A cuarenta años de aquella gesta popular que marcó a la región y al mundo, Nicaragua sigue estando en la mira del Imperio junto con Cuba y Venezuela. En exclusiva para Redacción Rosario, una crónica por la actualidad de ese país marcado por la memoria heroica de quienes lucharon, y una entrevista en carne viva a un combatiente que, con 16 años, se jugó la vida para derrotar a la dictadura de Somoza en 1979.

En pocos días se cumplen cuarenta años de aquel 19 de Julio en de 1979 en que el pueblo nicaragüense logró expulsar a la dictadura de Somoza, luego de cuarenta y cinco años de lucha organizada a través del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN). Revolución popular, protagonizada por las bases mismas de la comunidad, en una confluencia de los más amplios sectores de la sociedad nicaragüense de la época. Sectores burgueses, obreros, estudiantiles, intelectuales, universitarios.

Fue sobre todo una Revolución protagonizada por la juventud, uno de los sectores más perseguidos por la dictadura. “Llegó un tiempo en que ser joven era un delito”, me relataba Marcelo, uno de los ex guerrilleros que, harto de las persecuciones, estados de sitios, muerte y miseria, se sumó a la lucha siendo apenas un adolescente.

Y como él, miles de jóvenes, que combatieron y militaron con sus cuerpos, hasta lograr concretar la Revolución, y luego con el ataque de los “contras”, para defenderla en las fronteras.    

Juventud nicaragüense, tan “violentamente dulce” , golpeada y sacrificada hasta lo inimaginable, como me relataba un militante, cuando describió las torturas que recibieron él y sus compañeros, cuando los secuestró la Guardia Nacional a los catorce años, al mejor estilo de la Escuela de las Américas.

“Nosotros damos la vida por Nicaragua”, me confesaba un empleado de una terminal de Managua, mientras otra mujer que trabajaba allí me relataba cómo participó en las brigadas alfabetizadoras.

Esa pasión y amor por Nicaragua actualmente está atravesado por un enrarecido clima político azota al país: crisis económica, listas negras, militantes asesinados a sangre fría, violencia y represión en las manifestaciones, atentados, edificios públicos quemados, como la municipalidad de la ciudad de Granada, que pude ver chamuscada.

Tantas historias me crucé en mi curioso andar, como la de Henry, en la isla caribeña Corn Islands, estudiante en Managua y militante sandinista, quien fue alcanzado el año pasado por una bala en una manifestación, que le dio en el abdomen y lo dejó en coma por un buen tiempo. Al salir de terapia intensiva le recomendaron que se fuera a su isla porque figuraba en una lista negra. O la de las decenas de nicaragüenses que conocí en Costa Rica, trabajando en negro y explotados en las plantaciones de café, mujeres cosechando café vestidas con harapos, con sus hijas e hijos a cuestas, por comentar algunas de las situaciones que pude ver.

Ese verano, enero de 2019, en búsqueda de lo que quedó de la Revolución, llegué a la ciudad de León, la primera ciudad liberada en la gesta revolucionaria.

León, ubicada cerca de la costa pacífica, a poco más de 100 kilómetros de Managua, es una colorida ciudad colonial rodeada de más de diez volcanes, una de las ciudades más calientes de Latinoamérica. Apenas llegué, fui directo a visitar el Museo de la Revolución. Allí me recibió un grupo de militantes del sandinismo, ex guerrilleros.

Disfruté de una visita guiada en la que Marcelo, durante una hora y media me relató apasionadamente y con lujo de detalles toda la historia del sandinismo desde principios del siglo XX, mostrándome un excelente e invaluable archivo de fotografías tomadas durante el proceso revolucionario. Imágenes de jóvenes con fusiles, de manifestaciones en barrios, carteles, señoras con pancartas y bombos.

El museo está ubicado en una antigua casona céntrica que, además de haber sido la residencia de algún aristócrata, fue sede de varias instituciones, oficiales y clandestinas. Centro clandestino de detención durante la dictadura, cárcel, y otros usos por el estilo. Finalmente, con el triunfo de la Revolución, el edificio fue apropiado por el Estado y desde entonces está manejado por el FSLN. Actualmente funciona como museo y está gestionado por los ex guerrilleros, que lo mantienen básicamente con el dinero de las entradas y aportes particulares.

