Cuando leemos una novela, compartimos un meme que nos hace reir, vemos nuestra serie favorita o nos juntamos con amigos a ver un partido de fútbol inevitablemente hacemos miles de asociaciones que le dan un sentido diferente al mundo en el que vivimos, como un flash, en una milésima de segundo. Linkeamos, como llamaría un millenial o centennial al proceso de hipertextualidad que hacemos con tanta información, a toda máquina. Se me ocurre que,  mientras leemos las primeras líneas del cuento Gerarda, la mutante podemos hacer por lo menos dos enlaces: el despertar de Gregorio Samsa (después de un sueño intranquilo), y el video casero que se viralizó por estos días que muestra a una nena, muy convencida ella,  cortándose el flequillo de un tijeretazo. Ante el resultado no deseado, la nena hace un berrinche tremendo entre el arrepentimiento y la desesperación. Imaginense que el flequillo crece, pero ¿qué harían ustedes si amanecen un día como Gerarda, con dos cuernos largos y rojos como ristras de chorizos?. Supongamos que todas y todos llegamos a cierta edad en la que nuestro cuerpo no se corresponde con la idea que tenemos de él. Además, ya no nos gustan las mismas cosas y lo que más queremos es huir, lejos. Algo parecido le pasa a la protagonista de esta historia disparatada y conmovedora que escribió el poeta rosarino Cristian Molina, en una dupla tremenda con el ilustrador y animador Diego Rolle, a cargo de los dibujos que acompañan el relato. 

“Mutantas y mutantes somos todxs”, aclara el autor, cuando le preguntamos sobre los diferentes sentidos del argumento del segundo cuento de la colección Tarumba (Libros Silvestres), que se distribuye junto a este semanario. “Puede ser que esté la cuestión de la diferencia en el medio porque el mutante o la mutanta es una gran diferencia en sí misma, pero pienso que había dos cuestiones que se articularon en el cuento. La primera tenía que ver con escribir algo que problematice la cuestión de los cambios corporales que todos tenemos y tendremos hasta el final de nuestra vida. Digamos, estar vivo es mutar. Y me interesaba trabajar en la tensión entre trauma y, al mismo tiempo, aceptación feliz de esas mutaciones”. 

Sobre el tema de la diferencia, Molina observa que si bien en las nuevas generaciones algunas diferencias son tramitadas sin conflictividad, “como las identidades sexoafectivas, aunque aún persisten problemas serios de exclusión y discriminación”, el autor advirtió que “sigue habiendo problemas para asumir otras diferencias, como las corporales, las económicas o las sociales, incluso las ideológicas, producto de una estandarización de las formas de vida que el capitalismo promueve”. “Podríamos decir que hay algunas diferencias que fueron asimiladas por el modo de vida mayoritario, pero otras, no, y la reacción ante ellas aún genera violencias de todo tipo. En este sentido, la diferencia es aún un campo de lucha para todos tanto individual como colectivamente”, evalúa el autor.

Entre los X-Men y La Metamorfosis de Kafka, Cristian Molina creó a Gerarda y a sus amigos mutantes, pero el nombre del personaje, dice que salió casi solito. “Es una rareza, una mutación que no es irreal, la mujer de Juan L si no recuerdo mal se llamaba así, pero que supone una mutación del nombre masculino hegemónico en sí mismo. El cuento estaba en el nombre”. Otro dato importante de este relato es que está escrito con “x” como forma de acercar a lectores y lectoras al lenguaje inclusivo. 

Gerarda, la mutante es el segundo libro publicado de Tarumba, la serie que consta de 10 relatos super cancheros, desprejuiciados, provocadores, divertidos e incorrectos escritos e ilustrados por artistas locales, destinados a niñas y niños de cero a noventa y nueve mil años. Cada mes, un libro diferente podrá ser adquirido, de manera opcional, junto a el eslabón en kioscos de diarios y revistas. Vale aclarar, que el arte de la colección y su puesta estética fue realizada por Libros Silvestres, a cargo de Carolina Musa, junto a Cris Rosenberg y Vicky Gómez Hernández, responsables del Taller Capitana. Además, para continuar con la propuesta lúdica e interactiva de la editorial, los libros se distribuyen montados sobre un soporte especial que contiene sorpresas para jugar en casa.

Más notas relacionadas
Más por Eugenia Arpesella
Más en Ciudad

Dejá un comentario

Sugerencia

“El Eslabón surgió como un proyecto transversal”

Daniel Yayo Ekdesman, comunicador, docente y protagonista del Proyecto Miradas, fue parte