Dora Barrancos, junto al rector Franco Bartolacci y al decano Alejandro Vila ( Foto: portal de la UNR)

“Sigo pensando que las relaciones de clase ominosas y opresivas algún día se van a superar”, fue el fuerte mensaje optimista de la investigadora Dora Barrancos, luego de recibir el título de Doctora Honoris Causa por la Universidad Nacional de Rosario (UNR). Barrancos es socióloga, historiadora, estudiosa y militante feminista. Hasta principio de este año, fue la directora del Conicet, cargo al que renunció por el fuerte ajuste presupuestario que afectó al organismo nacional.Ganada por las emociones, con su pañuelo verde siempre visible, Dora Barrancos comenzó agradeciendo a la UNR, a sus autoridades, y a las militantes feministas presentes en el acto: “Reconozco esa sensibilidad muy contagiosa de tantas militantes feministas para que nuestro país se convierta en una cuenca democrática”. Tuvo una especial evocación hacia la UNR, como un lugar que le abrió las puertas tras el regreso de su exilio en Brasil (1976-1983).

En particular se detuvo a mencionar a los profesores de la universidad pública local –ya fallecidos– Alberto Pla y Ricardo Falcón, con quienes _aseguró_ aprendió, tuvo memorables discusiones y generó lazos de amistad.
Barrancos –candidata a senadora por el Frente de Todos- se definió como alguien curiosa desde niña, de inquietud permanente frente a lo que no conocía y que generaba mucha incomodidad para los adultos. Un comentario que fue el puntapié para poner en relevancia su adhesión al constructivismo como modelo, como método y figuración para construir conocimiento, y lo que sería buena parte de la clase magistral que ofreció tras recibir el título de la UNR.

Sugirió entonces como indispensable la lectura de “La fabricación del conocimiento” (Un ensayo sobre el carácter constructivista y contextual de la ciencia) de Karin Knorr Cetina, socióloga de la Universidad de Viena (Austria); “que permite –señaló- que una entienda mejor el propio entrevero que tiene adentro” y de la que “estoy siempre pregonando que se adquiera y se lea sobre todo en los cursos iniciales”.

En su disertación cuestionó el carácter de “utilidad” que se le suele atribuir al conocimiento, como también la idea de separar las ciencias aplicadas de las “ociosas”, como suele denominarse peyorativamente a las ciencias sociales. La socióloga recordó el peso que tienen en el orden de los derechos, la tremenda significación que adquieren, cuando las ciencias sociales producen consecuencias en la esfera legislativa: “Las ciencias sociales están haciendo aquí una tremenda contribución aplicada”.

Abogó por una especie de armisticio, de una nueva convención, entre cultura y biología. “La cultura cada vez más interpela a la biología. Debió ser siempre así, porque somos una especie que sigue en evolución”, argumentó. “Uno de los elementos iniciales para el armisticio que estamos proponiendo es un nuevo diálogo de las ciencias sociales con la biología, y no solo con la biología, también con la física. Esto es un enorme desafío para nuestras universidades”.

“Para quienes me conocen menos, suelo decir que estoy demasiado vieja como para tener una presunción pesimista de la vida y de los acontecimientos”, compartió Dora Barrancos al final de su presentación para volver a hablar de su rebeldía, de su inagotable curiosidad.

“Creo en la condición humana. Sigo apostando a una ‘repedagogía’ de los vínculos, sigo apostando a que la buena voluntad, transformada en actos políticos, nos permita crear un mutuo convencimiento acerca de las posibilidades más dignas de la vida. Cómo no voy a apostar a la idea de mayor justicia, de mayor equidad; cómo no vamos a apostar a la idea de eliminar a las bases tremendas, tenebrosas y violentas del patriarcado y de la exclusión social”, reflexionó ante un auditorio repleto de estudiantes, docentes, investigadores y militantes feministas.

“Sigo pensando –cerró Barrancos– que las relaciones de clase ominosas y opresivas algún día se van a superar. Pero, bueno, mientras llega ese día, estamos tal vez más cerca de pensar que se va a caer… se va a caer…”.

“Más varones”

El rector de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), Franco Bartolacci, celebró que su primera entrega de un título de distinción académica sea “a semejante mujer”. Y pidió hacer extensivo en su nombre ese reconocimiento “a la lucha colectiva de tantas colegas docentes, investigadoras, estudiantes, militantes de la universidad pública”.
Destacó a la UNR como referente a nivel nacional en temas de género y feminismo. Es la primera universidad pública del país en tener una maestría de género y en haber jerarquizado el Area de Género y Sexualidades; además de contar con un protocolo para abordar la violencia de género.

“Me gustaría ver muchos más varones en un acto como este, pero eso pone en evidencia la tarea que todavía tenemos por delante y en la que estamos comprometidos”, expresó Bartolacci ante el auditorio reunido en el Espacio Cultural Universitario (ECU).

El rector aseguró que la entrega del título de Doctora Honoris Causa a Barrancos no era solo por sus logros y méritos académicos, sino y fundamentalmente, “a la persona y mujer extraordinaria que es”.

Acompañó y disertó en el acto de la UNR el decano de la Facultad de Humanidades y Artes, Alejando Vila. Esta facultad es la impulsora del nombramiento de Barrancos. También la directora de la Escuela de Historia, Luciana Seminara, y los coordinadores del Area de Género y Sexualidades de la UNR, Florencia Rovetto y Luciano Fabbri.

Otro reconocimiento

La historiadora Dora Barrancos también fue reconocida por la vicegobernadora electa, Alejandra Rodenas, y el diputado Marcos Cleri. Además de las concejalas de Rosario Norma López, María Fernanda Gigliani, Marina Magnani y María Eugenia Schmuck.

 

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