El dispositivo desplegado para impedir a toda costa el retorno del peronismo a la Casa Rosada es brutal, no tiene reglas y su principal insumo es el engaño sistemático. Si ese montaje falaz tiene como soporte vital a la industria de la comunicación, resulta muy difícil darle batalla y es imprescindible poner en juego organización, astucia e inteligencia.

¿Cuál sería el destino del gobierno de Mauricio Macri sin la monumental estafa que representa la ayuda del Fondo Monetario Internacional y el Departamento de Estado yanqui? ¿Qué sucedería si los medios hegemónicos le repreguntaran al jefe de Estado, a la gobernadora María Eugenia Vidal o a sus ministros cuando todos ellos mienten desembozadamente o arrojan datos incomprobables sobre logros de gestión?

Cuando Macri mira fijo a cámara y pone en valor la falta de límites con que todo perverso acomete contra sus víctimas y señala que lo peor ya pasó y que ya comienzan a verse los primeros indicios de la recuperación económica, del otro lado no existe contrapeso alguno, una débil réplica, siquiera, que ponga en duda ese aserto, una objeción que relativice ese magno engaño.

La campaña, primero hacia las Paso, luego camino a octubre, arrancó con puestas en escena de Macri, Vidal y Cía, con presuntas inauguraciones de tramos de rutas, con enunciados de obras realizadas, comparaciones con aquello que no se hizo en los últimos 65 años, lo que se hizo mal, más caro, con corrupción. En fin, lo de siempre pero amplificado y expandido por las usinas mediáticas más potentes.

Frente a esa ofensiva, los mensajes y contenidos más relevantes que se vieron en las apariciones televisivas de Alberto Fernández y Cristina Kirchner sugieren un cambio de estrategia, una suerte de toma del toro de la mentira por las astas en pos de domarlo con datos puros y duros, pero también con un lenguaje que interpele a las víctimas del modelo y no sólo a los ejecutores.

Es importante pasar a la ofensiva, porque el macrismo, como algunos tenistas, está más ocupado en el error no forzado que comete el adversario, que en virtudes que no puede exhibir por su propia naturaleza.

Sergio Suppo, en el diario La Nación, en un artículo titulado “Macri juega de contragolpe sobre los puntos débiles del kirchnerismo”, desgranó cómo funciona lo que a su criterio le rinde más al mandatario.

Sin preocuparle que sea una obviedad, el autor postula que “habitualmente, los oficialismos que van por su reelección defienden su gobierno mostrando obras públicas o realizaciones, mientras que la oposición denuncia al gobierno y trata de mostrarse como una alternativa de poder”.

Sin referirse a la mentira, y usando el cinismo como un artificio elegante, Suppo explica por qué en el discurso de Macri casi no se mencionan logros de gestión: “Muy al estilo de Boca, su club, Mauricio Macri le juega de contragolpe a Cristina Kirchner”. Y sostiene: “A poco más de dos semanas de las Paso, nos encontramos con una circunstancia casi inédita: la hipótesis de un oficialismo que juega de «contragolpe» contra la oposición, el kirchnerismo”.

De ahí la importancia de no dejar nunca la pelota picando.

El Frente deTodos anunció que cerrará su campaña con Fernández-Fernández, y todos los gobernadores, en Rosario el próximo 7 de agosto.

“Ud me confunde, Alberto”

El lunes pasado, en el programa Desde el llano, Alberto Fernández le recordó a su conductor, Joaquín Morales Solá, que Cristina Kirchner dejó un 25 por ciento de inflación, en tanto que con Macri ese indicador asciende a 55. Y respecto del cepo, señaló: “¿Cómo lo resolvió Macri? Lo levantó, e irresponsablemente el primer año tuvo 40 puntos de inflación. ¿Cómo resolvió la demanda de dólares que el cepo evitaba? Empezó a tomar deuda. ¿Cómo terminamos? Con la soga al cuello. Endeudado el 95 por ciento del PBI”.

Fue tal el paseo que el candidato le dio al conductor, que éste en un momento tuvo que confesar: “Usted me confunde, Alberto, acá todos los economistas dicen que el déficit que dejó Cristina…”. Cuando se llegaba a este momento, en las pantallas de los viejos juegos electrónicos se encendía la frase: “Game over”.

Pero al mejor estilo macrista, Dujovne salió a retrucar al candidato peronista blandiendo números extraños, mezclando rubros y confundiendo déficit primario con déficit fiscal, que contiene el pago de intereses de la demencial deuda contraída por Cambiemos. Creyó que con eso y el blindaje alcanzaba. Error.

