Yo no sé, no. Con Pedro nos acordamos cuando de pibes nos íbamos al norte de la ciudad, a la cancha de Central, o a La Florida, o a los picnic en el Centro Unión de Almaceneros. Y era todo un trámite, ya que había dos lados para entrarle: por Rosario Norte o por el Cruce Alberdi. A la vuelta, cuando el bondi agarraba Junín y apenas pasábamos Avellaneda, veíamos a nuestra derecha un largo (casi infinito para nosotros) muro. Cuando preguntábamos qué hay detrás, “el ferrocarril” era la respuesta. Nosotros le veíamos un gran valor, era tremenda pared como para jugar a punti o a la tapadita con las figu; y aparte había un gran misterio, ya que detrás del muro estarían las mejores locomotoras, las más potentes. Era nuestra imaginación, queríamos tanto al tren que nos llevaba a esas conclusiones.

Ya en la secundaria, a la hora de las pintadas o pegatina, esos inmensos muros valían oro. En tiempos donde los diarios ya eran caros y no había Internet, las paredes hablaban. Con el tiempo, algunos muros se empezaron a caer o los voltearon, y casi en todos lados detrás de esos muros, estaba el ferrocarril que fuimos perdiendo, o alguna gran fábrica. Debo decir que con Pedro no nos gustaba en lo que se habían transformado las instalaciones ferroviarias: grandes centros comerciales, bancos, emprendimientos inmobiliarios, para nada populares.

El 20 caímos con Pedro por ahí y como íbamos en el 102 (antes 210) era como cuando con una banda de años atrás encarábamos para el norte. Apenas pasamos por el Cruce Alberdi, llegando al Fundacional, nos bajamos. Le entrábamos por atrás a ese espacio tan del ferrocarril. Cuando vimos que de a poco, pero sin parar, llegaban personas del lado de Junín, como por Alberdi, pensamos “esto está tomando vida”, mirábamos las antiguas y hermosas fachadas del ferrocarril y nos imaginábamos que era la previa de algo que se pondría en marcha. “Es como si adentro estaría calentando los fierros una gran locomotora”, me dice Pedro. Yo le contesto: “Capaz que sí, y muy potente para que todos podamos subirnos al tren”. ¿Y sabés qué? La próxima le entraremos por Junín, porque detrás de ese gran muro no todo está perdido, y quizás el espíritu de un gran tren nos lleve hacia la victoria, me dice Pedro mirando hacia todos los costados, donde la gente no para de venir, y también relojeando una de las pantallas gigantes donde aparece un libro y Cristina.

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