Los paliativos que lanzó el presidente/candidato Macri como nueva estrategia electoral no consiguen revertir el impacto negativo en el costo de vida por la fuerte devaluación. El fusible del ministro de Economía revela lo traumático de la crisis pos Paso, mientras el oficialismo ratifica el rumbo de ajuste económico, el mismo que ya fue desaprobado en las urnas.

El enojo de Macri con la ciudadanía argentina (¡aprendan a votar!) y su falta de sueño (después de mandarte a dormir) por el desvelo que le trajo el categórico resultado de las Paso a favor de la oposición, hicieron funcionar de lo lindo la remarcadora estos últimos días. Hubo un traslado directo y en corto tiempo de la megadevaluación del lunes después de las Paso a los precios. Salir de compras e ir al súper da pavor a los ya de por sí afectados bolsillos. Las medidas de “alivio” anunciadas por Macri, como el descuento del IVA en algunos productos de la canasta básica y el freno al aumento en los combustibles, no logran revertir el daño ocasionado por la fuerte suba del dólar, una corrida cambiaria apañada por el mismo gobierno como reprimenda y amenaza a los electores que osen volver a votar la fórmula del Frente de Todos en octubre.   

“Con la última devaluación de Cambiemos y su inevitable pase a precios en especial alimentos y bebidas, se estima que la pobreza por ingresos roza el 40 por ciento de la población total”, advirtió el sociólogo Artemio López. “La última devaluación de Cambiemos agregó 13 puntos porcentuales de población bajo la línea. Sobre una población estimada de 45 millones, son casi 6 millones de nuevos pobres en 45 meses, de los cuales 2 millones son menores de 18 años”, escribió en su cuenta de Twitter.   

El estruendoso resultado de las Paso agudizó una crisis económica que sentó base a fines de 2015 con la llegada de Cambiemos al gobierno. Si bien las del domingo 11 de agosto fueron elecciones primarias que sólo definieron los candidatos que competirán en las generales del 27 de octubre, la abultada diferencia a favor de la oposición generó un sacudón en la escena política, con repercusiones en el plano económico y financiero. El ajuste de Cambiemos cosechó un rechazo generalizado en la sociedad argentina, pero esas políticas son ratificadas por el ingeniero Macri, aunque matizadas con algunos parches “populistas”.   

“Las transferencias anunciadas por el gobierno no alcanzan a compensar el previsible deterioro de los ingresos de la población provocados por la suba del dólar (+25%), por lo que no esperamos que logre levantar el consumo y, mucho menos, torcer el rumbo político”, indicaron desde el Centro de Estudios Económicos y Sociales Scalabrini Ortiz (Ceso) en el informe titulado “El castigo de los mercados”. El Ceso proyecta una inflación para agosto de alrededor del 4 por ciento. En sólo una semana se registraron aumentos en varios productos de la canasta básica de más del 25 por ciento, entre los que aparecen fideos secos, bebidas sin alcohol, como aguas con gas, aceites de cocina, jugos concentrados y galletitas dulces. 

El daño en los precios ya está hecho. La inflación supermercado acumulada en los últimos doce meses en la provincia de Santa Fe, por ejemplo, llega al 67 por ciento, según datos del Ceso. Las góndolas reflejan los efectos de la última gran devalueta macrista. La remarcación de precios pega con dolor en sectores populares, donde los paliativos lanzados por el gobierno en clave electoral no se hacen sentir, tampoco parece en la estabilidad financiera y el devenir de los “mercados”. Hoy para comprar los mismos productos de siempre hay que gastar mucho más. O directamente comprar menos. 

Pese a que el modelo neoliberal del macrismo muestra su peor rostro, con corrida cambiaria, suba del dólar, aceleración inflacionaria, más pérdida salarial, más recesión, despidos en continuado y más familias a las que les cuesta alcanzar la seguridad alimentaria, el resultado de los comicios refleja la derrota de ese modelo de especulación financiera, libre mercado y ajuste que encarna el oficialismo. Cambiemos generó una crisis profunda, que terminó de estallar después de las Paso. El problema para Macri no fue el padecimiento del pueblo, sometido a sus políticas recesivas, sino “los mercados”, grandes corporaciones manejadas por señores millonarios que hacen la bicicleta financiera y la levantan con pala. El resto, más empobrecido, más endeudado. 

“Casi el 90 por ciento del paquete de medidas del gobierno para recuperar al menos una parte del terreno electoral perdido beneficia a la clase media y alta, tiene un sesgo PRO-rico”, señalaron desde el Instituto de Trabajo y Economía (ITE) de la Fundación Germán Abdala. “El gobierno sigue improvisando parches sobre un modelo económico que ha fracasado. En el corto plazo, la mejor noticia para el poder adquisitivo de la población sería una estabilización de la crisis cambiaria. Sin esta condición, el efecto de cualquier política de compensación de ingresos estará destinada a licuarse rápidamente en el tiempo”, se agregó en el documento del ITE.  