Alberto F. arremetió de nuevo y replicó al ministro de Hacienda con dichos que levantó La Nación: «Hoy el ministro de Hacienda utilizó las redes para responder con falsedades alguna afirmación que hice en la entrevista con Joaquín Morales Solá en el día de ayer, donde afirmé que Argentina tenía un déficit del 1,8 por ciento del PIB en 2015. Las vamos a responder punto por punto”. Y así lo hizo:

  • “El argumento de que el gobierno de Macri se endeudó para financiar el déficit fiscal es falso. El déficit de 2015 era de 16.800 millones de dólares. La deuda creció hasta abril de 2018 (dos períodos fiscales) en 100.000 millones de dólares, casi seis veces el déficit fiscal heredado”.
  • “Lo único que muestra esta política económica es impericia y negligencia. Los costos los paga el pueblo argentino con menos trabajo, más pobreza, ajuste y deudas que deberán pagar varias generaciones. El problema no es la herencia que recibieron. El problema es Macri”.
  • “Es recomendable que el ministro examine con mayor detenimiento la técnica presupuestaria, antes que basarse en artículos de blogs. Tal vez así evite el papelón de tener una inflación en el primer semestre que ya equipara a la proyectada para todo el año en el Presupuesto 2019″.
  • “El ministro plantea también que el déficit de 2015 era del 8 por ciento y cita un texto de un blog, el cual está plagado de errores técnicos y hasta sugiere que los pagos de intereses debían estar valuados al dólar blue, como si el Gobierno pagara deudas comprando dólares en una cueva”.

La pregunta que surge de inmediato es cuál de las dos aseveraciones impacta con mayor verosimilitud en el electorado, teniendo en cuenta que, cuando no se ocultan, los argumentos opositores son manipulados de tal manera que terminan siendo parte de un juego de opiniones y no la confrontación de datos reales con revoleos mentirosos.

Quién se lleva los millones

Después de leer en la nota que el diario La Nación publicó bajo un rimbombante título –“Para dar todos los remedios gratis, el Pami necesitaría $19.200 millones más por año”–, Alberto Fernández retrucó desde su cuenta de twitter: “Algunos se escandalizan porque pagar los remedios de nuestros jubilados costaría 19.200 millones de pesos al año. Esa es la cifra que la Argentina le paga a los bancos por solo diez días de intereses de las Leliq. Prefiero que el dinero vaya a quienes trabajaron toda la vida”.

El ex jefe de Gabinete de Néstor y Cristina volvió sobre el tema en su visita de campaña a Santa Fe donde, acompañado por el gobernador electo Omar Perotti ratificó: “Es catastrófico lo que hicieron con los jubilados. Lo vamos a corregir. Hoy un jubilado tiene que elegir si paga la luz o compra el remedio. Una sociedad que maltrata tanto a los abuelos, que trabajaron toda su vida, es una sociedad sin destino. Los condenaron a vivir casi en situación de sobrevivencia. Pero nosotros tenemos un compromiso con los abuelos y abuelas de la Argentina”.

Nunca hizo lo mismo cuando se trató de cuantificar lo que pierde el Estado a manos de los grandes ganadores del modelo, pero en este caso, el diario mitrista se tomó el trabajo de “investigar” cuánto le costaría al Estado cumplir con la vuelta a la gratuidad de los remedios expresada por el candidato peronista, que calificó de “promesa impactante”.

El periodista José Luis Brea, autor de la nota, aseguró que “fuentes del organismo consultadas por La Nación hablan de unos 19.200 millones de pesos anuales, y transcribe lo que esos portavoces le explicaron: “Es el copago total que gastan hoy los afiliados, de 1.600 millones de pesos por mes, proyectado a todo el año”. 

Lo cierto es que Alberto F. no sólo anticipó que los jubilados volverán a tener sus medicamentos gratuitos, sino que aumentará sus ingresos apelando al Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) de la Anses: “El Fondo va a ser para los jubilados, no para darles préstamos, sino para que mejoren sus ingresos”.

Luego de que el candidato a presidente salió a cruzar a La Nación, comparando el costo de esa medida con lo que dilapida el macrismo con su bicicleta financiera, el diario publicó otra nota, que tituló: “Pese a su costo, Alberto Fernández defiende su idea de dar remedios gratis a todos los jubilados”.

Nótese que en todo momento se habla de gasto, no de inversión, y se da por sentado que los medicamentos no se los ganaron los jubilados con sus aportes de décadas, sino que se los “dan”.

Pero en el fondo de la cuestión, subyace qué intereses defiende el diario de los Mitre: “Si todos los medicamentos pasaran a ser gratuitos para los jubilados, habría cambios importantes para los principales actores del sector: laboratorios, droguerías y farmacias”, señala el autor de los artículos, quien a renglón seguido reproduce la ponderación que realizó la presidenta de la Confederación Farmacéutica Argentina (Cofa), María Isabel Reinoso: “Los gobiernos pueden decidir las coberturas que quieran porque el medicamento es un bien social, pero no pueden usar al prestador para que financie una decisión política. Tienen todas las facultades de hacerlo, pero a los prestadores de salud tienen que pagarles en tiempo y forma”. 

