Ambos estuvieron el 20 de Junio en Rosario, pero es obvio que al presidente y su antecesora no los representa la misma insignia. ¿Por qué y quiénes operan desde Buenos Aires sobre Perotti? El PJ santafesino, fuente inspiradora de la unidad del peronismo nacional.

Según quién cuente, Santa Fe es el tercero o cuarto distrito electoral en importancia tras la provincia de Buenos Aires y la Capital Federal. Siempre está presente la discusión con Córdoba, por un puñado de habitantes, pero lo cierto es que nadie puede negar el peso de la bota en elecciones nacionales: aporta nada menos que el 18 por ciento al padrón general.

Los focos puestos en la bota

Hacía mucho tiempo que la política nacional, por variadas razones, no ponía el foco en la provincia de Santa Fe, convirtiéndola en el epicentro de hechos que repercuten en el escenario electoral, pero también haciéndola partícipe de operaciones que por lo general no salen de los límites de la General Paz.

Durante años, el aura outsider del ex piloto de carreras Carlos Reutemann concitó la atención de los medios hegemónicos merced a una maniobra de pinzas entre los fogoneros locales que creyeron ver en el ex gobernador una especie de gurú calculador, un tiempista que medía cada acción y cada declaración y las ponía en juego en el momento justo y el lugar apropiado, y los analistas porteños del establishment a los que no les interesaba otra cosa que tener a mano a un potencial presidenciable lo suficientemente conservador que no revolviera el avispero.

En los 90, cuando surgió de la mano de Carlos Menem, cada vez que se mensuraba quién podría ser el sucesor del riojano surgía su nombre, se ponderaban sus hazañas electorales, y él se encargaba de arrojar misterio sobre esas chances, apelando tan sólo al silencio, que las más de las veces obedecían a no saber qué decir.

Es más que recordada la saga que lo tuvo como protagonista cuando en las postrimerías de la Alianza, en 2001, prácticamente se le rogó que aceptara postularse a Presidente, con el consabido episodio que culminó con su lacónica y sombría frase: “Vi algo que no me gustó, y me bajé”.

El Lole dejó paso en protagonismo al eficiente trabajo parlamentario de Agustín Rossi, ungido por Néstor Kirchner como jefe del bloque de diputados nacionales del Frente para la Victoria, que ejerció casi durante una década, antes de convertirse en el último ministro de Defensa que tuvo Cristina Fernández, donde también se desempeñó con mérito, a tal punto que se transformó en uno de los dirigentes peronistas presidenciables, con tantas chances para suceder a CFK como cualquier otro de sus pares.

Por aquellos años, la llegada del socialismo por primera vez a una Gobernación en 2007, hizo que Santa Fe también fuera noticia, pero las permanentes balaceras y asesinatos entre capos de las narcobandas rosarinas, producto de la impericia para ponerle el cascabel a ese peligroso gato de la tríada compuesta por los hombres de la rosa Hermes Binner, Antonio Bonfatti y Miguel Lifschitz, hicieron que la falta de glamour progresista hiciera entrar a la Provincia en un cono de sombras que impidió ver tamaño reguero de sangre.

No fue el peronismo el que hizo que Santa Fe vuelva a estar expuesta al poderoso haz de luz porteño de la política sino el macrismo, que como en su momento hizo el menemismo, “inventó” un candidato de extramuros, incluso más osado que Reutemann, ya que se trataba de un hombre de la farándula, y dentro de ella de su vertiente más procaz.

Miguel Del Sel, integrante del trío Midachi, carismático, chancero, tocaculos, dueño de un humor que ya comenzaba a ser considerado machista y sexista, irrumpió con fuerza en la puja política santafesina, puso a prueba los límites de una dirigencia acostumbrada a no hacer olas, y llegó a estar a tres puntos de arrebatarle la Gobernación a Antonio Bonfatti en 2011.

Cuatro años más tarde, el cómico volvió a recorrer la provincia, y aunque sufrió el desgaste de todo hombre ya jugado en el redil político, cuando llegó la hora de los bifes estuvo –literalmente– a un puñado de votos de acceder a la Casa Gris.

