La Agencia de Prevención de la Violencia en el Deporte (Aprevide) impidió el ingreso de bombos y banderas con la imagen de Eva Duarte de Perón a la cancha de Banfield. “Son símbolos partidarios”, argumentaron.

Los hinchas de Banfield llegaron el pasado domingo a la puerta del estadio y, como es costumbre, accedieron al cacheo de la policía para poder ingresar los trapos, los bombos, los redoblantes y hasta algunos instrumentos de viento. Ese día, el Taladro recibía a Estudiantes de La Plata en el estadio Florencio Sola. Esa tarde, además, el club del sur bonaerense estrenaba una tribuna sin alambrado ni fosa, dando un gran paso en la lucha por la erradicación de la violencia en el fútbol argentino. Pero se encontraron con una orden directa de quienes justamente se encargan de prevenirla: no se puede entrar con nada que tenga la imagen de Eva Perón. No hubo forma, varios bombos y una bandera se quedaron afuera.

“El argumento es que se trata de símbolos partidarios, eso es lo que usó como excusa la gente de Aprevide, que ya había hecho algo similar en la cancha de Sarmiento de Junín ¡que se llama Eva Perón!”, enfatiza Sergio Cherco Smietniansky, integrante del espacio Banfield por los Derechos Humanos. “Está claro que la figura, la dimensión histórica de Evita trasciende cualquier espacio partidario –continúa–. Y si lo llevamos al absurdo, desde el punto de vista técnico, hay tres fórmulas presidenciales de las que compiten el domingo que están integradas por gente que está vinculada al peronismo”. 

Smietniansky, que también participa de la Coordinadora de Derechos Humanos del Fútbol Argentino, fustiga: “Hay algo mucho más grave todavía, que es ¿quién es Eva Perón? Es la gestora del voto universal en nuestro país, con lo cual tiene condición de prócer indiscutida. A los inquisidores siempre les gustó atacar a las mujeres, pero realmente es un absurdo. Así, el próximo paso puede ser que prohíban que se pague la entrada con los billetes de su imagen”. 

Lo más ridículo, es que en las instalaciones de la cancha, la imagen de la Abanderada de los humildes está tatuada en una de las paredes. “La figura de Evita está en dimensiones gigantes del lado de adentro del estadio porque está reconocida institucionalmente por el club”, remarca  Sergio, y detalla: “Hay un mural de ella con el escudo de Banfield y el lema que se usa habitualmente, que es «El equipo de Evita»”.

Cherco, que así es como le dice todo el mundo, se refiere a que en la definición del campeonato de 1951, en la que el Taladro llegó a la instancia final con Racing, la por entonces Primera Dama manifestó públicamente su deseo de que el club ubicado en la esquina de Peña y Arenales se quedara con el título. “El deseo de Evita tenía una lógica política, ya que por primera vez en la historia del profesionalismo un equipo de los denominados chicos terminaba en la cumbre de un campeonato de Primera División, lo que rompía la eterna hegemonía de los cinco grandes”, publicó el propio Smietniansky en el portal InfoNews de Banfield. Aunque finalmente el vencedor fue el conjunto de Avellaneda, los hinchas del verdiblanco se apropiaron para siempre de la figura de la mujer que impulsó el voto de sus pares.

“Los muchachos de la Revolución Libertadora tendrían que hacerle una denuncia por plagio a la Aprevide”, ironiza este fana y militante del Taladro, ya va por más: “Este no es un tema novedoso, pero sí es de una gravedad institucional realmente inusitada. Es un escándalo político. Entonces San Martín también sería un símbolo partidario. Tampoco se podría ingresar alguna imagen de Yrigoyen, de Juan B. Justo o Alfredo Palacio. O en el caso de Banfield, con otro símbolo histórico como es Oscar Alende, de la Unión Cívica Radical intransigente. Es todo un absurdo, porque son figuras del patrimonio de la cultura popular de nuestro país”.