Por sus obras los conoceréis

Es archiconocido el episodio narrado en el evangelio de San Mateo, cuando Jesús, casi al final del sermón de la montaña, le dice a sus discípulos: “Cuídense de los falsos profetas, que vienen a ustedes con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus obras los conoceréis”. Bueno, nada más parecido al macrismo que un falso profeta.

Picando en punta entre quienes mienten a boca de jarro respecto de lo que sería una especie de boom de obra pública llevada adelante por la actual gestión, el propio Macri protagonizó el ya famoso gag en el que, agachándose, golpeó el cemento de una obra que estaba inaugurando y exclamó: “Esto es real. No es sarasa”.

Lo proclamó el pasado 24 de junio, cuando inauguró un tramo de la Ruta 7, en la provincia de Buenos Aires, junto a Vidal, quien escuchó sonriente el resto del discurso del mandatario, que se envalentonó y afirmó que durante su gestión ya se terminaron 7 mil kilómetros de rutas, más que lo hecho en “los últimos 65 años”.

No contento, aseguró que las obras se hacen con “licitaciones transparentes” y con un “40 por ciento menos” del valor que se pagaba durante el “gobierno anterior”.

Macri sanateó que en esa zona son más de 230 mil bonaerenses beneficiados, que esa ruta es importante porque conecta con Chile, el turismo, y que “era complejo convivir con el peligro” de la vía única. Y en ese momento es que sentenció: “Esta ruta es real, no es relato no es sarasa, está hecha”.

Lo cierto es que en un categórico informe realizado por técnicos de Vialidad Nacional, surgió que Macri no hizo más rutas que el kirchnerismo, ni las mismas fueron licitadas con mayor transparencia, ni son más baratas. El jefe de Estado volvió a mentir, sin que alguno de los periodistas que luego tuvieron la ocasión de entrevistarlo le pidiera precisiones al respecto.

El informe, que fue difundido por el gremio de trabajadores viales conducido por Graciela Aleña, desarticula la mentira de campaña del gobierno nacional respecto de la mayor cantidad de obras públicas de infraestructura llevadas adelante por Cambiemos en contraste con las gestiones de Néstor y Cristina Kirchner.

El estudio establece que la cantidad de kilómetros de ruta licitados en el mandato de Macri alcanza a menos de una quinta parte que durante todo el período previo.

Como en el caso de la construcción de cloacas presuntamente superior en promedio anual a la del kirchnerismo, el informe de los trabajadores de Vialidad desmonta la fake new en torno de la construcción de rutas, mostrando que durante el kirchnerismo se licitaron 168 obras por año (7.840 kilómetros anuales) frente apenas 31 de la gestión de Macri (1.877 kilómetros), que se iniciaron 162 obras contra 67 y se concluyeron 113 contra 57.

También se denuncia que algunas de esas obras fueron terminadas con fondos provinciales, como los 240 kilómetros de ruta financiados por Córdoba, o el caso de numerosas obras abandonadas, como la Ruta Nacional 23 que va de San Antonio Oeste a Bariloche.

Y otra desmentida rotunda al oficialismo está vinculada con el presunto menor costo de las actuales obras –Macri dice que es hasta un 40 por ciento más barato–, atribuido a que ya no existe la estructura de corrupción previa. La secretaria general del Sindicato de Trabajadores de Vialidad ya había presentado en febrero pasado una denuncia contra los titulares de Vialidad Nacional por las obras de la ruta 8, licitadas en la etapa final del último gobierno de CFK por 285 millones de pesos y que Macri le pretendía pagar a Iecsa (la constructora de su primo Angelo Calcaterra) casi nueve veces más: 2.500 millones.

“…y les rompen el pescuezo”

En la semana que está concluyendo, un hecho abrió la puerta de la jaula en la que viven los leones más furiosos, y para ello sólo bastó que la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner, en la presentación de su libro Sinceramente en Mar del Plata, dijera: “Durante nuestra gestión los supermercados rebosaban de mercadería de primeras marcas. Ahora aparecen y proliferan marcas «la pindonga o cuchuflito», que nadie conoce. En lugar de leche, producto lácteo que contiene leche”.

Fue apenas ponerle el foco al dramático cambio de época, con leche que no es leche, con la venta de huesos de pollo pelados y envasados, con la miserabilidad de comerciantes que no se sienten culpables al denunciar a un jubilado por comer un pedazo de queso en una góndola de su minimercado.