Para que se tenga idea, el ahora gobernador saliente, Miguel Lifschitz, obtuvo 584.017 votos, y Del Sel cosechó 582.521, es decir una diferencia de 1.496‬ votos, la nada misma.

Pero esos comicios dieron lugar a un tercero en discordia, Omar Perotti, que se arrimó a esa discusión nada menos que con 558.571 sufragios, lo que hizo que esos tres tercios estuvieran en las pantallas de la televisión nacional hasta que el ex intendente de Rafaela reconoció su derrota, y las chispas quedaron circunscriptas al conteo entre Cambiemos y el Frente Progresista, Cívico y Social (FPCyS).

La irrupción de Perotti ya prometía no ser fugaz, y el tiempo se encargó de corroborar esa sensación térmica que el peronismo santafesino sintió a flor de piel en aquella madrugada de 2015, y que en realidad había arrancado en 2011, cuando el ganador del domingo se metió en las Paso a competir con Rossi y Rafael Bielsa, a quien desplazó a un lejano tercer puesto. En esos días, sus fieles espadachines afirmaban: “Si hubiera habido dos semanas más de campaña, le ganábamos al Chivo”.

Así fue construyendo Perotti. Con meticulosidad y prudencia piamontesa, con leales colaboradores que se vienen acompañando mutuamente desde la experiencia municipal rafaelina, exitosa y premiada, aunque nunca promocionada en términos marketineros como lo ha sido la gestión socialista en Rosario.

A medida que incursionaba en la lucha provincial, el gobernador electo iba tejiendo alianzas con dirigentes peronistas de las más variadas extracciones, e incluso en la Legislatura, su mano derecha Roberto Mirabella supo establecer alianzas y mantener el protagonismo del sector aún en contingencias adversas, e incluso llegó a ocupar una de las vicepresidencias del PJ provincial.

El resto es historia conocida, pero cabe establecer una cuestión numérica para nada desechable: en los recientes comicios que ungieron a Perotti como gobernador electo, el rafaelino sumó 738 936 votos, lo que representa en números redondos 180 mil votos más que en 2015, y apenas 150 mil menos que los que consiguió Reutemann en 1999, que dio lugar a aquel mìtico millón de votos del cual hablaban sus admiradores periodísticos. En realidad, los votos del Lole fueron 890.550, a decir verdad, una cifra que hasta la fecha ningún otro candidato superó, ni siquiera Binner en 2007 –en su apogeo, luego de ser derogada la ley de lemas e intentando ser gobernador por segunda vez– cuando obtuvo 864.524 sufragios.

Operetas y rumores de patas cortas

Quienes, haciéndose los distraídos, quisieron operar un posible acercamiento de Perotti al tránsfuga Miguel Ángel Pichetto olvidaron que hace muy poco el rafaelino ya dio muestras de no seguir la agenda de los “dialoguistas” que comandaba el ahora candidato a vice de Macri.

El 17 de abril de 2019, bajo el título “Cristina y Perotti frenaron nombramientos de jueces”, la web La Política Online (LPO), destacó que un grupo de senadores entre los que descollaban el gobernador electo de Santa Fe y la ex mandataria “exigieron revisar los nombramientos en sus provincias, que había acordado (Rodolfo) Urtubey con Cambiemos”.

Urtubey, en ese momento, era tropa incondicional de Pichetto, y como éste, era de los legisladores con interlocución privilegiada de parte del gobierno macrista. Que Perotti se le haya parado de manos a ese tándem en un tema tan sensible como la designación de magistrados se choca de frente con cualquier especulación de seguidismo por parte del ganador del domingo al hombre que dio el salto con garrocha hacia territorio enemigo.

Es cierto que la maniobra que Cambiemos quería hacer pasar por el Senado era una verdadera cochinada, y como señaló LPO en el artículo citado, “Cristina Kirchner y Omar Perotti lograron frenar en la sesión de este martes en el Senado el nombramiento de una tanda de jueces federales en sus provincias. El argumento fue transparente: exigían conocer los nombres y los antecedentes de los posibles magistrados de los territorios que los tienen como líderes políticos”.