La casi irremontable goleada electoral que sufrió el macrismo en las Paso evidenció, entre otras cosas, que la recuperación económica que vendía el gobierno y, hasta ese momento la prensa amiga, era una ilusión. A la grave crisis económica autogenerada, tras el veredicto de las urnas, se le sumó la debilidad política, donde el presidente/candidato pasó de amenazar al electorado por votar contra el ajuste a guasapear a la oposición para pedir SOS. 

Si bien Cambiemos presentó a las corridas (cambiarias) una batería de medidas de “alivio” que vencen después de los comicios generales de octubre, al mismo tiempo ratificó la dirección del rumbo que depositó al país en esta hecatombe socioeconómica, laboral y financiera. Las medidas que presenta un gobierno con casi el 70 por ciento de desaprobación están acompañadas desde el vamos por la debilidad política y carcomidas por el proceso inflacionario.   

En medio del microclima electoral pos Paso, el gobierno anunció la llegada de un nuevo ministro de Economía, con lo que ello implica para la historia argentina, un fusible que siempre salta en momentos de hecatombe económica. Bonos y acciones argentinas en Estados Unidos se desplomaron y aumentó el riesgo país.

La prioridad de Hernán Lacunza es frenar la cotización del dólar, que se disparó el lunes siguiente a las Paso, después de que el macrismo+FMI=neoliberalismo fueran derrotados en las urnas por abrumadora diferencia. El reemplazante de Nicolás Dujovne sigue el mismo camino y no dice cómo resolver los problemas más urgentes que afectan a cada vez más ciudadanos y ciudadanas, en medio de una debacle económica que trae malos recuerdos. Dujovne se fue con penas, sin gloria y con buena parte de su fortuna depositada en el exterior. Lacunza habla de déficit, no de desempleo y pobreza.

Mientras tanto, las fichas y los discursos se reacomodan, sobre todo en voz de opinólogos, economistas conservadores y periodistas resultadistas. Macri, perdedor, representa políticas económicas fallidas que desataron una crisis de proporciones. Unos 14 millones de argentinos sobre un total de 45 millones de habitantes tienen ingresos por debajo de la línea de pobreza, mientras un millón de personas participan de una orgía financiera que somete al pueblo argentino y es apadrinada por la elite gobernante. El Frente de Todos, ganador, representa un momento del país que tuvo crecimiento económico. 

En casi cuatro años, el modelo macrista destruyó la economía, la industria, el mercado laboral, recortó salarios, generó una distribución regresiva del ingreso, hizo crecer la deuda externa de manera exponencial, alentó la especulación financiera, desorganizó la vida de millones de argentinos, desmoralizó a otros tantos. Pero la nueva derecha, la política del siglo 21, el neoliberalismo cool del PRO, fueron derrotados en las Paso, aunque las consecuencias de su modelo económico siguen dando coletazos.  

Con la firma de un acuerdo de préstamo por 57 mil millones de dólares, el rescate más grande en la historia del organismo, el FMI acompañó al gobierno de Macri, hasta financió su campaña con adelantos de desembolsos. Lacunza  aclaró que el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional sigue vigente. Después de una semana y pico de mutis ante la dura derrota política del gobierno al que más plata prestaron, siempre con el guiño de Mr. Trump y Estados Unidos, el FMI apenas sacó un comunicado para decir que la situación de Argentina “es complicada”. 

La era macrista dejará a sectores concentrados de la economía y a los que “saben hacer negocios” con súper ganancias y a las mayorías populares más hundidas. Ese era uno de los objetivos de este cuarto experimento neoliberal que eligió transitar la Argentina, después del sufrido de facto en la última dictadura, el menemismo y su continuidad en la alianza dellarruista. Es raro creer que se sale de la crisis con las mismas políticas que la generaron. 

El oficialismo parece mirar para otro lado, hacer como que no tiene nada que ver con la crisis ni con el desenlace de sus políticas, camufladas en un modernismo amarillo marketinero y virtual. Pero lo cierto es que estos procesos terminan siempre de la misma manera, con altos costos para el grueso de la sociedad. El electorado tiene la última palabra y puede responderle al fastidio macrista sepultando otra nefasta experiencia neoliberal comandada por un empresario multimillonario y un equipo de CEOs y ejecutivos de grandes compañías que pasaron a atender de los dos lados del mostrador.

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