A dieciséis años de la muerte del gran escritor chileno. Por Fernando J. Gómez (*)

55. Soñé que nadie muere la víspera.

R. B.

En psicoanálisis suele referenciarse lo pulsional con lo irrefrenable. En la literatura de Roberto Bolaño se encuentra omnipresente un carácter pulsional que opera en este sentido. Entre la ineluctable composición de una historia y el goce de la escritura, el lector de Bolaño reconocerá al autor. No habrá más que rendirle pleitesía. Una sabiduría juvenil y polvorienta conducirá en Los Detectives Salvajes, tras surcar un laberinto de cristal y barro, a los contornos o a las fronteras por las que se ingresa a una literatura original, al universo Bolaño, que respira entre los páramos y los aeropuertos, que se desmaya en los bares del DF o se ahoga en el fondo de un lago alemán buscando algas.

El oscuro resplandor thanático de algunos de sus personajes y sus tramas enceguecidas acercan a la muerte. La muerte se oye entre sus páginas como el estruendo de los pasos de un gigante en un pasillo de la cárcel de Santa Teresa. Y entonces el lector de Bolaño puede creer o asumir que Bolaño está leyendo con él. Como los críticos pueden creer que el autor desaparecido se encuentra en la ciudad.

Entornando los ojos hacia el desierto, también omnipresente en su obra, uno puede verlo escribir. Puede verlo fumar y tomar café, abrigado o temblando en una crisis causada por la enfermedad. Puede imaginarlo caminando en un cuarto repleto de libros. El lector no escapa de su presencia en ninguna de sus historias, ni en su poesía. Es tan intenso allende las letras que nos ha legado, el pulsar bolaño, que en Lola Paniagua escribe:

Estabas en cualquier cosa que pudiera

caminar caerse al pozo

y desde la claridad me preguntabas por mi salud

Estoy mal Lola, casi no sueño.

Así, con ese mar de espacio entre los versos, sosteniendo la agonía, impresiona con su presencia, con su velocidad, como un autor que de forma onírica pero consciente, olvida aquello que escribe; entre muchas otras razones, es por eso que su ausencia duele tanto ¡tanto le pediríamos! El realismo visceral, los avatares de Arturo Belano, las escrituras ficticias y las poetisas desaparecidas en el desierto, los detectives, la estirpe de las Exposito, Lalo Cura, las prostitutas y los asesinos de Villaviciosa. La complejidad de su obra exige un esfuerzo importante de lectura, un compromiso, esto es cierto; pero su libro de cuentos Putas asesinas muestra en pocas páginas una literatura impactante, en un golpe de knock out. A medio enterrar, como los cadáveres de las niñas en La parte de los crímenes, se encuentra un cuerpo hecho de letras. Incorruptible, donde Roberto ha vivido, ha escrito.

En Llamadas telefónicas, otro de sus libros de cuentos, en un relato que roza lo autobiográfico, el autor ofrece el rostro de Belano –su alter ego– prisionero del régimen pinochetista, congelado en su Chile devastado, con hambre y pena ¿el rostro de la miseria y la juventud? Luego la posteridad revela y admite una serie de imágenes icónicas, un fetiche Bolaño. Algunas fotografías en blanco y negro de la historia.

Lector voraz. Vivió fuera de Chile desde su juventud. También desde su juventud decidió convertirse en escritor. Recaló en Europa, en España vivió tiempos de trabajos mal pagos por lo tanto de penurias económicas junto a esposa e hijos, más tarde logró fama. Ha sido traducido a 15 idiomas, o a 20 o a más. Vende, como él lo esperaba, muchos libros. Ganador del Premio Herralde de Novela y del Rómulo Gallegos.

Diagnosticado de una enfermedad mortal (una dolencia hepática), ofrece a esta fatalidad batalla silenciosa, durante años escribe de manera febril. Espera un trasplante que nunca llegará.

Roberto Bolaño se encuentra pendiente del misterio que él mismo compone. Muerto tempranamente a sus 50 años, no se privó de legar a un futuro lejano y ausente, algunas de las mejores obras de la literatura contemporánea. Absolutamente original y rupturista, su pluma marca intensamente las letras en español.

Su sagacidad y su claridad ante la que reconoce como su obra mayor, lo lleva a pensar una ingeniería de publicación para 2666, la misma se hará en cinco partes, (una cada dos años) tales son en las que se divide esta novela a su interior. Bolaño muere sabiendo que con 2666 ha escrito una obra sublime, monumental, aunque trágicamente no la verá salir de imprenta. Será su editor quien decida publicar la pentalogía póstuma en un solo volumen.

A su muerte, ocurrida el 15 de Julio de 2003, deja a las nuevas generaciones una excepcional obra publicada (y contratos para publicaciones y traducciones) y un escritorio lleno de carpetas, es preciso reconocer aquí un semblante de Eros, existe un archivo Bolaño con textos inéditos.

Pero sobre todo cabe destacar esta valoración acordada entre la crítica: con la irrupción de 2666 (y cuando esa obra cobra un lector) Bolaño recorre el trayecto hacia el panteón definitivo de los grandes escritores. Eterno y humano descansa allí, donde sólo se es invitado por las musas.

NADA MALO ME OCURRIRÁ

Aquella que parpadea fronteras se llama Destino

pero yo le digo la Niña Demente.

Aquella que corre veloz por las líneas de mi mano

se llama Destrucción

pero yo le digo Niña Silenciosa.

Avui i sempre,

amics.

(*) Psicólogo

Los poemas citados corresponden a La universidad desconocida. El epígrafe de este texto in memoriam corresponde a Tres.

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