El escritor, editor, hincha de Racing y del Barcelona, que este viernes pasó por Rosario con su espectáculo Nostalgias –en el que lee cuentos de su autoría, acompañado por alguno de sus ídolos– repasó su trayectoria, marcada por la escritura y los deportes.

Hernán Casciari nació en la localidad de Mercedes, en el oeste bonaerense, en 1971. Empezó a leer literatura desde muy chico, gracias a una tía que le cedió libros que ya no podía tener en su casa por una cuestión de espacio, y casi al mismo tiempo comenzó a escribir, obsesionado por el mecanismo de una máquina de escribir que estaba al alcance de sus manos infantiles. Primero fueron meras copias de lo que leía, impregnándoles una impronta personal pero calcando la estructura, después cartas a sus abuelos y amigos de la escuela y, más tarde, cuentos. Cuentos que hoy recita en escenarios y con invitados a los que admira. Escenarios como el de Fauna (Tucumán 1016), al que se subió el viernes 12 para hacer Nostalgias. Historias tristes que parecen tangos, junto al cantante Cucuza Castiello. Con esa excusa, la de una nueva visita a Rosario, el eslabón charló con el autor de libros como Messi es un perro, Más respeto que soy tu madre y El mejor infarto de mi vida, en el que narra el ataque que sufrió estando de vacaciones en Montevideo y que casi le cuesta su existencia.

Una máquina de escribir

Los libros en la casa de la infancia de Hernán, en su Mercedes natal, brillaban por su ausencia. “No tengo una familia especialmente lectora, sino todo lo contrario”, afirma el fundador de la Editorial Orsai y director de la revista homónima. Y rememora los orígenes de lo que luego se terminó transformando en una de sus grandes pasiones: “A mí me empezó a gustar mucho leer porque una tía materna, que era muy lectora en su adolescencia, tenía un montón de libros que ya no podía tener más en una casa muy chiquita que había alquilado y me los pasó”.

Y al mismo tiempo que se devoraba esas dos bolsas de arpillera repletas de los más diversos autores, arrancó a redactar. “Me fascinaba el mecanismo de la máquina de escribir, entonces las dos cosas se juntaron de una manera providencial y empecé a divertirme mucho con esas dos actividades. A los 12 años eso se convirtió en una vocación muy fuerte que no dejé nunca, pero tuvo que ver más con el azar que con otro cosa”.

En el obsequio de la hermana de su madre “había de todo”, según recuerda: “Literatura muy de mierda y otras buenas, y yo me devoré todo sin saber qué era lo bueno y qué lo malo. Entre lo bueno estaba Mark Twain, Julio Verne, Chesterton, Sir Arthur Conan Doyle, Edgar Allan Poe. Esos cinco fueron los que me marcaron en el inicio”.

En su atracción por el antiguo dispositivo mecánico, Casciari adquirió cierta facilidad para la escritura que lo llevó, con apenas 13 años, a meterse en el mundo del periodismo. “Para mí, al principio, escribir cuentos era más que nada una excusa para poder usar la máquina de escribir, porque me interesaba mucho el mecanismo. Lo que hacía era casi copiar estructuras narrativas de libros que estaba leyendo. Le ponía una impronta personal, pero eran casi calcados. Era todo medio patético, pero guardo mucho cariño de esos inicios porque me sirvieron para soltar la mano. Ya entre los 10 y los 12 empecé a escribir cartas, a mis abuelos, amigos del colegio. Y a los 13, con mucha más libertad de acción, arranqué a escribir para un diario de Mercedes y no paré más de escribir en prensa”.

Mordiendo el polvo de ladrillo

Aunque más tarde dirá que sus dos grandes ídolos deportivos fueron futbolistas, Hernán admite que lo suyo, de pibe, era el deporte de la pelotita amarilla. “Jugábamos mucho al tenis con mis amigos. Éramos muy de ir al club de Mercedes, en el que hay muchas canchas, y jugábamos todo el día”, recuerda, y aclara: “Al fútbol también jugaba, pero menos. Junto con el básquet y el voley eran más un hobby que una actividad como el tenis, en el que tenía rutina, un profesor. Casi todos mis amigos deportistas eran tenistas, y eso me ocupaba casi todo el tiempo. Al fútbol jugaba los viernes y al básquet los miércoles; al tenis todos los días”.

“Jugaba muy bien y me divertía mucho. Incluso me dediqué con mucha fuerza hasta los 17, 18 años. Estuve federado y llegué a jugar en torneos provinciales”, rememora Casciari para luego confesar, entre risas: “Pero después de los 18 me empecé a drogar y ya no jugué más”. 

Volviendo al fútbol, pasión de multitudes, este hombre que también incursionó en el género historieta guionando los dibujos de Horacio Altuna (Doce cuentos de verano) y Gustavo Sala (Papelitos), arranca hablando de un delantero: “Kempes fue mi primer gran ídolo futbolístico. En el 78 yo ya tenía uso de razón, ya que tenía 7 años cuando salió campeón Argentina, y me fanaticé con el Matador. Y luego vino Maradona, claro”. 

