Cinco policías irán a juicio por el homicidio en la seccional 10a de la docente María de los Ángeles Paris. En un mensaje, el ex jefe de esa comisaría, Silvio Cortés, se ufanó de sus golpes a una mujer en crisis nerviosa.

La muerte de la docente María de los Ángeles Paris, ocurrió hace dos años en la comisaría 10a de Rosario. La mujer murió esposada en un calabozo tras una crisis nerviosa.

La fiscal de la Unidad de Violencia Institucional, Karina Bartocci, imputó este martes al entonces comisario de la seccional 10a, Silvio Cortés, y a la suboficial Susana Domínguez por homicidio preterintencional, mientras que la querella particular solicitó la calificación de tormentos seguido de muerte.

El juez penal José Luis Suárez desechó el planteo de la querella y aceptó el de la fiscal, a la vez que decidió dejar en libertad a los imputados hasta que se realice el juicio.

Los dos acusados por homicidio deberán presentarse a firmar cada quince días en una oficina judicial; los tres imputados por incumplimiento de los deberes de funcionario público una vez por mes.

En la audiencia también fueron imputados pero por el delito de incumplimiento de los deberes de funcionario público otros tres policías que prestaban servicio la noche del 3 de mayo de 2017 en la seccional 10ma.

Se los acusa de no haber llamado rápidamente a una ambulancia ante la crisis nerviosa que atravesaba la maestra. Lo hicieron recién después de que fue golpeada, esposada y dejada en un calabozo.

Además, se reveló un audio de la aplicación de mensajería Whatsapp en el que el comisario Cortés se ufana ante una superior –la -inspectora de zona- de darle “piñas” a la maestra y, en otro, le explica que en las cámaras de la seccional no se ven los golpes. Para que se quede tranquila.

Según la investigación, esa noche la bibliotecaria Paris, que se desempeñaba en dos escuelas de Rosario, llegó en estado “crisis subjetiva” a la comisaría, tras haber tomado un taxi en el Carrefour de Pueyrredón y Córdoba.

De acuerdo al legajo, la maestra salió y regresó dos veces al edificio policial, pasó por una casa fúnebre ubicada enfrente e intentó detener un automóvil en la calle que casi la atropella.

Una autopsia posmortem señaló la posible presencia de un síndrome confusional agudo. Todos los testimonios señalan que María de los Ángeles estaba psíquicamente alterada esa noche.

En un momento, cerca de las 22, la bibliotecaria se trepó a la reja de una vivienda vecina y arrojó un saco y una cartera, mientras vociferaba frases incoherentes sobre Dios y el diablo.

De allí fue bajada por el comisario Cortés “de los pelos y del cuello” y sujetada por la sumariante Domínguez “de las piernas” para ser reingresada a la seccional, dijo la fiscal.

Luego fue golpeada, esposada y finalmente recluida en un calabozo boca abajo, donde finalmente murió por un paro cardiorespiratorio, de acuerdo a lo ventilado en la audiencia. Una testigo señaló que mientras la maniataban se hizo pis.

Desde un principio, la familia de la docente señaló que la “habían matado” por las lesiones sufridas. El cuerpo fue sometido a dos autopsias, mientras la causa se mantuvo caratulada como “muerte dudosa”.

La segunda autopsia, realizada por peritos de la Corte Suprema de la Nación, considera que la situación estresante y los golpes pueden haber “coadyuvado” al resultado de la muerte.

Los estudios determinaron la existencia de varias lesiones y las fracturas de dos costillas, aunque es materia de controversia si las quebraduras fueron producto de los ejercicios de reanimación que le practicaron o consecuencia de los golpes.

Una operadora del Sies declaró que mientras les brindaba asesoramiento telefónico a los policías sobre cómo realizar masajes de reanimación (RCP), del otro lado de la línea escuchaba “risas” y pensó que le “tomaban el pelo”.

Una de las pruebas ofrecidas por la Fiscalía y la querella es un audio de Whatsapp que el comisario Cortés le envió a una superior.

“Ahí ví el video, ey cómo la metí, le daba piñas en la boca, en la panza”, dice el oficial, quien en otro audio tranquiliza a la inspectora de zona: “Ahí la grabación de la cámara de seguridad de adelante (de la comisaría) da que la entro bien, así que espero que no va a haber nada”.

Según la querella, debería existir otra grabación de las cámaras internas de la seccional –que poseía tres en ese momento–, pero creen que “fue borrada”.

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