Los dichos de CFK merecieron respuestas indignadas de los medios que blindan con desinformación el saqueo perpetrado por Macri y sus secuaces, del propio mandatario y de algunos de sus cómplices.

De ese modo, en Sunchales, en el centro norte de Santa Fe, Macri pretendió responderle a Cristina enarbolando la bandera de las pymes que por culpa de su política económica cierran por decenas todos los meses: “Muchos pequeños productores vinculados a Pymes, que tienen marcas no tan conocidas como Cuchuflito, como decía la ex presidenta, están muy orgullosos de su trabajo”.

Justo en Sunchales, “la ciudad que convive con una fábrica fantasma por el derrumbe de SanCor”, como tituló La Nación hace poco más de un año, en abril de 2018. O, como publicó el portal El Eco de Sunchales en octubre del año pasado: “El sector del comercio, servicios y pymes al borde de una crisis terminal”.

Cristina les salió al cruce, esta vez con la inesperada ayuda de una nota publicada por el diario El País de España, un medio que por cierto no se caracteriza por ser condescendiente con el kirchnerismo ni con la ex mandataria

CFK retuiteó el artículo: “Es tan obsceno el blindaje mediático que tienen Macri y Vidal que, como en otras tristes épocas, para entender lo que pasa en nuestro país y en la provincia de Buenos Aires hay que recurrir a la prensa internacional. Mirá la nota de El País de España”.

Y, entre otras cosas, la nota dice, bajo el título “La campaña de «Pindonga» y «Cuchuflito»”, que esos dos nombres “…simbolizan la crisis del consumo, la pobreza, el orgullo nacional, la buena o mala calidad de los productos argentinos e incluso la buena o mala calidad de los candidatos. En las primarias del 11 de agosto empezará a verse a quién favorece el gran debate público sobre «Pindonga» y «Cuchuflito»”.

Pero la verdadera miga de la nota de El País, que CFK recomienda leer –“Leé este párrafo de la nota… No tiene desperdicio. Como siempre fue, las segundas y terceras marcas también son producidas por las grandes empresas”–, se percibe claramente: “Ciertamente, la caída del poder adquisitivo en al menos un 12 por ciento anual, a causa de la inflación y la recesión, ha propiciado una explosión de las segundas marcas, más baratas. El acuerdo del Gobierno con los grandes fabricantes y distribuidores para congelar durante seis meses el precio de 64 productos considerados básicos… El producto de precio congelado más vendido desde la firma del acuerdo, tres meses atrás, es la leche La Martona, a 35,80 pesos (0,75 euros) en Buenos Aires, frente a los 47,70 (un euro) que cuesta la marca líder, La Serenísima. Tanto La Serenísima como la floreciente La Martona son producidas por el mismo grupo, Mastellone Hermanos”.

¿Qué termina diciendo El País? Que Cristina “…tocó el punto más sensible para los electores: la evidencia de que la economía marcha muy mal”. 

Y, aunque los grandes medios no la publicaron, la noticia de un jubilado que fue preso por comerse un queso en la misma góndola de un minimercado termina de redondear un panorama triste, agobiante, que no ofrece esperanza que no sea el final del actual Gobierno.

“Fue imputado por robar un queso, quedó detenido y la Policía le compró comida”, es el título del patético episodio. “El hombre, de 70 años atraviesa una difícil situación económica. Aseguran que en un acto de desesperación realizó el robo. El hecho ocurrió en Mendoza”, reza la bajada.

Como en aquella canción popular española, “Los maderos de San Juan”, en la Argentina de Macri los pobres piden pan y no les dan, piden queso y les dan huesos, y encima les rompen el pescuezo o los meten presos. Sobran. Niños o viejos pobres. Están de más, no entran en este modelo, diseñado para que pocos disfruten y muchos se sacrifiquen, incluso hasta la muerte.

El hombre de 70 años que fue detenido por robar un queso fue imputado y luego recuperó la libertad. “Mientras estuvo detenido le compraron comida debido a que atraviesa una situación muy mala”, dice el diario. “Vive solo y pasa de pensión en pensión”, agrega. “Estoy solo”, confesó él mismo, luego de roer un pedazo de queso, antes de salir huyendo con lo que le quedaba. Antes de que lo atraparan.

¿Qué juez lo imputó? ¿Qué tiene el comerciante en el lugar que casi todos llevan un corazón compasivo? Los datos fríos hablan de que el hecho se produjo el viernes 21, que el minimercado en donde decidió saciar su hambre es el Átomo de calle Lavalle, en Mendoza capital, que fue llevado a la Comisaría 3, de calle Rioja y Catamarca, y que interviene la Oficina Fiscal Nº 1. Pero esta crónica revela como pocos que Macri es un criminal social, y que sus mentiras no son inocuas, generan hambre, desesperación y muerte.

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