Tal como se lee, y aunque parezca un chiste, Macri quería que la comisión de Acuerdos firmara los nombramientos “del titular de la Dirección de Escuchas Judiciales (Dajudeco) Juan Tomás Rodríguez Ponte, propuesto para el juzgado federal número dos de Lomas de Zamora; entre otros magistrados de las provincia de Buenos Aires y Santa Fe”, pero sin conocerse las identidades de estos dos últimos. Bochornoso, como casi todas las operaciones de Macri en el ámbito de la Justicia.

Pero además, ya sea por la impunidad que otorga el blindaje mediático, o porque sencillamente se les escapó un criadero completo de tortugas, no tuvieron en cuenta que Perotti no va a salirse del exitoso esquema de unidad labrado por él mismo junto con el resto del peronismo santafesino.

El lunes pasado, a pocas horas de la victoria que hará retornar al peronismo a la Casa Gris, Perotti y Alberto Fernández dialogaron telefónicamente dos veces, y el martes hubo otro llamado, según se desprende del propio candidato a presidente.

En el programa El último semestre, de Cynthia García, tal como publicó el diario digital Redacción Rosario, el ex jefe de Gabinete de Néstor y Cristina les respondió a quienes hablan de distanciamiento y se preguntaban por qué no hubo festejo conjunto en Santa Fe. Por un lado sostuvo: “El mérito de ganar en Santa Fe es de Perotti, no mío”. Por otro, razonó con elemental lógica: “(el triunfo, Perotti) tiene que celebrarlo con los santafesinos, no tiene que celebrarlo con nosotros”.

Ya el miércoles, se invirtió el sentido de las llamadas, y fue Perotti quien llamó a Cristina KIrchner, según publicó el diario Página 12 y pudo confirmar este semanario.

“El gobernador electo de Santa Fe, Omar Perotti, llamó ayer a Cristina Fernández de Kirchner. La candidata a vicepresidenta del Frente de Todes lo felicitó por haber recuperado la provincia para el peronismo luego de doce años de gobierno socialistas. Perotti, quien hasta ahora no se había expresado sobre la fórmula que integran Alberto Fernández y CFK, le agradeció el saludo, se comprometió trabajar por el triunfo del Frente de Todos y se disculpó por no participar de la presentación del libro Sinceramente. Luego de la campaña Perotti se tomó unos días de descanso”, fue el párrafo con que el periódico porteño clausuró toda especulación.

Pero por si hiciera falta, para aquellos jugadores de póker que no pasan de contar con un par simple de baja numeración, el eslabón, en contacto con la mano derecha de Perotti, el diputado provincial Roberto Mirabella, pudo constatar que el senador nacional se tomó unos merecidos días de descanso luego del maratónico trajín del final de campaña.

Voceros cercanos a Alejandra Rodenas confirmaron a este medio que la invitación a participar de la presentación de libro Sinceramente en el Metropolitano de Rosario fue cursada por CFK a la vicegobernadora electa en forma personal.

Pero además, en lo que verdaderamente importa en política, Mirabella fue taxativo: “No nos vamos a correr de lo que siempre hicimos, que es trabajar por la unidad del peronismo. Dijimos que íbamos a acompañar el proceso de unidad del PJ nacional y la estrategia política que defina el partido, y lo vamos a hacer”.

Pero el sucesor de Perotti en la Cámara alta –si es que asume, porque también suena como ministro polìtico del Gabinete provincial– recordó un aspecto a tener muy encuenta: “En Santa Fe dimos un ejemplo de unidad para ganar las elecciones y poder gobernar”. Y en rigor, ese camino de unidad comenzó hace dos años, cuando Perotti, Agustín Rossi, los senadores del PJ, el kirchnerismo de la Cámpora y el sector de Rodenas sellaron un acuerdo de unidad que permitió al peronismo santafesino sentar las bases del actual esquema, que se completó con la inclusión de María Eugenia Bielsa.

Lo cierto es que más allá de las operaciones orquestadas para distanciar al rafaelino de la fórmula nacional que encabeza junto con Cristina Kirchner, Alberto Fernández insistió: “La verdad que me encanta que Perotti sea gobernador de Santa Fe, me hace feliz que hayamos vuelto a recuperar Santa Fe. Inmensamente feliz”. Y por si quedaran dudas, Alberto F. remató: “Yo estoy seguro que vamos a trabajar juntos”.