Al día siguiente volví al Museo y allí estaban los ex guerrilleros, como todos los días. Estas personas dedicaron su juventud, su vida, a hacer y defender la Revolución. En esa lucha perdieron amigos, amigas, familiares. Muchos no estudiaron una carrera por ejemplo, por enlistarse en las milicias que defendieron la Revolución de “los contras” durante diez años. Pero hoy en día la mayoría de esos ex combatientes está en la miseria. Existe una magra e insuficiente pensión, pero la burocracia para lograr acceder a ella hace muy complicado su trámite.  

Me explicaron su recelo a dar entrevistas gratis porque se sentían usados en cierta manera por cineastas, productores, periodistas que los entrevistaban y luego se llevaban sus materiales y a ellos no les quedaba nada.

Finalmente acordé la entrevista con uno de ellos, Ricardo, a quien le pagué una simbólica suma y me dijo que podía preguntarle lo que quisiera.

Hablamos inevitablemente de los sucesos ocurridos en Nicaragua entre abril y julio del 2018, periodo tristemente violento que fue la antesala del complejo clima político, económico  y social que se respira en este periodo en el país. Me dieron su versión desde el sandinismo, tan realista y posible como cuestionable.

Hablamos del histórico Fortín de Acosasco, y me invitaron a visitarlo con un grupo de ex guerrilleros que podían acompañarme. Ese hubiera sido para mí uno de los lugares más interesantes de León, pero mi condición de género me impidió, por precaución y cuidado, acceder a tan enriquecedora experiencia.

Entrevista a Ricardo López, militante del FSLN

¿Cómo fue su participación en la Revolución nicaragüense dentro del Frente Sandinista?

Mi experiencia dentro del Frente sandinista comenzó desde 1977. Apenas tenía 16 años. El problema que teníamos nosotros, era una época con muchos problemas a nivel político, económico, social. Había mucha explotación, mucha pobreza. Yo pase por esa pobreza. Y la verdad es que no teníamos muchos derechos, ya que nosotros enfrentábamos la dictadura, la dictadura más asesina de Latinoamérica, la dictadura de la familia Somoza, que se implantó en el poder durante 45 años. Estamos hablando del año 1937, cuando llegó al poder la dictadura de Somoza. Durante esos 45 años estuvimos luchando, luchando, luchando…hasta que me tocó a mí, en relación a mi época, ver tanta lucha que el Frente Sandinista venía desarrollando.

Desde ese entonces comencé a leer, que acá prácticamente era clandestino, leer libros del Sandinismo, libros del Che Guevara…y así fue que nosotros organizados en células, logramos organizarnos poco a poco. Yo a través del movimiento estudiantil pertenecía a una célula como activista. Participaba en tomas de colegios, tomas de iglesias, en las manifestaciones de protesta, andar regando comunicados, pronunciamientos, tomando las radios para hacer un pronunciamiento a la población, andar pintando paredes, y así…haciendo mítines sandinistas en los parques.

Participé de la primera insurrección, que fue en 1978. Una insurrección que tuvo un costo de vidas humanas, porque Somoza lanzó una represión indiscriminada. A muchos compañeros les pasó que sus casas eran allanadas, los sacaban a la calle, y ahí nomás los asesinaban. Otros compañeros salieron huyendo debido a la represión de la guardia de Somoza. Masivamente fueron asesinados en diferentes sectores de aquí de León. Yo tuve que salir huyendo porque ser joven en Nicaragua era un delito. Un delito que vivió la juventud como yo en esa época. Pero más que todo fue una acción dirigida por el Frente Sandinista de Liberación Nacional. Fue como una acumulación de fuerzas y organización, ya que se logró la unidad de todos los movimientos guerrilleros, de tendencia guerrillera, y se dio la orden de ir a una ofensiva final. Una ofensiva final en la que participó todo el pueblo de Nicaragua, todo el pueblo.

