Mientras el sector financiero tira manteca al techo tras anuncio de fórmula oficialista de cara a las elecciones presidenciales, la economía real muestra más empresas en crisis, despidos, consumo deprimido y una inflación pum para arriba.

El ruido político que mete la contienda electoral en ciernes tapa apenas un poquito la crisis económica que atraviesa la Argentina, esa que a diario castiga a trabajadores y sectores populares. El anuncio de que el senador Miguel Pichetto acompañará a Mauricio Macri en una fórmula presidencial fue bien recibido por “los mercados”, según se analizó con ahínco en varios medios de comunicación, como si el guiño del establishment empresarial y la troupe financiera fuera la carta indispensable para ganar una elección. Mientras tanto, el nivel de actividad sigue pinchado y la economía no rebota.

En medio del run run electoralista, se destacó el feeling de Pichetto con “los inversores” y, más que nada, con el Fondo Monetario Internacional, organismo que buscará profundizar su plan de ajuste bajo una hipotética segunda administración de Cambiemos y con la alianza parlamentaria de los Pichettos y el PJ conservador, como ocurrió en estos tres años y medio de gobierno macrista. El FMI espera sentado por el avance de las reformas laboral y jubilatoria, que se traducirán en mayores pérdidas de derechos para los trabajadores.

Pero lo cierto es que ni los inversores extranjeros (que, por cierto, demoran sus inversiones), ni los mercados, ni Wall Street, ni la directora del FMI Christine Lagarde votan en la Argentina. Por el contrario, sí recurren a las urnas millones de ciudadanos y ciudadanas que vienen sintiendo sobre espaldas, corazones y bolsillos las consecuencias del experimento neoliberal de los CEOs que desembarcó en la Casa Rosada en 2015.

Mientras muchos hablan del “efecto Pichetto” y del renacer de la esperanza del denominado Círculo Rojo con una eventual reelección de Macri, las protestas de trabajadores despedidos frente a las puertas de las fábricas ya son una postal de la Argentina. El desempleo sube y el salario se achica frente a una inflación que acelera. El consumo popular muestra los peores índices de caída y la economía no sale de la recesión. El último año se destruyeron algo más de 160 mil puestos de trabajo registrados, principalmente en la industria y el comercio. Y el salario promedio se licuó al menos un 15 por ciento en su poder de compra desde 2015, en medio de un clima de desencanto político y depresión económica.

La dupla Mac-Pi debutó en el Precoloquio de Idea, uno de los foros empresariales más importantes, realizado días atrás en Neuquén, con el megayacimiento Vaca Muerta en el horizonte. Caminar de frente al establishment y de espaldas al pueblo parece ser el mensaje. Es decir, seguir explorando el camino recorrido desde 2015. Con el pedido de reformas macroeconómicas bajo el brazo, la fórmula oficialista recibió pulgar para arriba de manera explícita de sectores de la Unión Industrial, de la Asociación Empresaria Argentina (AEA), controlada por Clarín, Arcor y Techint, y compañías que integran el llamado Grupo de los Seis. Algunos venían pidiendo Plan V, proyecto que alentaba una candidatura presidencial de María Eugenia Vidal. Otros apelaron a la prudencia y anticiparon diálogo con todos los candidatos, casi al mismo tiempo que se conocía que la carrera electoral sumaba a la dupla pejota-centrista Lavagna-Urtubey y que Massa cerraba alianza con el kirchnerismo.

Motores apagados

En el mundo empresario no todos festejan la “amplitud” del binomio oficialista, ya que preocupa sobremanera el sistemático cierre de pequeñas y medianas empresas, la tasa de interés al 70 por ciento que hace inaccesible el crédito y también que las industrias que todavía resisten la crisis trabajen con casi la mitad de sus máquinas apagadas.

“El industricidio es generalizado: prácticamente todos los sectores presentan caídas en la utilización de su maquinaria. Los argentinos y argentinas deben recuperar el poder de compra de sus ingresos para que vuelva la producción y el trabajo”, señalaron desde Proyecto Económico, espacio que dirige la economista y diputada nacional Fernanda Vallejos. Y, sobre uno de los sectores más críticos, se agregó: “Con un derrumbe de 18,2 puntos porcentuales en el uso de la capacidad instalada en la industria automotriz y 62,4 por ciento de capacidad ociosa, corre riesgo su supervivencia”.

Lejos de los brotes verdes y la Pichetto fest que musicaliza el mundo financiero, el ajuste económico hace crecer el malestar social. “En la construcción se están perdiendo mil empleos por día en las últimas semanas”, alertaron desde Sitraic, gremio alternativo a la Uocra, al pintar un panorama desolador a nivel nacional con esta dinámica de despidos en el rubro que supo ser boom en el gobierno anterior.

En un contexto de caída de ventas y consumo deprimido, las empresas en crisis se multiplican y los problemas laborales se agravan. Una encuesta de la consultora Manpower Group Argentina sobre Expectativas de Empleo para el tercer trimestre de este año (julio-septiembre), para la cual entrevistó a 800 empleadores de todo el país, reveló que la generación de empleo se mantiene relativamente estable en comparación con el trimestre anterior (+1 por ciento), pero la posibilidad de conseguir un trabajo será cuatro veces más difícil al comparar el mismo período de 2018. La chance de encontrar trabajo en la Argentina, según la misma consultora, es la más baja entre los 44 países del mundo relevados. Esto es “volver al mundo”, en clave macrista.

Arriba del 3

La inflación se aceleró en mayo, pese a la estabilidad cambiaria que generó, en parte, el permiso del FMI al Banco Central para intervenir con reservas y contener el valor del dólar. El Instituto Estadístico de los Trabajadores, que depende de la Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajo (Umet), midió una inflación en mayo del 3,1 por ciento y casi del 20 por ciento en lo que va del año. Así, marcó el quinto mes consecutivo con variaciones de precios por encima del 3 por ciento mensual. En mayo, la inflación fue del 57,4 por ciento contra igual mes del año pasado, la más alta desde 1991.

La canasta de alimentos y el acceso a servicios básicos se hace cada vez más cuesta arriba. El incremento en el costo de vida acumulado desde noviembre de 2015 es del 215 por ciento, mientras que la media de los salarios aumentó 165 por ciento, lo que da cuenta del retroceso en el poder adquisitivo. El propio FMI empeoró sus pronóstico de inflación para la Argentina, que, según el organismo, rondaría el 43 por ciento para todo 2019. Al cierre de esta edición se conocía la inflación de mayo del Indec.

De acuerdo a un relevamiento de la regional Santa Fe del Centro de Estudios Económicos y Sociales Scalabrini Ortiz (Ceso), la inflación supermercado de mayo en la provincia fue del 5,2 por ciento y acumuló en los últimos doce meses casi una suba del 80 por ciento. Según el informe, la inflación supermercado de los primeros cinco meses de 2019 en Santa Fe fue del 23,2 por ciento, bastante más arriba que la media nacional.

Así las cosas, la verdadera pesada herencia tomará forma si el gobierno que viene cambia de signo, atento a las restricciones que encontrará de parte del FMI al momento de querer aplicar políticas contracíclicas que corten la racha negativa de derrumbamiento económico, además de estar atado a la abultada deuda externa que tomó el macrismo, la mayor parte con el Fondo. Cuando Macri finalice su mandato, la economía habrá caído más que en el gobierno de la Alianza delarruista. Por el momento, es evidente que a la economía real no la alcanzó con “la revolución de la alegría” y no hay Pichetto que la reanime.

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