Tras dejar en claro que es “hincha de Racing, por supuesto”, y que va a la cancha “cada vez que la Academia juega de local, a una platea para mí y mi mujer, que también es fanática”, confiesa que “el fútbol me gusta mucho, aunque posiblemente menos que antes”. También revela que su corazón racinguista es compartido con el Barcelona, pasión que se le impregnó durante los 15 años que vivió en esa ciudad española. “Soy muy hincha del Barça, lo iba a ver siempre cuando vivía allá”. 

Ese fue un amor a primera vista, claro. Y no era para menos: “Fui contemporáneo de una época del Barça que creo es irrepetible: la camada de Guardiola, cuando Xavi, Iniesta y Messi triangulaban permanentemente en mitad de cancha de una manera que creo no veré nunca más en mi vida”.

Pero mientras la mitad de su alma se llenaba de todo lo lindo que ofrecía el conjunto catalán, el resto padecía el adverso momento del club de Avellaneda. “Al mismo tiempo que pasaba eso en Barcelona, posiblemente haya sido una de las épocas más anodinas en Racing, todo el tiempo en mitad de tabla, con muchos problemas. Los contrastes eran muy fuertes. Salir del Camp Nou y ver maravillas, y llegar a casa y esperar hasta las 2 de la mañana frente a la PC para ver un Racing-Platense que iba a terminar 0 a 0, era tremendo”, dice hoy entre risas, ya que en la actualidad “las cosas cambiaron” en la Academia: “Está en un lugar muchísimo más elogiable y venimos de ser campeones”.

El contraste que experimentó entre sus dos equipos dentro del verde césped, también quedaba evidenciado en las tribunas: “Al principio me costó mucho adaptarme a la normalidad. De hecho, hasta me burlaba de lo poco efusivo que eran. Pero después tuve una hija y cuando me di cuenta que podía llevarla a la cancha sin tener miedo, advertí que ellos tenían razón”.

Casciari es un perro (de la calle)

Luego de destacarse con obras como España, decí alpiste, El pibe que arruinaba las fotos, Charlas con mi hemisferio derecho, más las antes mencionadas, Hernán incursionó en la lectura de sus propios relatos, en formato radial, televisivo y sentado en una banqueta en bares. Su debut fue en el programa de radio que Mario Pergolini tenía en Vorterix, y hoy lo sigue haciendo en la emisora porteña Metro, como columnista del ciclo Perros de la calle, que conduce Andy Kusnetzoff.

Para Casciari, este nuevo estilo de lectura en vivo “es un recorrido natural. No lo forcé ni lo busqué, sino que empezaron a surgir”. Y sigue: “Empecé a leer mis cuentos en la radio. Primero me lo pidió Pergolini y al principio lo hice un poco a regañadiente, y después me empezó a gustar mucho. Ahí pasé a leerlo en público, y ahora lo hago dos o tres veces por semana y me divierto mucho”.

Luego le buscó la vuelta a esta nueva faceta para subir al escenario a sus ídolos, que van desde músicos a dibujantes. “Es para no cagarme de aburrimiento ahí solo –confiesa con su habitual cuota de humor– y casi exclusivamente lo hago con personas que admiro mucho en lo que hacen”.

Sobre el tanguero Cucuza Castiello (su invitado especial en las giras de Rosario, Santa Fe, Córdoba y Mendoza) quien antes de brillar en la música del 2×4 jugó para Argentinos Juniors e incluso llegó a debutar en Primera hasta que una rotura de meniscos a los 25 años lo sacó de las canchas, Casciari cuenta: “Es un cantante a quien conocí hace muy poco. Cuando lo fui a ver no lo podía creer lo bueno que era, así que le propuse hacer algo juntos”.

Este hombre que pasó por Telefé Noticias en la pantalla chica y que fue columnista en los diarios El País (España) y La Nación (Argentina) comenta que en Nostalgias. Historias tristes que parecen tangos “elijo mis cuentos más melancólicos y el pelado Cucuza me acompaña con su música. Es un espectáculo que estamos haciendo mucho en Buenos Aires, y nos gusta un montón, así que por primera vez sale de gira”.

El autor que volvió a nacer después de sufrir un infarto en diciembre de 2015, destaca a los compañeros de fórmula de sus espectáculos: “He estado con Horacio Altuna que fue mi ídolo como dibujante desde mi adolescencia; con Fabi Cantilo, que es la cantante que más me gusta de Argentina; con Zambayonny que soy fanático de él. Cada vez que puedo convencer a algunos de mis ídolos para hacer algo con ellos, me pone muy contento”.

Por último, se despide argumentando la elección de esta ciudad para exhibir su obra: “En los 13 años que viví en España nunca pude venir a Rosario, y desde que vivo acá, vengo cada vez que puedo, porque me encanta el público de Rosario. Es muy efusivo y muy íntimo al mismo tiempo, y lo bueno es que sabés que siempre va a funcionar”. Y remata, con la pelota bajo el brazo: “Además, en la punta de mi infancia y en la punta de mi vejez, hay dos ídolos rosarinos en lo futbolístico: Kempes y Messi”.

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