Una de cal y una de arena

Casi en el mismo momento en que el mundo futbolero celebraba la iniciativa banfileña de quitar el alambrado de la tribuna Eliseo Víctor Mouriño, luciendo al estilo europeo, el organismo que conduce Juan Manuel Lugones, mientras se jactaba de ese cambio cultural, impedía el ingreso de todo elemento que tuviera estampada la figura de la esposa del General Perón. “Una cosa no tiene nada que ver con la otra”, aclara este fanático de la institución del sur del Gran Buenos Aires al comparar el accionar del organismo de seguridad con lo que ocurrió en la grada que homenajea al ex futbolista que brilló con la verde y blanca entre fines de los 40 y principios de los 50, que luego le valió la capitanía de la Selección Argentina.

“Es un mérito, el de poder jugar sin alambrados, que no tiene ningún vínculo con el Aprevide, que aplicando ese derecho de admisión a la figura de Evita lo que hace es generar violencia, porque está atentando contra los principios más elementales de la democracia, de la historia de nuestro país. Es un hecho violento cultural y políticamente”, afirma Sergio, y todavía con un dejo de bronca, reclama: “Quienes están a cargo deben dar explicaciones a la sociedad de lo ocurrido”.

Con el lamentable episodio aún fresco, a la memoria de Cherco acuden situaciones similares, también en tiempos de Macri. “Puntualmente con lo de Santiago Maldonado, en dos ocasiones quisieron impedir el tema de la bandera, y la resistencia del público permitió que no la saquen”, rememora este socio del Taladro. “En la tercera el cerrojo era tan grande que se podían meter sólo los letreros, y en el cuarto partido directamente pasó un avión por arriba del estadio y tiró 30 mil volantes con la imagen de Santiago”, celebra, y recuerda que mientras el país buscaba el cuerpo del joven artesano, víctima de la represión de la Gendarmería, “había una cacería de brujas con cualquiera que se solidarizaba con esa causa”. Y más acá en el tiempo, lo mismo ocurrió con el pañuelo verde de la campaña por el aborto legal, seguro y gratuito: “En varias canchas se les ha prohibido a las mujeres ingresar con pañuelos verdes.El caso resonante fue el repechaje de la Selección Argentina de fútbol femenino en Arsenal –menciona Smietniansky–, incluso contrariando lo que han manifestado públicamente muchas jugadoras”.

En este sentido, este hombre de apellido difícil resalta el trabajo de la Coordinadora de Derechos Humanos, que nuclea a simpatizantes de todos los clubes de fútbol del país, incluído los dos grandes de Rosario: “Estamos planteando desde el organismo que el fútbol y los derechos humanos no son cuestiones disociadas”. Y asegura que la idea del grupo es “llevar el concepto básico, llevar los derechos humanos al fútbol, de empezar a subir la lucha de los derechos humanos desde la identidad que a cada uno nos toca”.

“Así como históricamente se reivindicaba a las víctimas del terrorismo de Estado, a las y los compañeros detenidos y desaparecidos por su condición de trabajadores del Banco Nación, por estudiantes del Enam. A raíz de eso empezamos a cuestionarnos por qué los clubes de fútbol no habían hecho lo mismo”, se pregunta Sergio, y sigue: “Lo que buscaban era borrar la historia de esos compañeros y compañeras. Y como esa identidad existía, nos parece legítimo reivindicarlos desde ese punto”.

Le taladra la cabeza

La situación del equipo ahora conducido por el ex goleador Hernán Crespo, no es tan cómoda como en otros tiempos. O por lo menos así lo ve Sergio Smietnianski: “Este año aparece un poquito más ajustado con el tema de los promedios. Lo tenemos que mirar aunque sea de reojo, algo que en los últimos años no estábamos acostumbrados”.

Si bien el presente del conjunto bonaerense con respecto a la zona de descenso no es tan crítico como el de los rosarinos Central y Newell’s, la cosa no está para tirar manteca al techo, ni relajarse. “De todas maneras somos optimistas, y esperemos que lo resultados nos acompañen”.

Por último, este incondicional seguidor de Banfield y habitual entre los tablones del Florencio Sola, resalta que “el club tiene un semillero muy bueno, por lo que este año se intentó hacer un mix con jugadores de experiencia”, y desea seguir sumando puntos “para que esto se siga manteniendo con Crespo a la cabeza del plantel”.

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