Los resultados electorales de las PASO en Santa Fe presentan un dilema para el campo nacional y popular. No son pocos los votantes de María Eugenia Bielsa que tienen prevenciones a la hora de volcar su apoyo al candidato ganador Omar Perotti. Muchos identificados con el kirchnerismo creen que el rafaelino no es una persona “de fiar”.

Cada una de las diversas razones que lo alejarían de ese ideal, no obstante, no pueden aglutinarse in toto para dar forma definitiva a la tan mentada desconfianza.

En principio porque eso que se da en llamar “progresismo” pareciera ser un ideal algo vago. En diferentes épocas y subordinado a diversos proyectos políticos – sean oficialistas u opositores – este mote asumió diversas agendas. En líneas generales el progresismo es sinónimo de todo lo políticamente correcto. En las últimas décadas en la Argentina el progresismo fue y sigue siendo el patrimonio de todo aquello que encarnó el Kirchnerismo. Ciertamente que hubo intentos de disputar ese término. Y al respecto, Santa Fe tiene mucho que ver: el Socialismo primero y luego el Frente Progresista, ostentaron con justeza el tan codiciado galardón. Cuando el sentido común de la Argentina de los noventa se plegaba de lleno al zeitgest neoliberal, los socialistas en Rosario fueron un faro de una agenda a contracorriente de la época. Sin embargo, el giro progresista que el peronismo comandando por el kirchnerismo, terminó por arrebatarle el podio. En no pocos casos en los últimos años, si se quiere, el frente progresista quedó a la derecha.

Esta situación quedó evidenciada cuando Frente Progresista no sumó apoyos a muchas e importantes iniciativas que impulsaba el kirchnerismo y daban forma al nuevo giro. Entre ellas, tal vez la más emblemática, la controvertida resolución 125 allá por 2008.

No se sugiere en estas líneas que el monopolio de eso que se llama “progresismo” se agota en esta medida, ni que – incluso así sea- significa algo de por sí bueno e incuestionable. Ésta medida como tantas otras han sido objetadas con argumentos válidos y con honestidad intelectual ya sea por parte de aquellos que entendían al progresismo desde otro lugar como de aquellos que no.

Sin embargo, creer que Bonfatti corporiza un ideario progresista que puede contener mejor a aquellos que apoyaron Bielsa en detrimento de Perotti pareciera inconsistente. En primer término porque el rafaelino sin plegarse de lleno a los dictámenes del kirchnerismo acompañó la mayoría de las medidas que éste propugnaba cuando gobernó. En segundo término, aquellas medidas del macrismo que avaló –y se le endilgan como prueba de la tan mentada desconfianza– también fueron apoyadas por el plantel del legislativo del Frente Progresista.

Más allá de contar las costillas, -algo de lo que en política no se salva nadie- sería bueno que aquellos que dudan tengan una ponderación más abierta tendiente a la comprensión de lo que expresa Perotti. Fiel representante de una de las ciudades más pujantes de la Argentina y de todo el interior santafesino, el candidato del “Frente Juntos”corporiza algo que la política muchas veces ha relegado: la producción y el trabajo. Son estas la condición de posibilidad de la distribución ( de la riqueza) y ésta conforma el núcleo duro de eso que hace falta en la Argentina: la igualdad. Sobre estos ejes tal vez se debería restablecer el sentido lábil de eso que se llama “progresismo”. El del socialismo no dio cuenta de ello en los últimos doce años y tampoco pudo brindar soluciones en otras áreas sensibles para la ciudadanía santafesina como lo es la de la seguridad ciudadana. El socialismo comandando el Frente Progresista es un proyecto que muestra claros signos de agotamiento. Parece haber dado todo lo que tenía para dar y es probable que no haya más. El triunfo del candidato no socialista Javkin en Rosario aprobaría esta sentencia.

El progresismo nacional y popular identificado con María Eugenia Bielsa tuvo su oportunidad de conducir el gobierno en Santa Fe y fue derrotado. Sin embargo, no perdió la posibilidad de hacer valer su lugar en el nuevo espacio y esquema que propone Perotti.

En este marco la nave que conduce Perotti, de ganar, se adentrará en aguas turbias y todo parece indicar que tiene pericia para hacerlo. Su triunfo depende, entre otras cosas, de que no nos dejemos llevar por el canto de la sirena progresista. Que alcancemos a analizar y a entender que no sólo está en juego el futuro de la provincia, sino la posibilidad de una síntesis que ha sido relegada, sin la cual eso que llamamos “progresismo” caería en saco roto: la importancia que debe tener la producción y el trabajo como condición de posibilidad de la distribución. Perotti y CFK dieron el primer paso hace rato, es hora de que lo hagan los votantes. Exijámosle –en todo caso– que cumpla. Pero para ello tiene que ganar.

* Instituto de Cooperación Latinoamericana (ICLA-UNR)

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Un comentario

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    Diego Kofman

    15/06/2019 en 12:48

    El Partido Socialista apoyó la elección y la reelección de Gerardo Morales en Jujuy. Forma parte de ese gobierno que tiene ilegalmente detenida a Milagro Salas.El PS también forma parte de cambiemos en CABA, en Mendoza y en Corrientes. Es decir, son parte del oficialismo en todas las provincias gobernadas por cambiemos. El presidente del partido socialista que avala estas Alianzas es Antonio Bonfatti, candidato a gobernador en Santa Fe. ¿y nos vienen a correr con Perotti? Ninguna duda al respecto, el domingo votamos a Perotti y a toda la lista del peronismo unido. Ningún voto para Bonfatti, el cómplice de la prisión política de Milagro Salas.

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