La gota que derramó el vaso de agua, fue la muerte, un día como hoy, que asesinaron al mártir de las libertades públicas, el periodista y dueño del diario La Prensa, Pedro Vásquez Chamorro.

Un día como hoy se está cumpliendo 41 años, del momento en que fue asesinado este periodista en Managua, por órdenes de Somoza. Entonces desde ahí comenzó un movimiento activo, ante todo de insurrección popular. Y así lo logramos nosotros. Yo participé aquí en León de la toma del comando, la toma de la 21, en la toma del fortín de Acosasco. Aquí en León participé, y el 20 de junio de 1979 ya nosotros tomamos lo que fue la ciudad de León. Y ahí otro frente guerrillero, como fue el frente norte Carlos Fonseca Amador, frente sur de , frente occidental Rigoberto López Pérez que era el frente de nosotros aquí en León, todo occidente, frente oriental Carlos Roberto Güemes, eran en total siete frentes, organizadamente, con sus estados mayores, con sus estructuras. Prácticamente lideraron la guerra en toda Nicaragua a nivel nacional.

Y el 7 de julio de 1979, aquí en León fue la primera ciudad liberada, que fue con la toma del Fortín Acosasco, una fortaleza militar, que está aquí como dos o tres kilómetros al sur (señala con su brazo derecho), ahí fue la última batalla, la liberación de León, el 7 de julio de 1979.

Aquí tomó posesión la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional y organismos, empresarios, de la sociedad civil. Y nosotros seguimos en el Frente hacia Managua, tomando poblado tras poblado, hasta llegar a Managua el 18 de julio.

Y el 19 de julio nosotros celebramos en la Plaza de la Revolución la victoria, o sea, Nicaragua libre.

¿A qué le llamaban “liberar los pueblos?”, que hacían concretamente?

Todavía había focos de guardias nacionales que estaban acuartelados en estas comarcas, en los municipios. Entonces nosotros con las armas entrabamos a los pueblos y tomábamos la ciudad, capturábamos guardias que eran hechos prisioneros. Algunos se fueron huyendo…Somoza huyó de Nicaragua el 17 de julio y ahí prácticamente la guardia empezó a entregar los cuarteles, las armas, algunos hicieron resistencia, otros se entregaron voluntariamente.

¿Usted participó de la lucha armada?

Si, activamente en la lucha armada.

¿Alguna vez lo detuvieron?

Si, en 1978 estuve preso tres meses. Gracias a Dios fui liberado a través de organismos de derechos humanos. Allí la guardia nacional prácticamente hacía negocios, detenían a alguien, y se pagaba una fianza de 30 mil córdobas, y recién salía uno, otros salían por gestiones de la iglesia católica y organismos de derechos humanos.

¿Cómo fue la experiencia de su detención?

Yo estaba en una manifestación de protesta en la Iglesia del Calvarito, donde murieron cinco compañeros que tomaron esa iglesia, la teníamos tomada. La estábamos ocupando como protesta.

¿De qué otras maneras participó usted de la Revolución?

Después del triunfo de la Revolución fuimos fundadores del ejército, la policía, las Fuerzas Armadas, las Fuerzas Navales, y comenzamos nosotros a participar activamente. Unos fueron enviados a Rusia, Alemania, Cuba, para una profesionalización en el arte militar, para después nosotros venir, y formar parte ya de un ejército que se llamó Ejército Popular Sandinista.

Combatió y defendió la Revolución en los años 80. Dado que tras la Revolución sufrimos bloqueo económico, sufrimos sanciones económicas, una guerra financiada por los Estados Unidos. Ronald Reagan financió lo que fue la Guerra de la ContrarRevolución, y así fue que nosotros pasamos después del triunfo de la Revolución a defender la Revolución, tanto en el norte, en la frontera de Honduras con Nicaragua, como en el sur, Costa Rica con Nicaragua.

Allí prácticamente nosotros, durante diez años, defendimos la Revolución, muchos compañeros jóvenes se integraban al servicio militar, otros a los bastiones de reserva, mujeres, batallones de mujeres. Nosotros entrenábamos a esta gente, y salíamos nosotros encabezando, dirigiendo a las tropas en la montaña. Más que todo la guerra fue en la montaña, en la frontera, durante los diez años de la Revolución.

