El de la Reforma Laboral es un tema recurrente. Yo diría que es una especie de obsesión que tienen ciertos sectores económicos, empresarios, políticos que parecieran que creen que la única salvación para la Argentina es degradar la calidad del trabajo y empeorar la condición de los trabajadores, como si ya no estuvieran mal. Y nos presentan como la receta maravillosa que va a sacar al país del estancamiento y del atraso y que es una medida indispensable. Otros un poco más cínicos dicen que es un sacrificio que hay que hacer y que hay que aguantársela. Claro que todos los que dicen esto, son gente que tiene trabajo, que gana bien, que come todos los días y que no tiene problemas de llegar a fin de mes. Desde ese lugar es muy fácil decir sacrifíquense.

El dato más relevante de estos días lo constituyó una desafortunada declaración del presidente de la Cámara Argentina de la Construcción, el señor Crivelli, que directamente que lo que hay que hacer es poder echar y no pagar, es decir el despido libre gratuito para todos y todas. Inclusive fue más lejos y dijo que el país estaba mucho mejor en la década del 20 cuando no había protección laboral, que después llegaron los socialistas, como Alfredo Palacios, por ejemplo, y el peronismo y arruinaron todo. Ese discurso, que además no ayuda para nada al gobierno, porque propone algo tan reaccionario, tan retrógrado, tan inviable, que no sirve para nada más que para espantar gente y muy probablemente hasta a algunos de los votantes que a fin de año van a tener que elegir al nuevo presidente. Y digo inviable porque no podemos retroceder 100 años y volver a la década del 20 cuando no había legislación laboral. El país no va a poder soportarlo, es provocar una situación de tensión y conflicto insostenible. Y además es no entender que la legislación laboral es esencial a un modelo de capitalismo justo, no hay capitalismo moderno si no hay protección del trabajo porque la protección del trabajo es la que garantiza por un lado la paz social y por el otro los niveles de participación de todos los ciudadanos en la cosa pública y sobre todo los niveles de consumo. Si retrocedemos tanto, nadie va a tener plata para comprar nada. Es increíble que estemos en manos de estos tipos porque no es un personaje trasnochado que opina desde un lugar marginal: es el presidente de una de las cámaras más importantes del país. Con esta clase de dirigentes estamos al horno. Y el gobierno, al que también le cae bien la idea pero se da cuenta que hay que ser más moderado, ya sale a decir que por ahora no se está pensando en abaratar los despidos pero que la reforma laboral en algún momento debe hacerse y dan vueltas sobre eso.

La palabra reforma laboral está tan degradada que ya hay quienes evitan nombrarla. Pichetto, el otro día, por ejemplo, dijo que no se trata de una reforma laboral porque sabe que eso ya quedó emparentado a algo que se hace para jorobar a los trabajadores . Estos anticuerpos que van generando estas medidas y estas declaraciones tan torpes son las que de alguna manera van a vacunarnos contra las desgracias que nos podrían llegar a ocurrir si es que a fin de año gana este gobierno.

Hay una torpeza y una cuota de ingenuidad tan grande. A ver, es lo mismo que si dijeran que hay que volver a un sistema monárquico en el que sólo voten quienes tienen dinero, que haya una nobleza encargada de gestionar el Estado y un rey que gobierne. Da la impresión que están en ese nivel de disparate. Y encima están convencidos y lo dicen. Porque alguno lo puede llegar a pensar pero se lo guarda, estos lo dicen.

Desde que asumió, este gobierno que viene batallando con esto y no se logró nada. Se gastó 4 años de fracasos y entre otras cosas, esos fracasos le impidieron llevar adelante esta reforma y ahora prometen que la van a hacer el año que viene si es que ganan.

¿Qué se le responde a quienes esgrimen como argumento que la reforma también favorecería a los pequeños y medianos empresarios que sufren con la actual?

En primer lugar, cuando quienes hablan de que hay que defender a las Pymes son los de la UIA, son cínicos porque son los primeros que buscan hundir a las Pymes. La concentración económica que estamos viviendo destruyó a miles y miles de Pymes. Los grandes supermercados se han llevado puestos a los almacenes y ahora se hacen los que se ponen la camiseta hipócrita para hablar de las pequeñas y medianas industrias. Yo entiendo que existe algún nivel de dificultad para ciertos sectores pequeños para poder afrontar sus costos, pero es de ninguna manera se puede resolver a costillas de los trabajadores.

Lamentablemente, este es un país en el que la moral, sobre todo en materia de relación económica y laboral se ha perdido, entonces nos encontramos a gente que tiene trabajadores en negro con la excusa de que no pueden anotarlos porque le sale caro, pero sus chicos van a un colegio carísimo, viven en un country y veranean en Punta del Este. Entonces, ese tipo no es un tipo que no puede, sino que la quiere toda para él. Lo que habría que hacer es tratar de ayudar a aquellos que de verdad se esfuerzan y no pueden, que en realidad no son tantos, y castigar severamente a los hipócritas que con el verso del no me alcanza buscan sacar mayor tajada para ellos. Repito, lamentablemente la moral social se ha perdido, en la década del 70 estas cosas no pasaban, la gente tenía empleo y la anotaban, el pequeño empresario cumplía con la legislación laboral y hoy está de moda que el más vivo es el que no paga, el que evade, el que no cumple. Hay gente que se enorgullece en decir que tiene empleados en negro, es increíble.

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