En el pacto Roca-Runciman la Argentina aceptó cláusulas que se le imponen en una derrota tras una guerra. «La Argentina es una de las joyas más preciadas de la corona de su Graciosa Majestad británica», dijo Guillermo Leguizamón, miembro de la delegación supuestamente argentina, en uno de esos elegantes banquetes celebrado en 1931, al firmar el infame acuerdo. “En ese pacto, pareciera que el país perdió una guerra y que esas cláusulas aceptadas fueran la de una derrota”, indica Alberto Ripani, abogado rosarino que investigó este acuerdo en su libro: Claves para comprender el Estatuto Legal del Coloniaje.

“Inglaterra acepta comprar carnes argentinas (ya que sólo las comerciaba con sus colonias), mientras que la misión argentina acuerda favorecer la intervención británica en la licitación, el plan de devaluación cambiaria y la eliminación de todo tipo de medidas proteccionistas. Además, 250 productores británicos fueron liberados de todo tipo de retenciones y la monopolización de la producción de carbón que eran producidos en pequeños talleres argentinos, entre otras medidas contrarias a los intereses nacionales”, explica Ripani a el eslabón.

La Década Infame

El presidente era Agustín Pedro Justo (1876-1943, ingeniero, militar, diplomático y político) ocupó el sillón presidencial de 1932 a 1938, en la llamada Década Infame, por el período de fraudes electorales y corrupción, que comienza tras el golpe militar del general Félix Uriburu contra el presidente Hipólito Yrigoyen. Justo, envío  al frente de la delegación “negociadora” a su vicepresidente, “Julito Roca”, hijo del ex presidente, general genocida y saqueador de la Patagonia.

En eso de andar juntos de brindis y agasajos por salones londinenses, el 10 de febrero de 1933, el Príncipe de Gales afirmaría: “Es exacto decir que el provenir de la Nación Argentina depende de la carne. Ahora bien: el porvenir de la carne argentina depende quizás enteramente de los mercados del Reino Unido”.  Julito le responde: “Argentina, por su interdependencia recíproca, es, desde el punto de vista económico, una parte integrante del imperio británico”.

Caseros y las entregas

Para Ripani la “Confederación Argentina pierde gran parte de la soberanía nacional tras la batalla de Caseros (1852) y que nunca se recuperó”. “Se reconoce la independencia de Paraguay, que Rosas quería integrar a nuestro pueblo; se reconoce la entrega de las Misiones Orientales a Brasil, y perdemos la posibilidad de que el militar Oribe lograra la reunificación con la Banda Oriental. También Urquiza, al mediar por disputas territoriales le cediera más territorios al Brasil”, agrega.

Pero, el ex virreinato de Brasil no se atomizó como los pueblos de habla castellana, que se dividieron en 20 partes. “Con la invasión del imperio napoleónico, la corona lusitana se traslada a su colonia brasileña y la corte completa navegó con la ayuda inglesa. Era una elite acostumbrada a negociar y guerrear en el primer nivel, buscaba extenderse en América y la política británica no se mete en el interior del territorio brasileño”, observa el investigador.

La resistencia de Forja

Al comentar el objetivo de investigar las Claves para comprender el Estatuto Legal del Coloniaje, Ripani dice que ya hace unos seis años trabajó sobre el tema en su monografía para la inscripción a la Cátedra de Historia Constitucional Argentina. “Me llamaba la atención básicamente dos cosas. Primero que un senador fuera asesinado en el mismo Senado, ¿cómo ocurre algo tan grave y qué estaba investigando?”, aclara el abogado. Y añade que por otra parte, le interesaba “ese grupo de intelectuales tan brillantes como los que conformaron –el 29 de junio de 1935– la Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina (Forja), quienes investigaron al andamiaje en que se basa el estatuto del coloniaje”.

“Pensadores que, primero actuaron desde la resistencia yrigoyenista al golpe militar del 30, de la que se habla poco”, remarca Ripani, para luego recordar que entre esos intelectuales de Forja se destacaban “Ortiz Pereyra, Gabriel del Mazo, Arturo Jauretche, Homero Manzi, Raúl Scalabrini Ortiz, Luis Dellepiane, Homero Manzi, Hernández Arregui y Jorge Luis Torres, entre otros”.

Ripani señala que “ese grupo de intelectuales fueron dejados fuera de la facultad, la prensa y las editoriales. Pero se las arreglan con nada por y se juramentan seguir dando discursos aunque no fuera nadie a sus actos”. Y subraya que en esa época no se hablaba de coloniaje. Pero Scalabrini, en Política británica en el Río de la Plata, dice que “en realidad lo primero que vemos (1816) fue una mera independencia solamente política, pero no en lo cultural y político”.

También indica que “además –por ejemplo– de centralizar la red ferroviaria, la colonización cayó sobre lo espiritual y cultural del pueblo. Scalabrini denuncia también el genocidio gaucho, había que cortar raíces de indio gaucho y mestizos”, resalta Ripani.

Firma del Pacto Roca-Runciman

Ellos lo llamaban “campañas de pacificación”, como cuando en noviembre de 1861, en Cañada de Gómez (80 kilómetros al oeste de Rosario) las tropas porteñas unitarias al mando del uruguayo Venancio Flores, enviadas por Bartolomé Mitre, pasan a degüello, por sorpresa y de noche, a más de 200 gauchos y soldados de la Confederación Argentina.

Además, señala que como Forja, “un impensado que viene desde el riñón de la oligarquía, con un gran patrimonio, Lisandro de la Torre realiza una profunda investigación del tratado”.

En su investigación, el abogado rosarino señala que “Scalabrini decía que la moneda era como la sangre de una Nación, pero el Banco Central, la acumulación de monedas queda en manos de varios representantes en Buenos Aires de la Baring Brothers, la Banca Morgan y la Leng, Roberts and Company. Bancas acreedoras del gobierno argentino”.

¿Y hoy?

“En el libro damos una puntas para analizar hoy la vigencia del coloniaje. Tenemos aún la ley de entidades financieras, que era de la dictadura y no se tocó más. Sigue la ley de minería, que en la misma Constitución del ‘94 pone en cabeza de las provincias los recursos provinciales, antes controlados por la Nación, no quedaban aisladas, a veces negociadas y entregadas”, advierte.

Sobre los enclaves económicos como los de Lewis y Benetton, apoyados por el gobierno y custodiados por Gendarmería, Ripani recuerda que Forja afirmaba que “las mejores tierras de la Patagonia son británicas”. “Hoy apareció un imperialismo sin patria, la oligarquía financiera internacional que detentan nuestras tierras”, denuncia el investigador.

“La colonización pedagógica”

La segunda independencia debe fijarse también sobre la cultural  y la educación que forma una sociedad de consumo y colonizada, advertía Jauretche al denunciar “la colonización pedagógica”.

En ese marco, también se refiere a la responsabilidad de la universidad pública, en la formación e investigación, no todas dedicas a los intereses nacionales. “El aparato universitario de una neo colonia, reproduce la lógica del neoliberalismo, el iluminismo y suele descartar las raíces de nuestro  pueblo”, considera el abogado.

Y cuestiona también Ripani eso de “volver al mundo”. Y se pregunta “Pero cómo volver con dignidad y respeto. ¿Cuántos limones hay que exportar para equiparar eso con un satélite, con todo lo que produce y el trabajo que genera?”.

Y finaliza, sosteniendo que “desarmar el nuevo Estatuto Legal del Coloniaje es la tarea histórica de los argentinos que abre una ventana al futuro”.

Ripani trabaja en su estudio jurídico de Rosario y su libro se puede adquirir a través internet.

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