El próximo viernes 16 de agosto a las 19, en la Biblioteca Argentina (Pasaje Dr. Álvarez 1550), se presenta No era yo, el primer libro de cuentos de Luis Alberto Steinmann, editado por El Salmón, sello local que el autor co-dirige junto a su compañera, también escritora, Rocío Muñoz Vergara.

Nació en 1982 en El Dorado y se crió en Posadas, Misiones. También vivió en Buenos Aires y en Sevilla, España. Desde hace unos años Beto eligió Rosario, donde se dedica a la gestión cultural, y a escribir. En su perfil de autor hay un dato saliente, y es que siempre vivió cerca del río.También incursionó en todo tipo de oficios: hamburguesero, crupier, mozo, imprentero, poeta. De ahí toda la materia de la que están hechos estos cuentos.

Lo “regional” que tanto se achaca a los autores de provincia, o del interior, no aparece en el libro como marca registrada o división política como la de los mapas, sino como expresividad pura. En los 16 relatos que componen No era yo, Beto construye los entornos donde ocurren las historias mediante una escritura fresca y sencilla, a veces impregnada de oralidad, y desde las reacciones y acciones de los personajes, incluido el narrador en primera persona. No hay connotación, ni remilgos, ni firuletes. Pasan cosas, a los personajes le pasan cosas, resuelven o se resignan, olvidan y siguen.

En la triple frontera, en un yerbatal, entre cuatro paredes o en un subte en hora pico, el hombre de provincia va vestido con la mejor pilcha que tiene rumbo a una entrevista de trabajo en un bar cualquiera de la Capital. A lo chejoviano, o lo carveriano, los textos de Beto son las historias secundarias, las historias que no representan toda la vida sino sus partes discretas, situaciones recortadas sobre la existencia común de un hombre, de una mujer, de su duración lenta, fatigosa, en la que, de a momentos, se ponen en juego los sentimientos más profundos, la moral de su época, y los gestos ante las pequeñas grandes circunstancias: la contienda cotidiana entre el fracaso total o un triunfo parcial, justo ahí donde se vislumbra lo contingente, lo fatal y la injusticia que acompaña a tantos. Un ejemplo formidable, es Eso no sirve para nada, cuento en el que un operario de fábrica que acaba de perder su trabajo, se sienta a ver la derrota de Bonavena frente a Cassius Clay en la histórica pelea en el Madison Square Garden.

Otro de los temas del libro es el imaginario de los centros urbanos como depositarios de las mejores oportunidades, lejos del terruño. Desde el epígrafe lorquiano “Pero yo ya no soy yo, ni mi casa es ya mi casa”, al último cuento que le da nombre al libro, Steinmann representa esa escisión que significa el exilio, el desarraigo, a partir de la construcción de una identidad en conflicto. El destierro, el desclasamiento, las dificultades económicas ponen a prueba a los personajes de Beto, con sus expectativas y desalientos.

Como el sermón que el Obispo Usher, desde la soberbia y suntuosidad que le da el oficio divino, le diera a los pupilos del cuento de Rodolfo Walsh: “Cada hombre honrado debe aprender sus oficios terrestres”. Ese mandato que rige la vida de los pobres, es conjurado por los que habitan este puñado de historias. Por rebeldía, porque se hace lo que se puede, porque ya no se juega la honra, pero sí la vida. 

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