Otra vez malaventuras del FMI, otra vez deuda externa en default, otra vez desmadre económico, financiero y sociolaboral en la Argentina. El desenlace de este nuevo capítulo del neoliberalismo argento, escrito por el macrismo y dictado por el Fondo Monetario Internacional, estaba cantado. No hubo enamoramiento ni con Madame Lagarde ni con las políticas ajustadoras del gobierno. El ciclo M llega al ocaso con resultados penosos para el conjunto de la ciudadanía: recesión, consumo popular en picada, derrumbe de la actividad productiva, cierre de empresas y comercios a diario, desempleo arriba de los dos dígitos, caída en el poder de compra de los ingresos, inflación récord, con casi el 40 por ciento de la población viviendo bajo la línea de pobreza y endeudados vorazmente hasta el Fondo.

El FMI y su programa de ajuste, que estalla en la propia cara de los tecnoburócratas, vendrían a ser como los padres de la dura derrota electoral que el oficialismo, con “el mejor equipo de los últimos cincuenta años” y todo, sufrió en las Paso.

El Fondo es corresponsable del desbarajuste económico y social que azota a la Argentina, resumido en “macrisis”. No hay un solo caso en el mundo que la intervención del FMI haya traído mejorías para las mayorías populares, más bien, todo lo contrario. Argentina, bajo un gobierno de derecha, vuelve a confirmar este postulado.

Después de digitar la política económica del macrismo, conceder el mayor crédito en la historia del FMI, comprometiendo el 60 por ciento de su patrimonio, adelantar giros de dinero para financiar la campaña de la alianza Cambiemos y así dar “certidumbres”, el Fondo, controlado por Estados Unidos, vino a la Argentina a ver qué onda: primero tanteó el terreno político y después revisó la marcha del acuerdo stand by firmado con la Argentina el año pasado, por el récord de 57 mil millones de dólares, que ya quedó atrás por acumulación de incumplimientos, como el famoso “déficit cero”. Mientras tanto, el Banco Central quema reservas a lo pavote, la fuga de dólares se acelera, recrudece la tensión cambiaria con megadevaluación, y la debilidad política del oficialismo se acentúa.

Macri quiso conmover a los del Fondo con una movilización en su respaldo. Mucha gente (bien) por tratarse de un gobierno de derecha y desgastado, poca gente si se la compara con marchas opositoras. Envalentonado y pisteando como un esquiador, a la espera del último desembolso pactado con el FMI de 5.400 millones de dólares, que indefectiblemente deberá renegociarse, Macri destacó como un mérito de su gobierno hacerse cargo de la deuda que él mismo contrajo, incluso emitiendo un bono a cien años, después de recibir un país desendeudado.

El Presidente y el ministro de Economía Hernán Lacunza pidieron pedal al Fondo, anunciaron la reestructuración de los vencimientos de la deuda, sin quita y con pagos de intereses, con el único objetivo de estabilizar el mercado cambiario, tarea difícil ante la insolvencia económica y política que conlleva la fuerza gobernante. El anuncio de entrada en default, disfrazado en un “reperfilamiento” de la deuda, llegó después de que el propio Fondo pusiera en duda el último pago del compromiso asumido antes de las elecciones de octubre, lo que representaría un corte para el respirador artificial que sostiene a Cambiemos.

Alberto Fernández, candidato opositor más votado en las Paso, se reunió con la misión del Fondo que anduvo por Buenos Aires después del temblor electoral. Los delegados del organismo, con el director del Departamento del Hemisferio Occidental, Alejandro Werner, a la cabeza, siguieron la misma estrategia de Cambiemos y quisieron asociar a la oposición a la crisis actual. Pero el Frente de Todos les cortó el rostro y ni bien concluyó ese encuentro con los hombres fondomonetaristas, emitió un comunicado donde aseguró que tanto el gobierno como el FMI son “responsables de la catástrofe social y económica” que atraviesa la Argentina.

El Fondo, después de deslizar un “vacío de poder” tras el resultado de las Paso, le dio un tibio apoyo al Gobierno y salió a reafirmar su compromiso con el país, cada vez más en riesgo, según el puntaje de calificadoras. “Argentina sufre la crisis del modelo Macri, que desreguló la entrada y salida de capitales especulativos y el mercado cambiario, por lo que salen muchos más dólares de los que entran, lo que se financió con deuda y un préstamo del FMI en un esquema totalmente insustentable”, opinó la diputada kirchnerista Fernanda Vallejos.