Hasta que se dio un proceso de paz y reconciliación en 1989. Se firmó la paz, la reconciliación, se fueron a elecciones en 1990 y desgraciadamente el frente sandinista perdió las elecciones de 1990 y paso a la oposición durante dieciséis años.

En esos años nosotros desde la oposición seguimos defendiendo las conquistas de la Revolución. Nos querían arrebatar muchos derechos, muchos beneficios que se habían conquistado con la Revolución; pero nosotros siempre seguimos al frente. El gobierno del neoliberalismo como el gobierno de la Violeta Chamorro, el gobierno de Arnoldo Alemán Lacayo, el gobierno de Enrique Bolaños Geyer. Estos gobiernos más que todo se dedicaron a saquear lo que eran las arcas del estado, a privatizar todo lo que era la energía, la salud, o sea fueron privatizando muchas cosas menos el agua. En el 2006 el frente sandinista gana las elecciones y no logran privatizar el agua, fue lo único que logramos nosotros que no se privatizara. Y ya desde el 2006 hasta el 2016 fueron diez años de reorganización, de reivindicaciones de derechos, restitución de derechos, todos los derechos que habían sido quitados por la derecha nosotros los volvimos a reconquistar de nuevo.

¿Cómo se vivía esa violencia de la dictadura? ¿Qué recuerdos tiene usted?

Lo que yo recuerdo de esa época era que la dictadura era más que todo represión, persecución, asesinatos, nosotros vivimos una época de ley marcial, toque de queda, estado de sitio, no teníamos derecho a la diversión, el que era encontrado después de las 6 de la tarde era asesinado en la calle porque decían que eran del frente sandinista. Por eso, en esa época ser joven en Nicaragua era un delito, porque la guardia decía que éramos sandinistas. Murió mucha gente que no era sandinista, tal vez eran jóvenes que andaban estudiando.

¿De qué manera cambió Nicaragua después de la Revolución?

El cambio que nosotros vimos en Nicaragua fue que prácticamente todos aquellos derechos de los que éramos privados en la dictadura de Somoza después se convirtieron en derechos para todos los nicaragüenses, como el derecho a la salud, a la educación, derecho a la tierra, derecho al trabajo. Hubo un cambio, democráticamente, de todas las reivindicaciones sociales, que en aquella época todos esos derechos eran un privilegio. Entonces nosotros logramos romper esa barrera y ser beneficiados por derechos a los que no teníamos acceso nosotros, como la cultura, el deporte. Hubo mucha construcción de escuelas, universidades, carreteras, puentes. O sea hubo un proceso de desarrollo, poco, por la guerra que estábamos viviendo en los años ochenta. Pero ahora desde el 2006 al 2016 Nicaragua ha venido prosperando en desarrollo, tanto económico, político y social.

El año pasado (2018) nosotros tuvimos una experiencia, fuimos objeto de un golpe de Estado financiado por agentes internos y externos tanto de Nicaragua como fuera de Nicaragua que fueron apoyados y financiados por los Estados Unidos. Organizaron grupos de estudiantes, organizaron la delincuencia y comenzaron a destruir muchos colectivos económicos que el gobierno ha ido desarrollando durante los diez años de la Revolución. Entonces eso fue un golpe fallido porque prácticamente el pueblo no estaba dispuesto a entregar la Revolución a gente que lo único que querían era destruir la economía de Nicaragua. Porque…¿cuál fue el delito de Nicaragua?  El desarrollo económico.

¿Usted qué piensa de la lucha armada? ¿Hubiera podido hacerse la Revolución sin el uso de las armas?

Durante los cincuenta años de lucha del Frente Sandinista en Nicaragua durante la dictadura de Somoza se agotaron todos los canales para derrocar al gobierno de Somoza por la vía cívica ¿entonces cuál fue la vía? La lucha armada, para poder derrocar la dictadura que prácticamente se mantuvo en el poder con represión, persecución, asesinatos… ¿entonces qué nos quedó a nosotros? La vía armada para poder liberar Nicaragua y que la Revolución triunfara.

