Docentes locales entregarán un prototipo de vivero automatizado a la escuela Magnasco con el objetivo de concientizar el uso racional de los alimentos y la autosustentabilidad.

Un vivero con automatización remota realizado con piezas modeladas por un software en tres dimensiones, será entregado este viernes a modo de donación por la fundación El Sol sale para todos, que encabeza el docente Santiago Laiolo.

El proyecto que se presentará en la escuela 288, Osvaldo Magnasco, de la calle Ovidio Lagos al 1500, en el marco de un encuentro del que participarán docentes, alumnos y autoridades provinciales, tiene como objetivo brindar capacitaciones en espacios educativos en torno a experiencias con cultivos orgánicos y uso de tecnologías renovables.

“La idea es concientizar en el uso racional de los alimentos usando nutrientes naturales y volviendo a recuperar, por ejemplo, el gusto del tomate. El vivero que construimos es más bien pequeño, por eso se puede trabajar dentro de la escuela sin necesidad de trasladarse a otros lugares”.

Laiolo, además, hace una proyección del trabajo: “Esto se puede traspolar en adelante a poder sostener un vivero cada dos chicos, y que se pueda extender anualmente: que un alumno pueda llevar adelante las plantaciones desde ahí, hasta hablar de radiación solar”.

“La mayoría de los miembros que llevan adelante este proyecto poseen discapacidades -precisa el docente-, y a través de este diseño de prototipo de vivero desdibujamos esos límites para trabajar codo a codo, sin diferencias ni exclusiones”.

El referente de la fundación El sol sale para todos, que en abril pasado se presentó en sociedad en un evento desarrollado en el sindicato Empleados de Comercio, que incluyó la exhibición de otros trabajos como el controlador de termotanque solar; contó que el vivero automatizado consta de un kit desarmable hecho con caños de pileta tipo Pelopincho, un golazo a la hora de abaratar costos.

Roberto Helguera, técnico en publicidad y diseñador gráfico especializado en animación 3D, se sumó hace poco al proyecto de vivero a través de un amigo que es alumno de Laiolo: “Santiago me invitó a dar una clase en la Técnica 2 (actual 464) y surgió que necesitaba ayuda con el vivero y le dije que yo podía diseñar en 3D lo que hacía falta para que sea transportable”, contó, y agregó que la otra opción “era hacer un molde y mandarlo a inyectar, pero es necesario mucho más dinero, así que con la impresión 3D se hace de una forma más sencilla y accesible, y es un trabajo profesional”.

Roberto, que sufre una discapacidad motriz, explicó que a toda la parte electrónica que fue diseñada por Santiago Laiolo: luces led y controlador remoto, que permite entre otras cosas, riego automatizado y monitoreo de temperatura y humedad, él le sumó un trabajo de diseño 3D con un programa de software libre: “El vivero está construido en un cubo hecho con caños y uniones para que sea portable, para poder tener una huerta en cualquier lado, en una escuela, en mi departamento, sin necesidad de tener un jardín o una huerta al aire libre. Y saber cuánta luz necesitan las plantas. Al ser algo portable, vos lo podés apilar en un pequeño espacio, lo que resulta sencillo y limpio”.

Este dispositivo que se monitorea por internet o bluetooth, y que fue creado a base de estudio, creatividad y recursos al alcance, se realizó con fines educativos, fue un trabajo local y autogestivo, y pretende extenderse a diversos establecimientos escolares y de investigación.

Roberto Helguera, que se define como autodidacta, brinda clases de diseño en la escuela San Francisquito y comenzó el modelado 3D como una orientación artística. Se volcó ahora a la construcción de objetos con otras finalidades como la energía sustentable y la transmisión de saberes para el campo educativo y popular.

“Intentamos que las personas encaren sus propios proyectos. Es nuestro granito de arena para mejorar el mundo, con las posibilidades que tenemos. Es un laburo muy lindo y hace tiempo que lo quería hacer”, confiesa este muchacho que viene participando de distintos proyectos como el que se plasmó en el acuario municipal: un dispositivo que le permite a las personas no videntes o de baja visión, saber cómo son los peces a través del tacto. Y otro con la fundación que permite también a las personas no videntes saber a tiempo cuándo se llena una taza con bebida caliente, gracias a “una boya, un dispositivo bueno, sencillo, y barato”.

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