Al revés de la idea que busca instalar Cambiemos, que la crisis económica se desató por el triunfo opositor en las Paso, “es innegable que el resultado de las elecciones primarias tiene a la recesión económica como una de las principales causas de la debacle oficialista”, señalaron desde el Centro de Investigación y Formación de la República Argentina (Cifra).

En su último informe de coyuntura, Cifra-CTA indicó que “la estrategia electoral del gobierno en materia económica se sustentó, en gran medida, en mantener la pax cambiaria que logró a partir de abril y que se le esfumó después de las elecciones”.

Y continuó: “Eso le permitía generar mejores expectativas (con) respecto a la crítica situación económica. Para ello contaba con las divisas del agro, el apoyo del FMI, que le permitió intervenir en el mercado de cambios, y el sostenimiento tanto de las altas tasas de interés como del congelamiento de la base monetaria. De todos modos, tal como se puso de manifiesto con la corrida post electoral, se trataba de una situación cambiaria de elevada inestabilidad tanto por la posibilidad cierta de que estalle la burbuja financiera basada en las Leliq como por la pesada carga de los vencimientos de la deuda”.

Según el reporte citado, “la valorización financiera que puso en marcha el gobierno de Cambiemos condujo a episodios recurrentes de fuga de capitales (…) A esta compleja situación se suman los abultados vencimientos de la deuda que, dadas las dificultades para refinanciar la deuda de corto plazo, tendieron a acumularse en los meses previos a las elecciones de octubre, lo cual eleva las presiones cambiarias”. A los pocos días de la aparición de este informe, el gobierno “reperfiló” y “reprogramó” vencimientos de deuda.

Para los investigadores del centro Cifra, el macrismo dejará una verdadera pesada herencia en la economía argentina, por la profunda crisis económica y, principalmente, por el rescate que concedió el FMI: “Hasta el momento el inédito endeudamiento en moneda extranjera (107.525 millones de dólares entre diciembre de 2015 y junio de 2019) no generó ni obra pública ni crecimiento económico sino que sólo se ocupó de financiar la fuga de capitales y los intereses de la deuda que acumularon 106.779 millones en el mismo período. El propio FMI proyecta que los vencimientos de deuda pública para los primeros dos años del próximo gobierno alcanzan a 79.552 en 2020 y a 84.407 millones de dólares en 2021”.

En el informe se subrayó que “uno de los activos que tiene el gobierno para desactivar corridas cambiarias son las reservas internacionales del Banco Central, que se engrosaron en buena medida fruto del endeudamiento público con fuerte impronta del FMI en los últimos meses, hasta que el propio organismo flexibilizó la intervención en el mercado de cambios”, apuntaron desde Cifra, y las reservas del Central comenzaron a evaporarse.

Tras el cimbronazo de las Paso, la economía argentina parece funcionar en piloto automático, con efectos devastadores para el grueso de la población. Para tener en cuenta: poquito antes de las elecciones primarias, el director gerente interino del FMI, David Lipton, reemplazante de Christine Lagarde, había asegurado que el plan económico de la Argentina macrista en tándem con el Fondo estaba “dando sus frutos”. Al final, se pudrió todo.

Volver al mundo

La Confederación Sindical Internacional (CSI) convocó a las organizaciones mundiales afiliadas a dos jornadas internacionales de protesta y movilización “en solidaridad con los trabajadores argentinos” y bajo la consigna “fuera Macri”. Las protestas se realizarán el 12 de septiembre y el 16 de octubre próximos con manifestaciones frente a las embajadas y misiones argentinas en todo el mundo, según se indicó en una carta.

Los Tigres Verones del planeta, dirían desde el gobierno, recordaron que la gestión Macri “aumentó la desigualdad en un 20 por ciento y llevó a la pobreza a 14,3 millones de argentinos”. También, indicaron que casi el 60 por ciento de los trabajadores con empleo formal en la Argentina no gana lo suficiente para mantener a su familia con dignidad”.

“El salario mínimo fue congelado en 12.500 pesos (292 dólares) y no cubre la línea de indigencia, por lo que en las elecciones del 27 de octubre próximo el sindicalismo argentino se unirá detrás de la consigna fuera Macri”, indicaron desde la CSI.

 

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