Las formas de la Patria

Santa Fe, en este caso Rosario, también acaparó la atención del país en un día que por lo general termina ofreciendo sólo los destaques o los aspectos más sombríos de los discursos oficiales respecto del Día de la Bandera. En esta oportunidad, tal vez como señal inequívoca de la decadencia de un proceso, como prolegómeno de un final de ciclo, la jornada que debió ser patria lo fue a medias.

El presidente Mauricio Macri encabezó un bochornoso acto que nada tuvo que ver con el Día de la Bandera. Con cinismo ya indisimulable, eligió un club de barrio de la zona sur de la ciudad, no asistió a la ceremonia oficial en el Monumento a la Bandera, y frente a chiquitos alumnos de escuela primaria y sus padres lanzó una diatriba envenenada contra Hugo y Pablo Moyano, a quienes trató de “patoteros” y de formar parte de una “mafia”.

Los clubes de barrio son tal vez de las instituciones más afectadas por los tarifazos en los servicios públicos de energía eléctrica, gas y agua. Macri no lo ignora, pero eligió ir a hacer campaña en el club Ciclón, de Saavedra al 600, a donde hizo llevar a niños de diferentes escuelas de Rosario.

Entre ese desaire a la insignia patria, presenciado por una azorada intendenta Mónica Fein, que no se sabe por qué asistió –se está yendo a su casa, y ya no le deba nada a Macri en términos de protocolo–, y el acto que encabezó otra autoridad saliente, el gobernador Miguel Lifschitz, que duró poco más de siete minutos, el recordatorio de la Bandera en el año previo al bicentenario del fallecimiento de Manuel Belgrano, a quien el Presidente ni mencionó, fue indicativo de dos fuerzas políticas que no parecen estar muy preocupados por mostrar afecto a los símbolos patrios.

La contracara de esos desamores, una vez más, pudo verse en la visita de Cristina a Rosario, a cuatro años de su último acto como Presidenta y a uno de la firma del acuerdo del actual Gobierno con el Fondo Monetario Internacional, dos hitos mencionados por la ex mandataria en lo que se transformó –más que la presentación de su libro– en una charla entre amigos.

La multitud que quedó afuera del salón Metropolitano, donde no menos de dos decenas de miles de personas fueron a verla aunque sea a través de pantallas gigantes, más las dos mil que entraron con rigurosa invitación, volvieron a ver el carisma de una figura singular, que disfruta de esos colectivos pasionales, que enamora y a la vez se enamora de esas miles de voces que en un ida y vuelta inusual, le contestan cada frase o cada reflexión.

En la mirada extasiada de una niña que la ve firmando ejemplares, en el pedido de la hija del intendente electo Pablo Javkin para que la lleve a conocerla, en el afecto esparcido en las afueras del espacio cerrado donde dio la charla, que se asemejaba más a Woodstock que a una convocatoria política –que lo fue, y con creces–, en todo ello se puso volver a constatar que CFK es la única figura pública de la política capaz de despertar esas reacciones, y volvió a entenderse el por qué de tantas operaciones tendientes a cortar como sea esa empatía con las masas de jóvenes, chicos adolescentes algunos, que la eligen como referente indiscutible.

La bandera de Cristina es la de Belgrano, la de un proyecto de Nación que incluye a todas y a todos, la del desarrollo y crecimiento con el plato de comida servido sobre la mesa en todos los hogares. Cristina juró sus dos mandatos por la Patria, su sucesor se negó a hacerlo. Tienen dos insignias diferentes, es un hecho.

Más que una grieta, lo que existen son señores tijeras, como aquel que tan bien describiera el Charly García de Sui Generis en el álbum Pequeñas anécdotas sobre las instituciones. Ya no es un pope de la censura que corta lo que no debe verse en el cine, sino que son los que cortan los discursos, los que cortan y pegan las imágenes para realizar un montaje que demonice al sujeto que enamora.

Esos señores tijeras ya no saben cómo escindir a Cristina de su Pueblo, y entonces intentan hacerlo con los dirigentes, a quienes presionan para que la dejen sola, un trabajo que a todas vistas les está saliendo muy mal.

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