Volviendo a lo que pasó el año pasado, ¿Cómo comprobaron que hubo infiltrados?

Fue un plan organizado aquí en Nicaragua, enmascarado bajo el nombre de “organismos no gubernamentales”, que son las ONGs. Había una triangulación de financiamiento de Estados Unidos a estas ONGs. Estas ONGs se encargaban de hacer el trabajo de reclutamiento. A través de informaciones de inteligencia se fue descubriendo que estos organismos, junto a medios de comunicación independientes, participaron activamente en el golpe de Estado. Se fueron descubriendo poco a poco, durante tres meses. Entonces el gobierno, como lo que el pueblo está pidiendo es paz y justicia, a todos aquellos personajes que se vieron involucrados, porque mataron, quemaron, saquearon, destruyeron…Entonces toda esta gente que instigaron a la rebelión hoy está siendo castigada por la justicia. Porque no se puede quedar impune, muchos compañeros que murieron, policías, estudiantes, manifestantes, durante los ataques.

¿Y por qué mucha gente sostiene que esa represión vino desde el oficialismo?

No vino desde el oficialismo, la represión vino de los mismos grupos vandálicos que comenzaron una represión contra aquellos que eran sandinistas, los torturaban, los quemaban, y más que todo eran gente que estaban pagados, financiados, hubo grupos que fueron contratados en El Salvador, grupos de Las Maras que participaron en el golpe aquí en Nicaragua.

¿Y ustedes cómo comprobaron ese financiamiento que tuvieron estos grupos?

A través de la USAID Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional), un organismo norteamericano. Ese organismo fue el apoyo intelectual.

¿Y cómo saben? ¿Cómo se dieron cuenta?

A través de las redes sociales. Encontramos documentación, videos, discos duros, la información que se le capturó a muchos organismos no gubernamentales, que después se hizo un pedido a la personería jurídica. Creo que fue un total de 18 ONGs a las que se le suspendió la personería jurídica porque estaban involucrados en este golpe de estado.

¿Y cómo explican desde el sandinismo que mucha gente en Nicaragua todavía piensa que la represión y los muertos que hubo fueron víctimas de las fuerzas de seguridad del gobierno?

Eso fue una campaña mediática por parte de los medios de comunicación independientes. Pero la verdadera cosa es que aquí en Nicaragua nunca hubo represión porque nosotros luchamos porque Nicaragua sea libre de represiones, de persecuciones, de asesinatos. Entonces eso fue una campaña mediática que han desarrollado tanto los medios de comunicación independientes como las redes sociales.

¿Algún mensaje que le quiera dejar a la juventud latinoamericana en este momento tan complicado?

El mensaje que le hago yo a la juventud latinoamericana y del Caribe es que sigamos adelante luchando, defendiendo la Revolución. Prácticamente nosotros tenemos cuarenta años de Revolución y la Revolución es lo que viene a defender los derechos políticos, sociales de todos los pueblos latinoamericanos. El mensaje que yo le doy a la juventud de Latinoamérica es que no nos dejemos engañar por agentes que están tratando de destruir gobiernos, como el gobierno de Nicaragua, el gobierno de Cuba, el de Venezuela, el gobierno de Bolivia, que prácticamente ellos han sufrido lo que nosotros sufrimos el año pasado el 18 de abril. Porque no sólo Nicaragua ha vivido esto que nosotros vivimos, sino que hay otros países de Latinoamérica que están viviendo esta situación por parte de organismos internacionales que están tratando de destruir las revoluciones de izquierda que existen en Latinoamérica.

¿Algún mensaje que quiera dejar como ex guerrillero de la Revolución?

Yo el mensaje que dejo como guerrillero es que no me arrepiento de haber participado porque por lo menos yo luché por un cambio, el cambio que nosotros estamos viviendo es un cambio donde la sociedad nicaragüense está luchando por la paz, la unidad y la reconciliación de todos los nicaragüenses.

¿Y qué significaría la reconciliación?

La reconciliación significaría la unidad, el diálogo.

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