El peronismo arrasó, con algunas sorpresas incluidas. Mientras varias realidades provinciales emergieron con una potencia inusitada, que marcó distancias sorprendentes entre sus candidatos y las fuerzas oligárquicas, se impuso de modo terminante en el orden nacional, superó holgadamente a la candidata modelo de Cambiemos en provincia de Buenos Aires y alzó su indicador diez puntos en la compleja Ciudad Autónoma de Buenos Aires. La coalición de movimiento obrero, organizaciones sociales, ámbitos políticos nacional populares y empresas ligadas al mercado interno, mostró –al estar unida- su vigor.

La operatoria de negocios liderada por el macrismo y compartida con un puñado de empresas buitres, grandes exportadores primarios, corporaciones financieras y medios de comunicación concentrados fue derrotada de modo contundente por el voto masivo durante las elecciones Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias. El grupo de bandidos en la administración estatal después de un saqueo de tres años y medio, inició una última etapa de enriquecimiento ilícito a través de la devaluación.

El presidente Mauricio Macri, en su alocución presentada en plena derrota tras un intento de ocultar los guarismos de común acuerdo con la organización Smartmatic, sugirió a los argentinos “ir a dormir”. La frase no es antojadiza: sobre las 00.30 de este lunes el dólar ya se había levantado y en este amanecer los comercios iniciaron la remarcación de precios. Es ostensible que el mejor equipo de los últimos 50 años necesitaba un pueblo adormilado frente a las maniobras finales de enriquecimiento particular de rentistas sin atisbos productivos.

Desde el arranque el gobierno buscó el ajuste y tras un breve escarceo gradualista (Alfonso Prat Gay había afirmado que recibieron una economía muy ordenada), se apoderó junto a las finanzas privadas de los organismos públicos destinados al crédito y elevó las tasas a niveles récord que dieron cuenta del final de la producción nacional. En la misma línea sancionó una disparatada ley de Déficit cero que impidió la canalización de recursos generados por la sociedad hacia el mercado interno. Aisló al país del mundo Multipolar creciente y contribuyó a devaluar Mercosur y Unasur.

Desde los medios afines (Clarín, La Nación, Perfil e Infobae más satélites), con el amparo de inventos referidos a la presunta corrupción de la gestión previa, se combatió a todos los espacios que intentaron revertir la tendencia y recuperar la actividad productiva y el trabajo en el territorio local. Así, se impactó con energía sobre los sindicatos, las organizaciones sociales, los dirigentes nacional populares y se los calificó alternadamente de delictivos y populistas. Una región zonza de la comunidad acompañó esos planteos, aunque se fue hundiendo junto a los que resolvieron batallar para poner de pie al país.

Estos últimos fueron determinantes para la unidad y la organización del movimiento nacional popular. El año pasado, el sindicalismo argentino, motorizado por la Corriente Federal de Trabajadores y el Frente Sindical para el Modelo Nacional alcanzó la unidad y enlazó con Cristina Fernández de Kirchner para llevar adelante un camino que derivó en la coalición política Frente de Todos. En simultáneo, hombres como Alberto Fernández fueron hilvanando franjas interiores para reconstruir la unidad quebrada en el último tramo del gobierno kirchnerista y evidenciada por la derrota del 2015.

Esa sabiduría colectiva, potenciada por la necesidad de frenar el proceso de destrucción de la industria nacional y el vaciamiento del Estado, alcanzó un desarrollo superior al esperado y marcha rumbo a Octubre con intensidad y banderas claras. Las observaciones de Axel Kicillof y del propio Fernández en sus discursos pre electorales y sus cierres post PASO resultaron elocuentes sobre la dirección que se adoptará en un nuevo gobierno de orientación nacional. En la misma línea, necesitarán renegociar con firmeza un adeudo externo innecesario contraído para enriquecer las firmas directamente relacionadas con los miembros del gabinete.

El panorama demoledor conllevó una respuesta popular terminante que abre un juego diferente para los dos meses venideros. La debilidad oficial crece hora tras hora, pero la reversión de sus políticas no está en los planes porque la razón de ser de Cambiemos es el traspaso del volumen de la economía productiva hacia la renta y la fuga. No se trata de tozudez ni de impericia sino de un macrismo que, acompañado por imbéciles de distinta laya, sólo puede – sabe observar la nación como un coto de caza. Los medios que lo han acompañado, por mucho que hablen sobre “errores”, son parte del problema al haberse convertido en cómplices (y a veces, motores) de ese deslizamiento económico.

Por tanto, resulta imprescindible estar atento a lo que suceda en el tramo venidero, pues lo único que puede hallarse en la mente del presidente, sus ministros y sus socios, es el modo de apropiarse de todos los recursos sociales y estaduales posibles. Esta realidad, en combinación con la debilidad política gestada por el comicio reciente, puede derivar en una irresponsabilidad aún más marcada en las acciones oficiales. El ser interior oligárquico está atravesado por el latrocinio como único elemento de continuidad. Si el tramo más reciente enlaza a José Alfredo Martínez de Hoz con Domingo Cavallo y Mauricio Macri, sus antecesores van aún más allá de quienes firmaron el empréstito con la Baring Brothers.

De allí que el control social deba arrancar ahora mismo. Por un lado, mediante la campaña destinada a vencer en primera vuelta y erguirse al frente del Estado con el poder del voto. Por otro, a través de la acción inmediata para impedir el último período de traslación de riquezas en beneficio de los particulares que se hicieron de cargos institucionales que les generan risa. Es posible por el andar señalado en el tramo previo a las PASO: el movimiento obrero, el espacio social y el ámbito político, están de pie. En cierto modo, las pymes y cooperativas, también. Ese extraordinario potencial puede empezar a revertir la destrucción y a evitar males mayores.

El peronismo ha vuelto a brindar, conceptualización forjista mediante, un ejemplo de perdurabilidad y relanzamiento sorprendente. Está compuesto –en contraposición a los sectores que hasta hoy ocupan el gobierno– por una savia de fluir poderoso y creativo que recompone la Nación cada vez que la misma se ve amenazada.

*Director La Señal Medios / Sindical Federal / Area Periodística Radio Gráfica

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