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Un grupo de docentes se organizó para preparar comida para sus alumnas y alumnos, cada sábado a la mañana. El hambre es creciente, y los comedores escolares funcionan de lunes a viernes, pero “¿qué pasa los fines de semana?” La pregunta la volvieron acción, consiguieron una olla bien grande, un mechero prestado, una garrafa, una alumna les facilita el patio de su casa para cocinar y ellos pusieron de su bolsillo para los alimentos. El primer sábado entregaron 70 raciones de comida, en una zona de Las Flores de extrema pobreza y abandono. Piden ayuda de la comunidad para seguir funcionando.

Daniel Medina y Eduardo Matuc son docentes de Las Flores desde hace más de dos décadas, son referentes en el barrio y en la comunidad en general. Daniel da clases en la Escuela Primaria Nocturna N°65 y Eduardo en la Secundaria N°407. Uno y otro saben bien que la comida que les llega a sus alumnos cada día de la semana no alcanza. Y que a veces es la única del día. Ven a diario en sus clases los datos estadísticos que marcan que hoy más de la mitad de las chicas y los chicos en la Argentina son pobres, y que el 35 % de la población en general está en ese límite de miseria.

Educar es un derecho, pero si hay otros derechos incumplidos te involucrás de alguna manera. Cuando falta un derecho, los docentes debemos estar ahí para que se cumpla”, argumentan sobre qué los mueve en semejante tarea solidaria.

En el barrio

Son casi las diez y media de la mañana del sábado y Marcelo está terminando de trozar los pollos. Daniel revuelve la salsa y Eduardo prepara mates para distraer el frío. Cada tanto se turnan en esas tareas. La escena se da en el patio de una humilde casa de un barrio de pobreza extrema. Es en Las Flores sur, abarca la zona que está “detrás de calle España” (como la conocen), en el pasaje que nace en 5 de Agosto y se extiende en forma paralela al predio de la Escuela N°407, y que termina detrás del Hospital Regional Sur. Un barrio de casas de chapas, zanjas que abren y mantienen los vecinos, calles de barro y un paisaje de total olvido y abandono.

Hasta hace poco Marcelo Iramaz trabajaba en una empresa gastronómica. Hoy está desocupado. Es quien les da una mano importantísima a los profesores que ahora tiene en el patio de su casa aprendiendo a cocinar. Su compañera Carolina está en 7° grado de la Primaria para adultos, fue quien terminó de convencer a los docentes que algo había que hacer para ayudar ante tanta necesidad. Un día le confió a su maestro Daniel, que la comida de los comedores no era suficiente. “Nunca vi que una persona se desespere tanto por comer, es mucho el hambre que hay acá”, las palabras de Carolina. En pleno receso escolar de invierno, Daniel, Eduardo y un grupo más de docentes que militan en la agrupación “Simón Rodriguez” de Amsafé (integra el Frente Trabajadores de la Educación) se organizaron y consiguieron lo básico para arrancar.

Y lo básico es una olla bien grande, una garrafa y un mechero, todo prestado o donado. También una cuchara de madera gigante que les regaló Edgardo Fernández, carpintero de una de las escuelas. La comida por el momento sale del bolsillo de los docentes, que compran con el asesoramiento de Graciela y Marta, dos cocineras de los comedores escolares. Piden que se les dé una mano, para conseguir otra garrafa, mechero y ollas. Y desde ya alimentos para preparar las raciones de comida. El primer sábado, que apenas corrió la voz de lo que estaban haciendo, repartieron 70 raciones. Ya llegado el mediodía cada familia se acerca con un taper, una ollita o lo que sea donde se llevan la comida.

La intención es dar el puntapié para que en el barrio se organicen y puedan cocinar –ante la pobreza creciente- también los domingos. Los maestros, como buenos educadores, tienen además otros proyectos como levantar una biblioteca popular donde no solo promover la lectura sino actividades culturales y sociales. “Que sea un lugar de encuentro”, dicen.

Aula radial y falta de Eempa

El año pasado, una serie de hechos de violencia y de robos en la zona, alejaron a buena parte de las alumnas y alumnos de la escuela nocturna. El maestro Daniel Medina no se quedó de brazos cruzados y salió a buscarlos casa por casa, donde les dio clases para que no pierdan el año ni la continuidad de los estudios: “Se anotaron 20 personas, 4 de ellas terminaron el 7°grado”, menciona Daniel como logro de ese trabajo de hormiga. La iniciativa derivó además en la creación de un aula radial que desde este año funciona en la Escuela 407.

En las dos primeras semanas me atendían de la vereda, luego me hizo pasar una familia a la casa y después todos”, recuerda de esa experiencia que lo unió más al barrio. Daniel siempre lleva su guardapolvo blanco, un símbolo de lo orgulloso que se siente de ser maestro y que además le abre puertas, sin mucho que preguntar, cada vez que se anuncia aplaudiendo frente a cada casilla del barrio.

Este me lo regaló un alumno, que lo rescató de un contenedor”, dice feliz tomándose una banderita argentina bordada sobre el nombre de un tal “Doctor….” a quien había pertenecido el guardapolvo que lleva puesto.

Entre las carencias y urgencias que hay en el barrio, Eduardo Matuc y Daniel Medina remarcan la necesidad de que se cree una Eempa (Escuela de Enseñanza Media para Adultos). Hace tres años el barrio juntó firmas y entregó ese pedido al Ministerio de Educación de Santa Fe. “Pero hace más que se reclama esta Eempa”, aclaran los docentes. Hasta el momento no hay respuestas. La Eempa más cercana para todo Las Flores es la que funciona en Oroño y Sánchez de Bustamante.

Enseñar y asistir

Maestro! ¿Qué hace acá un sábado? Usted no tendría que estar acá”. Llega la voz de una alumna que ve a los profesores cocinando. La pregunta la recogen Eduardo y Daniel, hablan de que la tarea de enseñar no está disociada de la de asistir. Discurren que no se puede mirar para otro lado, más cuando saben del hambre, dónde y cómo viven sus alumnos.

Estando en territorio sabemos de las necesidades de la gente. Muchos alumnos nos dijeron que no tenían comedor los fines de semana; de lunes a viernes está la escuela, también ollitas que se hacen en el barrio, pero cada uno lo hace una vez a la semana. No alcanza”, describen Daniel y Eduardo, además de remarcar que es la misma situación que se vivió en los 90.

Después de media mañana o media tarde, nuestros alumnos nos dicen que tienen hambre”, puntualiza Eduardo sobre lo que pasa en la secundaria donde trabaja. Asisten unos 600 estudiantes en tres turnos, los de la mañana y la tarde reciben copa de leche y comedor. Pero los del turno noche solo una ración de comida fría, generalmente un sándwiche.

Daniel Medina lleva 25 años enseñando en la Escuela Primaria Nocturna N°65 (en el mismo edificio que la Escuela 756 Serrano) a personas adultas, además de ser el director de la Escuela Primaria N°2003 que funciona en la Unidad Penitenciaria N° 3 y estar terminando su tesina para graduarse de sociólogo. Eduardo da clases en la Secundaria 407, suma 22 años como profesor de historia, egresado en la disciplina de la Universidad Nacional de Rosario.

La charla sigue y ya se asoman las primeras familias. “Nosotros sabemos lo que hacen y son los maestros”, susurra Marcelo sin descuidar la atención de la comida del día.

Para colaborar, escribir a los correos: te.parece@hotmail.com y ematuc@hotmail.com

 

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