresa Nidelcoff, tanto “¿Maestro pueblo o maestro gendarme?” como “La escuela y la comprensión de la realidad”, aparecían en todas las entrevistas. Cuando llegó la hora de buscarle un título al libro encontré ese fragmento, donde ella llama, interpela y dice: “Bueno, compañeras es hora de abrir los ojos”, de emprender una lucha. Me gustó porque tiene mucha resonancia en el presente, creo que este es un momento para abrir los ojos.

—¿A qué hay que abrir los ojos hoy?

—Es hora de abrir los ojos para poder reflexionar sobre las políticas que hoy se están llevando adelante sobre todo a nivel nacional y los efectos que tienen en el campo educativo. Es hora de abrir los ojos y no tomar ni comprar discursos que ven negativas las prácticas sindicales; es hora de abrir los ojos para volver a articular política y pedagogía. Creo fundamental que es hora de abrir los ojos en torno a las políticas que se están llevando adelante no solo en la Argentina sino en Latinoamérica en contra de la educación pública, de la educación como un elemento de reflexión, de producción de sentido, de crecimiento personal, profesional…

—A propósito de las publicaciones que nombraste de La Vigil, quienes dieron paso a la conformación del sindicato docente tenían la convicción de que además de ser trabajadoras de la educación eran sujetos de producción de conocimiento. ¿Es así?

—Claro, porque justamente ese es el sentido que tiene ser una trabajadora o un trabajador de la educación: ser un productor del conocimiento, no hay una división entre el intelectual y trabajador manual. El trabajador de la educación es un trabajador que produce conocimiento. A lo mejor hoy el docente no tiene ni el tiempo o el espacio para poder sistematizar y producir esa reflexión.

—Cristina Viano rescata en el prólogo que escribe para “Hora…”, que tu trabajo permite vislumbrar una construcción nacional del sindicalismo docente que es alimentada desde construcciones provinciales y no al revés. En otra escala, los testimonios muestran cómo el sindicato santafesino se va conformando desde los distintos rincones de la provincia…

—Abrevar en la teoría de los movimientos sociales te permite también entender estos procesos. Este es un sindicato que se construye desde abajo, es un sindicato – como dicen las entrevistadas- combativo y de base. Todo el proceso histórico hace que ese movimiento que comenzó en las bases, que se desplegó y que implicó que toda la provincia de Santa Fe esté en diálogo simultáneo rápidamente. Todo sucedió en cuatro o cinco años, significó que se dieran las condiciones para que se fundara la Ctera, articulando todo del sindicalismo con todo el proceso que venía desde fines del siglo XIX, con la construcción de la Amsafé, de la Federación Provincial del Magisterio, con la Asociación del Magisterio Católico en la ciudad de Santa fe, desde donde aparece el Sintes. Estoy convencido de que esto es algo que conserva sobre todo el gremialismo santafesino, es un gremialismo de base, es ejemplo para otros procesos sindicales que vienen del movimiento obrero que justamente se han ido más para el lado de estructuras que van de arriba hacia abajo y no al revés.

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